Trastorno

CAPÍTULO 9: CÁRCEL

Me levanté por la mañana en el sofá cama y me llevé un tremendo susto al ver a Hailey observándome de pies a cabeza.

-¿Qué sucede? -le pregunté.

-¿Por qué estás tan sucio? -me respondió.

Se me quitó el sueño y me puse a regar tus plantas y luego las cambié de maceta.

-¡Ahhh! -dijo ella.

Podía estar seguro que no me creyó ninguna palabra. Lo bueno de todo esto es que llevaba días sin hablarme y, por lo menos, esta vez me dirigió la palabra. Es un buen inicio, algo es algo, peor es nada. Luego que mi amada se fue de mi lado, mi Rowen llegó hasta mi sitio de descanso para enseñarme un dibujo gracioso.

Mi bella hija me hizo sonreír. En el cuadro de cartulina rosada estaba su gata Chloe dibujado de la peor manera; parecía un alambre con bigotes y ese dulce animalito me estaba dando de comer cereal en la boca con una cuchara.

-¡Papito! - dijo mi bella hija-. ¿Dónde está Chloe? La he buscado por todos lados y no la encuentro.

Averett también me dirigió la palabra:

-¿No has visto a Max?

Por lo consiguiente empezó a gritar como desquiciado:

-¡Max! ¡Max! -Lo miré con fijeza mientras gritaba con tal fuerza que no quedaba en él ni el más leve rastro de su antigua tos.

Después de quedarse casi sin voz de tanto vociferar, lo miré con atención y le pregunté:

-¿Tu tos ya no es recurrente?

-No solo dejó de serlo, hermanito. Ya no tengo tos; se disipó de repente.

-¿Es en serio?

-Muy en serio, hermanito.

-Guau... Es fantástico.

Me alegré al verlo así. Su rostro ya no lucía escuálido ni enfermizo, ni conservaba aquella expresión decaída de antes. Se le veía sano, con una calma que hacía tiempo no mostraba.

Al final, era cierto que las mascotas traían consigo una terrible maldición. La voz susurrante no me había mentido y, de algún modo, eso me hizo muy feliz.

Matthew se levantó al igual que los demás y estaba llamando a Duke.

-¡Duke! -gritó Matthew en voz alta.
Y, a continuación, se le añadió Hailey y así todos empezaron a buscar a sus mascotas. Max: el pastor alemán de Averett. Duke: el pastor belga malinois de mi hijo Matthew. Chloe: la gatita siamés de Rowen y Ozone: el gato siamés de Hailey habían desaparecido. Iba a dejar que siguieran buscando y tenía que ayudarles a buscar a sus mascotas para no levantar sospechas.

Al final se podían reemplazar con otros animales de los mismos y estos tendrían el mismo efecto.

Después de un rato de intensa búsqueda, donde los hice desviar del lugar de donde en realidad se encontraban, estaban obsesionados con seguir buscando.

-¿Cómo es qué lograron salir si no había ninguna salida, ya que estaba cerrada la puerta principal? -me dijo Hailey, cuestionando el acontecimiento.

-Yo puedo explicar eso. En la madrugada tuve un poco de ansiedad y creo que dejé la puerta abierta de la entrada principal y creo que en ese momento fue que se salieron.

-Pero las puertas de las habitaciones estaban cerradas -dijo mi esposa, indagándome hasta el punto de hacerme poner nervioso.

-Tuve mucha ansiedad y fui a las habitaciones de mis hijos para calmar mi intranquilidad, y por error dejé ambas puertas entreabiertas.

-No supe qué decir, ya que me encontraba muy intranquilo.

-¿Y entraste también a mi habitación y a la de tu hermano, cielo?

-Sí, cariño, es que me pareció escuchar algo.

-Mmm. ¿Y por qué está mojado el piso de la cocina?

-Me estaba preparando un té y se me regó agua en el piso.

-Te noto diferente... y muy nervioso. Tengo la habilidad de saber cuándo me estás mintiendo.

-No, no digas eso, cariño. No tengo por qué decirte mentiras.

Luego de un rato de estar buscando se dieron por vencidos. Rowen, al igual que Matthew, se pusieron a llorar. Los tuve que consolar haciéndoles una promesa de que les compraría otras mascotas igualitas si no llegaban a aparecer.

Rowen, con lágrimas que rodaban por sus mejillas, expresó:

-No quiero a otra gata. Solo quiero a Chloe.

-Lo sé, cariño. Sé que querías mucho a tu gatita. Solo digo que no estaría mal reemplazarla si no llega a aparecer.

Matthew también me dijo que no quería otro perro que se parezca a Duke. Quería solo a Duke y a nadie más.

Mi hermano Averett, como Hailey, también estaban tristes.

-Las mascotas son iguales que hijos, son familia. ¿Qué te hizo creer que podrías reemplazarlos como si fueran un par de calzados? -dijo mi esposa.

-No, cariño, solo digo que si no aparecen existen alternativas de consuelo, pero si a ti no te parece bien reemplazarlos me parece correcta tu decisión. Pues no tendremos más mascotas.

-Solo hay que seguir buscando -opinó Averett.

Así siguieron buscando por buen rato y luego olvidaron el suceso.

Por la madrugada me encontraba fumando un cigarrillo fuera del establo, mirando hacia las estrellas.

De pronto me estremecí cuando escuché:

-Patrón. ¿Va a querer un té?

-María, te hago una pregunta: ¿qué, tú no duermes, ya que siempre me encuentras despierto?

-Bueno, dicen por ahí que el dormir es el descansar del alma y yo descanso lo que considero necesario.

El que creo que no descansa es usté mesmo, ya digo yo que el no dormir lo suficiente luego le va a hacer querer dormir tanto hasta no querer más despertar.

-¿Y qué hace a estas horas de la madrugada? ¿Qué le oprime o qué lo desespera?

-No me sucede nada, ¿tú has visto algo inusual que no hayas querido contarme?

-Pos, inusual, inusual, no ando sabiendo lo que significa, pero he visto muchas cosas raras. Fíjese que hasta hace poco no había estrellas. Es de mal augurio que no las hayga. Dicen por hay que, si no hay estrellas, luego la mala suerte te persigue como una sombra. Ya le digo yo que esa condenada hasta duerme conmigo en mi propia cama y le cuesta mucho soltarme. También lo dijeron los grandes ancestros, que siempre son tan ancestrados con lo que dicen.




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