Tras la sombra de los Klat’ka V: Redención

Culpa

Era extraño, no se sentía muerta, aunque tampoco recordaba haberlo estado antes. Cruzó el portal junto a Nyxara y el túnel de luz comenzó a absorberla. A su alrededor todo iba muy rápido y la luz comenzaba a quemarla. De un momento a otro sintió traspasar algo más, aunque no supo definir qué. Pero lo que sí vio y escuchó fue a millones de almas celebrando su llegada.

​Ella se detuvo incrédula. Se observó: ya no tenía forma física, solo se veía como luz. Todos a su alrededor gritaban y celebraban algo que ella no entendía. A lo lejos los vio: John y Claire. Era peculiar; no se veían como siempre sino como luz y, aun así, sabía que eran ellos.

​Se acercó con rapidez notando a Rose, su hija, parada a su lado. Al fin los tres estaban juntos y eso la hacía feliz. No dijo nada, solo los abrazó fuerte.

​Alguien rompió el momento con un golpe juguetón.

​—¿Paco? —preguntó Rose con una sonrisa—. Me alegra verte, no sabes cuánto te extrañé.

​—¿Y a mí? —preguntó una voz tras ella.
​Se giró rápidamente viendo a Miguelito tras ella junto a sus papás, los cuales la veían con amor, no con enojo o ira.

​—Miguelito —susurró ella con todo el cariño contenido que había guardado todos estos meses.

​—Hay alguien que quiere verte —murmuró él, señalando hacia una zona en específico.

​Ahí parada estaba la mujer de la carretera: María, su mamá. Ella, a diferencia de todos, se veía humana y con una sonrisa.

​—Mamá —soltó angustiada y, por un instante, todos sus recuerdos parecieron volver a ella.

​María muy tranquilamente se acercó. Algo en Rose comenzó a sentirse extraño, denso y pesado. Intentaba acercarse pero sentía cadenas gruesas en sus pies. Por un instante un dolor agudo en su pecho la atravesó.

María la abrazó y lentamente le susurró al oído:

​—Aún no es tu momento.

​Rose se petrificó y comenzó a sentir cómo una extraña energía la jalaba hacia abajo.

​—¿Qué? ¡No, no quiero volver! —gritó desesperada.

​Y en ese instante sintió manos huesudas agarrándole el rostro y el pecho. Era Nyxara, quien parecía haber sido quemada por algo o alguien.

​—Parece que hoy no vas a morir —susurró dejándola caer.

​Rose comenzó a ver a su alrededor diferentes escenarios: Chris cuidando a Ashley, Jack y James.

​—¿Pequeño John? —preguntó viendo a su hijo con un cabello crecido y llorando en lo que parecía ser un dormitorio.

​Luego cayó más y, al hacerlo, sintió nuevamente todo el dolor en su cuerpo. Observó a su alrededor y vio a su padre.

Después todo se oscureció.

​Al tomar conciencia, estaba rodeada de oscuridad, aunque ella parecía brillar tenuemente. Dio un paso hacia adelante y sintió algo duro bajo sus pies; al pararse sobre él, se iluminó un largo puente. A su alrededor, un agua serena y cristalina —que parecía espejo— lo rodeaba.

​—¿Qué es esto? —preguntó ella desconcertada.

​—Es la primera prueba —murmuró Miguelito tras ella con una sonrisa.

​—¿Qué haces aquí, pequeño? —preguntó ella abrazándolo fuerte.

​Le encantaba verlo, pero también recordaba la culpa que le generaba el no haber cumplido su promesa. El puente crujió asustando a Rose.

​—¿Qué se supone que deba hacer?

​—La culpa pesa como cemento aquí y el puente exige ser tan ligero como una pluma para poder cruzar —susurró el niño desapareciendo.

​—Yo no tengo culpas —murmuró Rose irónica dando un paso.

​Pero al observar a su lado, la imagen de Miguelito con su cuerpo quemado se materializó. No podía sacárselo de la cabeza; esa imagen estaba grabada en su mente.

​—Lo siento, debí ir por ti —sollozó ella mientras debajo el puente cedía y caía al agua.

​En ella se ahogaba, siendo bombardeada con las imágenes de todo lo que le pesaba.

Tiempo después despertó delante del puente. Debía comenzar otra vez.

​—No fue tu culpa —murmuró el niño a su lado.

​—Sí lo fue. Si no hubiera atacado al Área 737, nadie hubiera muerto y mi hogar nunca hubiera existido —murmuró ella desolada.

​—Tal vez ellos no, pero algunos otros sí. Los Thek’ar hubieran atacado de todos modos —dijo Miguelito con seguridad.

​Rose calló. Jamás había visto las cosas desde esa perspectiva.

​—Ahora respira y di: "No fue mi culpa" —murmuró Miguelito pisando el puente, que ni se inmutaba con su paso.

​—No fue mi culpa —balbuceó con inseguridad, haciendo crujir las maderas.

​—Con seguridad —dijo el niño dando otro paso.

​—No fue mi culpa —sollozó ella dando un paso y cayendo de rodillas.

​Aun así, el puente resistió.

​—Está bien, puedes llorar —murmuró Miguelito abrazándola fuerte.

​En otro tiempo y espacio, Alex observaba los informes que los oficiales traían de Ashley y su novio.

​—Ella trabaja en el hospital de forma parcial. Es muy querida por sus pares y no hay nada en sus registros que suponga algún problema —comenzó el agente pasando a la otra carpeta—. El sujeto es todo un tema. Trabaja para nosotros en el laboratorio SB17 como agente de seguridad. Su conducta es errática y volátil. Ha tenido problemas con la autoridad, con sus pares y… —se detuvo y temeroso le mostró una foto—. Tiene una relación paralela con una compañera del mismo hospital que la joven —murmuró con temor de la reacción de Alex.

​Este golpeó su escritorio con furia.

​—Tráelo aquí, quiero hablar con él —murmuró analizando sus datos.

​En la soledad, Maskedman simplemente pensó: «Él no es el hombre correcto para su hija; aun así, ella lo ama».

​Pero se sentía hipócrita al pensarlo después de lo que sucedió con su madre. Sacudió su cabeza; no quería pensar en ello. Miró el monitor con la transmisión en vivo de la habitación de John Jr.

​«Pobre niño. Toda su vida solo y apartado de su madre y padre».

​En estos años trataba de convencerse de que fue lo mejor por su bien pero, ¿era eso verdad? Su mente reverberaba todas sus decisiones y ahora no tenía escapatoria para no pensar o distraerse con el trabajo. Eso ya no surtía efecto. Ahora era inevitable hacerlo, pero sobre todo sentir.




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