James estaba soñando, lo sabía. Siempre era el mismo sueño: veía a Rose a lo lejos. Cargaba a su pequeña hija en común, mientras regaba las plantas del vivero. Ambas se observaban y reían. Se notaba que amaban compartir tiempo de madre e hija.
—¡Rose, Isabella! —gritó James, saludándolas animado y llamando la atención de ambas.
Al acercarse, todo se esfumó, cayendo nuevamente en la cama, recordando todas esas noches de pasión que pasó con ella, Rose. Su amada.
Despertó observando su erección. Amaba ese micro instante en el que recién despertaba y su cerebro aún no había procesado que estaba en la realidad. Ese en el que aún creía estar soñando, donde ella aún estaba con él.
Pero el tiempo pasó y cayó en la realidad. Habían pasado cinco años desde que Rose se fue, y estaba solo: él, Jack y Ashley. Observó a su lado: el pequeño no estaba. Se levantó rápidamente, juntando las sábanas manchadas, testigo de la lujuria de la noche anterior, y buscó al pequeño. Lo encontró desayunando junto a su hermana en el comedor.
—Hola, James. Suerte que te levantaste; yo debo irme al hospital ya o llegaré tarde —exclamó Ashley con una sonrisa, dándole un beso a su hermano y a James en la mejilla para luego salir corriendo.
En esos cinco años ella había estudiado para ser enfermera y, con ayuda de Michael, había encontrado un lugar en cuidados paliativos del hospital de Épsilon.
Se sentó cansado junto a Jack. Últimamente no importaba cuánto durmiera; nunca parecía ser suficiente.
—Debes dejar de escucharlas, solo te están drenando —susurró su hijo mientras seguía desayunando tranquilamente.
—¿A quién? ¿De qué estás hablando? —preguntó él intrigado, tratando de no cerrar sus ojos o se dormiría.
—Se ven como mi mamá, pero no son mi mamá. Son demonios que se alimentan de tu energía —susurró el niño dibujando en su muñeca lo que parecía ser una runa.
—Toca su cuerpo en sus sueños, pregunta quién es y ellas se revelarán —dijo el niño con una calma inquietante.
James se petrificó observando el extraño dibujo, hasta que otro comentario lo sorprendió.
—Hoy se cumplen cinco años de la partida de mi mamá, por lo que voy a prender velas. Ella está en un lugar oscuro y necesita su luz —murmuró el niño retirándose al ver a Chris entrar por la puerta.
Ellos tenían una relación tensa, pero cordial.
—¡Hey, amigo, traje tus veladoras! —murmuró él, llamando su atención.
—Gracias —dijo de forma seca y cortante, para luego retirarse a su dormitorio.
Chris no dijo nada; ya había asimilado la personalidad huraña y poco sociable del niño.
—Bueno, al menos ahora me habla —susurró Chris con una media sonrisa.
Pero James en su mente simplemente no pudo evitar recordar.
Él llegó a la cabaña junto a Ashley inconsciente y Jack. El niño no lloraba. Es más, jamás lo vio llorar en todos esos años, tampoco sonreír; solo lo veía fijo. En cambio él lloró las lágrimas que nunca pensó siquiera derramar.
Veía al pequeño y a Ashley en la cama recuperándose y se preguntaba: ¿cómo iba a hacer para criarlos sin ella?
No tuvo tiempo de procesar los cambios cuando la cabaña fue rodeada por soldados de ARCOS. Venían por Jack. Salió armado con el hacha con la que cortaba la leña. Moriría ese día si eso significaba proteger a sus hijos.
—¿Qué quieren? —preguntó de forma amenazante, aun con Jack en sus brazos.
—Vengo por mi hijo —dijo Huang Jin junto a su padre, rodeado de hombres.
—Él no es tu hijo, es mi hijo y va a quedarse aquí aunque tenga que sacarte la cabeza —gritó James con furia.
—Entréganos al pequeño. Puedes quedarte con la jovencita, pero él es nuestro —dijo Huang Zhang haciendo que todos le apuntaran.
En ese momento una esfera de luz se materializó rodeando a James. Parecía que el pequeño ya había decidido dónde quedarse. Aun así, los Huang darían pelea. Pero en ese momento, Chris, junto a los Drakan y los Klat’ka aparecieron, nivelando la balanza.
—¡Lárguense de aquí! —gritó Chris preparando su arma.
—Mis nietos quedaron al cuidado de James por pedido de mi hija, y su última voluntad va a ser respetada —gritó Kaeth’Ruum, desplegando su arma de luz.
—Es mi nieto también —gritó Huang Zhang con furia.
—Cuando él tenga más edad decidirá con quién estar, pero hasta ese momento se quedará donde lo dispuso su madre —gritó, lanzando su arma.
Esta cayó hundiéndose en el suelo, frente a ambos hombres que, ahora en desventaja, se retiraron a regañadientes.
Al irse el peligro, el bebé deshizo la esfera, siguiendo con su mirada a James.
—Gracias por cuidarme, angelito —sollozó destrozado—. Vamos adentro a ver cómo sigue Ashley.
La voz de Chris lo devolvió al presente.
—¿Vas a ir de cacería hoy? —preguntó con un tono más fuerte de lo habitual.
—Sí, saldré ahora. Quiero pasar tiempo con Jack luego; él quiere prender veladoras a su madre hoy —susurró, preparándose rápidamente y saliendo a cazar para comer.
Chris, ahora solo, respiró hondo preparándose para contener el temperamento del pequeño. Quien sin la presencia de James parecía otro. Pero en este caso, él estaba callado y contemplativo.
—Chris, ¿puedo hacerte una pregunta? —preguntó el niño con esa calma que lo caracterizaba.
—Soy el tío Chris —dijo él con una sonrisa.
—¿Qué sucedió ese día, Chris? —murmuró, girando su cabeza y viéndolo con esos ojos rojos.
Era el hijo de Rose, pero a veces le generaba un escalofrío siquiera sentir su aura. Era tan tranquilo, tan aterradoramente tranquilo que lo inquietaba.
—Tu mamá sabía que iba a trascender, así que fue a buscar a Ashley ya mentalizada en no volver. Fue herida de muerte y dejó de respirar. Nyxara se la llevó —murmuró Chris divagando.
Había pasado el tiempo, pero aún no estaba listo para hablar.
—Ese maldito. Él y yo tenemos cuentas pendientes —balbuceó Jack entre dientes con furia.
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Editado: 09.02.2026