Tras la sombra de los Klat’ka V: Redención

Ira

John intentaba dormir, pero no podía. Tenía una opresión en el pecho que no podía quitar. Algo sucedía, pero no sabía qué. Cerró sus ojos y se enfocó en su respiración y, cuando los abrió, estaba en ese lugar.

El mundo de los sueños. Miró su habitación con detenimiento levantándose rápidamente de su cama. Hacía tiempo que su abuelo Jack no venía a verlo y quería encontrarlo.

Pero algo sucedió.

Un portal de luz se abrió ante sus ojos y un ser apareció. Era casi translúcido, pero con un tono blanco muy bonito. Irradiaba una energía hermosa, pero no como la de los seres superiores, sino algo más. Se sentía conocida, familiar. La observó mejor, notando dos esferas de color azul en lo que parecía ser su rostro. Al enfocarse en ellos, su madre vino a su mente.

—¿Quién eres? —preguntó el niño intrigado.

—No tengo nombre aún —respondió la entidad en una frecuencia graciosa y a la vez única.

—¿Qué quieres? —preguntó el niño con ligero temor.

—Tu ayuda —respondió señalando el portal.

John lo observó con detenimiento mientras algo dentro de él le gritaba que debía cruzar. Lo hizo de forma impulsiva y al hacerlo notó que estaba en un lugar denso. La oscuridad lo cubría todo. Sentía presencias amenazantes que no se animaban a acercarse, no entendiendo el porqué.

Al mirar a la entidad, ella se veía gigantesca en ese lugar. Como si fuera una galaxia entera. Le señaló un lugar a lo lejos y él lo vio. Un puente. Rodeado de agua que reflejaba todo como si fuera un espejo. Él se acercó, notando a su madre a lo lejos; intentaba cruzarlo. Caminó por el agua notando que no se hundía y trató de acercarse, pero la vio caer y se desesperó.

—¡Mamá! —gritó el niño histérico mientras intentaba sumergirse.

Nadó rápidamente tomando su brazo y luego despertó.

Estaba en su habitación. Sabía que lo que había sucedido era real. Pudo sentir a su madre; estaba sufriendo. Se levantó rápidamente intentando salir, pero Nora se lo impidió.

—Necesito salir, Nora, mi mamá está en peligro —gritó molesto, pero ella ni se inmutó.

—No puedes salir, no tienes autorización —exclamó ella con calma, pero ligera molestia en su voz. Era la primera vez que él se comportaba así y eso no le gustaba.

—¡Que no entiendes! —gritó con furia desplegando su cola de forma amenazante—. Mi madre está en peligro y nadie va a detenerme —gritó golpeando con su cola el escritorio, rompiéndolo contra la pared cercana.

Maskedman, desconcertado, activó el mecanismo de seguridad de la habitación y liberó el gas hecho específicamente para dormirlo. Pero el niño generó un campo de fuerza a su alrededor, yéndose sobre Nora, quien apenas logró salir.

—Puedo vivir en esta estúpida esfera toda mi vida si es necesario. Pero no volverás a controlarme y menos a hacerme dormir —gritó John a la cámara en el rincón.

Tomó un pedazo del escritorio con su cola y lo arrojó contra ella, rompiéndola. Ahora no había cómo ver qué sucedía dentro de la habitación.

En otro tiempo y espacio, Rose tomó conciencia. Caía estrepitosamente sin saber en dónde estaba. Sentía la rapidez y el viento en su cara, los cuales apenas le permitían abrir sus ojos. Pronto su cuerpo se estrelló contra algo, perdiendo el conocimiento.

Al abrir sus ojos, estaba rodeada de humanos vestidos de formas graciosas o raras. Si es que tenían ropa, ya que algunos solo estaban desnudos. La veían con una mezcla de fascinación y horror.

—¿En dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? —balbuceó con dificultad.

Todos comenzaron a gritar y a alabar su presencia, asustándola. Desplegó su cola rápidamente y se petrificó. Lo último que recordaba era ese lugar extraño en donde las pruebas la abrumaban y le dolían.

—Un espejo. Necesito un espejo —gritó y alguien le acercó uno pequeño. Lo observó; se veía hermoso y extraño. Lleno de algo que lo hacía brillar a su alrededor.

—¿Qué es eso? —preguntó señalando los bordes.

—Es brillantina —respondió un hombre con una sonrisa.

Rose lo vio a los ojos. Estaban rojos y él se veía extraño, como si estuviera bajo efecto de alguna droga. No dijo nada y se observó a si misma en el espejo.

Era ella, solo que se lucía algo diferente. Su piel se veía como la de los Klat'ka: ligeramente dorada. Aun así, era ella. Su cola se acercó y también observó como si tuviera ojos, soltando pequeños chasquidos de desconcierto.

—¿Cómo te llamas, ángel? —preguntó una voz detrás de la multitud.

Una voz que hizo que Rose se erizara. Miró con atención y se petrificó.

Era James, estaba segura. Pero se veía diferente. Algunos rasgos de su rostro se mantenían; otros eran nuevos. Su cabello seguía siendo negro, al igual que sus ojos. Pero su piel era más oscura. Sonrió feliz y se acercó con detenimiento, notando a una niña. Lo sujetaba efusivamente, ya que estaba aterrada. Se apartó, no quería asustarla más.

—Me llamo Rose. ¿En dónde estoy? —preguntó, notando que estaba desnuda.

Miró su cuerpo. No tenía ninguna cicatriz, algo que la extrañó.

—Ropa, necesito ropa —gritó y varios corrieron a complacerla.

—Estás en la fiesta de la libertad, mi hermoso ángel —dijo uno con una sonrisa de alegría. Rose no pudo evitar oler el aroma a alcohol en su aliento; le desagradaba.

—¿En qué distrito de la nueva Tierra estamos? —preguntó Rose mientras se vestía. Los presentes solo guardaron silencio.

—¿En dónde estamos? ¿Alpha? ¿Beta? —preguntó Rose desconcertada ante la mirada incrédula de los presentes.

—Estás en Nuevo México, Estados Unidos —susurró desconcertado.

Rose se petrificó. Jamás había escuchado ese lugar, pero sabía que había partes de la Tierra que permanecían aisladas.

En ese momento notó que varios cuchicheaban en un idioma que ella jamás había escuchado y se puso en guardia.

—¿Qué están diciendo? —gritó asustando a todos.

—Nada, mi hermoso ángel. Ellos hablan en inglés y dicen que les extraña que hables español —murmuró uno de los hombres intentando calmarla.




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