Trás la muerte

CAPITULO 32

Tánatos les habilitó un portal para que trasladaran a la montaña de la luz, los dejó a unas puestas del sol cerca del lugar, les dijo que no podía acercarlos más porque estaba prohibido para cualquier espíritu mayor acercarse a ese lugar, “deben cuidarse entre ustedes” fue lo último que escucharon antes que el portal se cerrara.

No había vuelta atrás, la única alternativa que tenían era luchar y cumplir su misión. En el momento que se quedaron solos, el silencio se hizo presente. Marco interrumpió con un carraspeo en la garganta, ambas lo volvieron a ver, Marco extendió su mano hacia Amalia y le entregó un arma – con eso podrás defenderte –Amalia lo tomó entre sus manos, y la colocó en su cintura.

-No hay opción, debemos activar la llave, seguramente ya nos han seguido hasta aquí, para ser ellos quienes pidan su deseo – Emma decía esto refiriéndose a los altos mandos. – debemos evitar a toda costa que eso suceda y ser nosotros los que lo pronunciemos – Ante las palabras de Marco, Amalia respondió: - ¿pero ¿qué deseamos?  – y se hizo el silencio nuevamente.

-Avancemos – dijo Marco mientras señalaba como la noche se despertaba mostrándose ahí más presente que nunca, tan oscura, perversa y serena, la piel de Amalia se erizó, una punzada en el pecho hizo que se detuviera, tenía un mal presentimiento, pero sabía que no era opción rendirse, así que prosiguió disimulando todo sentimiento de zozobra.

Todos estaban a la expectativa de cualquier movimiento por si se decidían a atacarlos antes de activar la llave o podían encontrar rastros de que ya estaban adelante esperándolos. El miedo se transpiraba en los centros de Marco y Emma, no por ellos si no por ella, una simple mortal que podría ser sacrificada si no se tenía cuidado, recordando las palabras de la muerte se prometieron cuidarla.

El corazón de Amalia galopaba como caballo desbocado, sentía que cada latido se fundía con la noche, marcando el tiempo según avanzaban. A media se acercaban la noche se hacía más densa, y antes que no pudieran ver nada decidieron esconderse en medio de una pequeña cueva, sentían miedo y calma a la vez, sabían que no los atacarían con la poca visión que la noche les permitía. Decidieron dormir y esperar a que llegara el día.

Todos se quedaron a dormir en puntos separados de la cueva, no se sentían preparados para estar unidos Amalia al ver esto solo calló, le dolía, pero no podía obligarlos a cambiar si no querían. Y poco a poco se fueron quedando dormidos, hasta que un castañeo de dientes los despertó. Emma tomó el arma pendiente de cualquier movimiento, Marco analizaba la situación.

El ruido provenía del rincón donde se había quedado dormida Amalia, se acercaron con mucho sigilo y la encontraron hecha una bolita, abrazando sus piernas. Ambos se colocaron a un costado de ella y la abrazaron, haciendo que sus energías produjeran suficiente calor para permitirles pasar una noche placentera.

La primera luz del día acaricio a tres jóvenes que se abrazaban, mientras una de ellas suspiraba al sentir tanta calidez, Amalia con una sonrisa observaba tan tierna escena. Se hizo la dormida nuevamente para ver qué pasaría después. Momentos después Emma se despierta y decide salir de la cueva para hacer unos estiramientos, el corazón de Amalia bombardeo como loco a cada uno de sus sentidos al sentirse a solas con Marco, quien deja asomar una sonrisa coqueta mientras se queja: - ¡que ruido! - el rostro de Amalia se puso rojo y de un brinco se levantó para hacerle compañía a Emma en sus estiramientos.

A los oídos de Marco el tamborileo del corazón de Amalia le resultaba placentero, no encontraba lógica para esa reacción ante algo tan simple pero su centro se sentía complacido e inmensamente feliz, al pensar que la diferencia ocurrió cuando ellos se quedaron solos, ver el rostro encendido de Amalia le daba cierto placer, deseaba poder estar más tiempo con ella, pero la paliza de realidad no se hizo esperar, ellos eran de reinos diferentes.

Salió de la cueva en busca de algo para que pudieran restaurar sus energías, mientras las jóvenes se quedaban charlando, Amalia no le desprendió la vista de Marco mientras lo veía perderse entre los árboles. Emma al ver a su hermana tan prendida en él le dijo: -no te preocupes va a volver, si hubieras visto lo preocupado que estaba al no encontrarte – Amalia se puso roja de nueva y Emma le disparó una sonrisa maliciosa mientras musitaba: -¡mmmm! ¡Es mutuo! – y dejó escapar una carcajada.

Fue interrumpida por un – no, no, no, ¡imposible! - la carcajada se hizo más fuerte - ¿Cuál es el problema? – le respondió Emma en medio risas. Una Amalia enojada le responde: - ¡somos hermanos! – Emma guardó silencio por un momento y respondió: - lo que hace familia a alguien es la sangre y los espíritus no lo tenemos, aquí solo hay recuerdos y sentimientos, y con él no tienes recuerdos ni sentimientos como hermanos, mientras estés en este reino todo es posible, lo que tu deseas que sea serán – Amalia guardó silencio y miró al cielo y murmuró - ¿Qué somos? – Emma dijo: - somos lo que queramos, para mi eres una hermana, pero más que eso mi amiga en quien puedo confiar, pero él nunca nos verá como hermanas, talvez seremos compañeros o amigos, pero si él te corresponde, tú serás su alma gemela – le guiñó el ojo y se fue hacia la cueva para tener todo listo.




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