Avanzaba por la carretera con el brazo izquierdo apoyado en la ventana abierta de mi Ford Ranger Raptor. A veces disfrutaba la caricia del aire fresco en mi rostro.
A mi lado, en el asiento del copiloto, iban: Matthew y Rowen, sentados juntos, riendo y compartiendo una bolsa de papas fritas que habíamos comprado antes de salir.
Mientras cruzábamos los campos abiertos entre McGregor y Killeen, el paisaje se desplegaba como una pintura viva. Las praderas cubiertas de pasto alto se mecían con la brisa, y los postes eléctricos marcaban el ritmo del camino como si fueran metrónomos. Algunas vacas pastaban tranquilas a lo lejos y, más allá, las suaves colinas del centro de Texas dibujaban siluetas doradas contra el cielo.
—¡Mira, papá, un halcón! —exclamó Matthew, señalando el cielo por el parabrisas.
Entrecerré los ojos y sonreí. —Sí, buen ojo. Está buscando comida, igual que ustedes hace rato.
Rowen soltó una carcajada, apoyando la cabeza en el hombro de su hermano. —Tal vez cace papas fritas.
En un tramo del camino, decidí desviarme por una carretera rural secundaria. No tenía un motivo claro, solo una de esas corazonadas que me dan cuando quiero compartir algo distinto con mis hijos. El camino de terracería nos llevó hasta un pequeño puente de madera sobre un arroyo escondido entre los árboles. Me detuve y bajamos a estirar las piernas y mojar las manos en el agua clara. Matthew arrojó una piedra y logró un par de buenos rebotes, Rowen en cambio recogía una hoja seca con forma de estrella para guardarla como recuerdo.
—Esto no estaba en el planeamiento del recorrido, ¿verdad, papá? —preguntó Rowen con una sonrisa pícara.
—No —le respondí—. Pero a veces, los mejores lugares no están en los planeamientos.
Después de ese pequeño desvío, retomamos la carretera principal. Ya se veía Killeen a lo lejos, extendiéndose bajo un cielo despejado como si también nos estuviera esperando con los brazos abiertos.
Ese viaje no fue solo una visita a casa de mi papá; fue una pequeña aventura compartida. Un recuerdo más para guardar entre los muchos que, poco a poco, vamos construyendo juntos.
La noche anterior, en la cama acolchada de nuestro descanso, mi esposa me relató la sucesión de los hechos de mi padre; minutos antes de que me empiece a fecundar el sueño, me dijo: desde que estuviste en la cárcel Mason no ha pisado este hogar bajo ninguna circunstancia.
Tampoco ha llamado para preguntar por sus nietos, al menos. Me sorprende que los haya olvidado. Supuestamente, siempre los ha amado con locura; también siempre alardeaba que te amaba mucho a ti y a tu hermano. Yo, que soy tu mujer, bueno, puedo entender que no quiera verme a mí, ya que no formo parte de su linaje. Tampoco me considera como de la familia, pero que no quiera saber de ti, ni de tu hermano, ni de sus nietos. Eso sí que jamás lo podré soportar, cielo. Antes parecía quererme mucho, ahora no entiendo qué mismo le está sucediendo —dijo mi esposa abrazando una almohada.
Dato curioso que me ha estremecido, ya que papá nunca deja de visitarnos. Antes de salir de casa para acompañar a mis hijos al casting de modelaje, marqué su número en mi teléfono y me cortó la llamada de inmediato; sentí que pudo haber colgado por accidente. No obstante, cuando repetí el suceso seis veces continuas, recibí la misma cantidad de cortes bien intencionados.
¡No entiendo qué acontece! Mi cerebro no puede procesar su innatural comportamiento. Quizá haya tenido momentos inoportunos en su empresa, y es normal. Todos en algún momento cometemos errores, ya que cuando planteamos una idea primero resulta muy fácil, pero después, cuando ya se pone en práctica el conocimiento, lo que armamos con supuesta sabiduría se desbarata, igual como si hubiéramos dedicado mucho tiempo a armar una torre de cartas que podría ser derribada de forma sencilla.
Al llegar a las inmediaciones de la casa de mi papá, estacioné mi vehículo frente al Starbucks y encontré un único parqueo libre, como si hubiese estado reservado para mí. Sin duda alguna, había tenido suerte.
Avancé por aquella calle oblonga de adoquines grises y, con cada paso, una incomodidad fina empezó a tensarme el pecho. La gente seguía en lo suyo —teléfonos en mano, pasos tranquilos, conversaciones bajas—, pero la sensación no se iba. Más de una vez percibí miradas que se posaban sobre mí por un instante demasiado preciso. Cuando intentaba atraparlas, ya se habían retirado y sus dueños continuaban caminando o deslizando el dedo por la pantalla, con una naturalidad que se sentía… ensayada.
La calle no había cambiado.
Pero algo no estaba bien.
Por un momento pensé que me estaban señalando… aunque también era posible que todo fuera producto de mi imaginación.
En consecuencia, comencé a pensar que quizás mi acontecimiento de las mascotas se volvió viral. No obstante, ya habían pasado muchos meses como para estar creyendo en algo tan absurdo. Si hubiese sido recién la noticia de que hubiera matado a dichos animales, entonces, quizás mis pensamientos se volverían más acertados. Sin embargo, pienso que quizá no se trata de mí y solo lo estoy suponiendo. Por ello decidí no prestar atención al círculo de mis imaginaciones y seguí el trayecto de mis pasos.
Para llegar a visitar a papá me puse mi mejor sombrero. Me encanta mi sombrero texano color beige que él me regaló; tiene calidad 4X con forro satinado. Su tafilete es de piel recuperada. No me lo había puesto nunca. Es que tengo muchos, pero este a mi papá le va a dar mucho gusto vérmelo puesto. A decir verdad, antes no me gustaba demasiado; siempre ponía pretextos para no ponérmelo cuando mi papá me hacía preguntas sobre él. Sin embargo, ahora me fascina en gran manera.
Lo tuve que combinar con un pantalón marrón oscuro, cinturón negro. Camisa de cuadros con líneas verticales beige y cuadros marrones oscuros hasta en las mangas. Mis botas texanas son negras con pasadores beige. Me parece una muy buena combinación para mi sombrero. Luzco genial; no puedo vestir diferente, lo texano lo llevo en mis venas.
#310 en Thriller
#134 en Misterio
#104 en Suspenso
misterio de identidad, misterio criminal, misterio / suspenso
Editado: 28.02.2026