En aquel entonces me quebré, no pudiendo soportar lo que había hecho. Lloré a moco tendido y exclamé:
—Mientes. Yo tenía mascotas y maté a mis mascotas. Yo no asesiné a mi familia.
—Joseph, tú jamás tuviste mascotas. Cuando fuiste a donde Addison, ella te dijo que se las había dado a Ethan, el que te vendía el heno y la paja.
—¡Mientes! Mi hija hizo un dibujo con mis mascotas, hasta con los respectivos nombres.
—Lo sé. Duke, el perro pastor belga malinois que tenía tu hijo Matthew.
Chloe, la gatita siamés de tu hija Rowen. Max, el perro pastor alemán de Averett, y Ozone, el gato siamés de tu esposa.
—Esos eran los nombres de la película animada. La vida secreta de tus mascotas, la segunda película favorita de tu hija. Aquellos nombres que tu hija les pensaba sugerir a quien los tuviera, si dichas mascotas llegaban a tu casa. Pero si hubieran llegado, cada dueño les habría puesto un nombre diferente. ¿No lo crees?
—¡Mientes! ¡Mientes! —grité, dando un fuerte alarido.
Ahí aconteció que María sacudió su lanza y se me vinieron tales recuerdos a la memoria, tal y como María había mencionado. Aquello hizo que se me acrecentaran más las lágrimas.
María entonces mencionó:
—Bradley.
Una noche recibí un sobre deslizado bajo mi puerta. Dentro, fotografías perturbadoras mostraron a mi familia en momentos íntimos de una muerte horrenda, como si mafiosos sedientos de sangre hubiesen asesinado a mi familia porque les debían dinero.
La nota adjunta, escrita por computadora, decía:
"Es hora de buscar ayuda. Dr. Bradley."
He decidido que tienes que ser internado para siempre. Voy a imprimir una orden con un juez, dándole tu análisis, ya que tienes un riesgo de seguir siendo altamente peligroso. Tu problema no parece tener ninguna solución.
Lo he consultado con Ryder y ambos coincidimos. Te envié las fotos que el juzgado me entregó y las deslicé bajo tu puerta. Ni siquiera al ver a tu familia en esas imágenes —muertos de forma atroz por tu culpa— logras reaccionar. No hay asomo de remordimiento, ni un destello de consciencia que te devuelva a la realidad. Sigues atrapado en esa falsa ilusión que, analizando detalladamente, estoy convencido de que sigues siendo demasiado peligroso. El "Ena" no será suficiente para sanar una psicosis tan profunda.
Lo siento, pero vas a estar encerrado hasta el día que mueras.
La ira y la paranoia se entrelazaron en mi mente, alimentadas por la voz seductora que me dijo:
—El doctor Bradley asesinó a tu familia. Él lo hizo. Acaba con su vida.
Convencido de que el Dr. Bradley era el autor de mi tormento, lo esperé en el estacionamiento de su consultorio.
Cuando el médico apareció, me acerqué sigilosamente y, sin mediar palabra, levanté mi revólver Magnum 357. El primer disparo perforó su cráneo, seguido de cinco detonaciones más que destrozaron su torso. La sangre salpicó el interior acolchado gris perla de su Toyota RAV4, pintado de rojo brillante por el exterior.
El cuerpo inerte se desplomó sobre el volante, emitiendo un último suspiro ahogado.
—María mencionó: Emery.
Mientras conducía, la carretera se extendía como una serpiente interminable. La fatiga nublaba mis sentidos. De repente, producto de mi ebriedad, mi volante se salió de la carretera. Allí, una figura se puso en el trayecto de mi camino. Apenas tuve tiempo de reaccionar; giré el volante, pero fue inútil. El impacto fue seco y contundente. Al bajar del vehículo, vi el cuerpo de una anciana tendida en el asfalto, con los intestinos fuera de su cuerpo.
Sin embargo, bajo el influjo del demonio, mis ojos luego vieron otra cosa: un majestuoso ciervo albino, símbolo de pureza y misticismo.
Confundido y aturdido, volví a mi camioneta, ignorando aquel suceso que me pareció ínfimo, y continué con mi camino, dejando atrás el cadáver y una estela de preguntas sin respuesta.
—María dijo: Mason.
Fui a la habitación de mi hermano Averett. Agarré las llaves que él tenía para poder entrar en la casa de mi padre.
María tenía uno de mis sombreros en sus manos, el de color negro. Me lo colocó en la cabeza y ejecutó una orden:
—Él ahora está solo en su residencia.
En la habitación del sótano está bebiendo licor porque tuvo un problema con su esposa, Juliette. Su esposa no llegará a casa el día de hoy y el vecindario está solitario; no hay personas husmeando. Abre la puerta y ve directo al sótano. Tienes que exigirle que te haga un préstamo de un millón de dólares. Si te niega el préstamo, tienes que asesinarlo.
Fui a la casa de papá. Abrí la puerta sigilosamente y, cuando llegué hasta el sótano, al abrir la puerta y mirar abajo de las escaleras, vi a papá que estaba bebiendo whisky Dalmore. Al bajar por los escalones y llegar al suelo de piedras planas, lo vi muy ebrio. Tenía una foto de mi familia en la mano. Allí estaban mis hijos, mi hermano y mi esposa; recuerdo muy bien que en esa foto yo aparecía a los costados, pero él había recortado esa parte con una tijera. Me indagó sobre quién me había dado autorización de entrar a su propiedad.
Le dije que tenía llaves. Luego mencioné que quería un préstamo de un millón de dólares.
Papá me dijo:
—Yo nunca te daría ni un dólar, maldito asesino. Asesinaste a tus propios hijos, a tu esposa y a mi hijo.
Maldito loco. Lo único que podría darte es un cabo para que te ahorques. Y eso sería ya mucho ofrecimiento de mi parte, ya que tú mismo deberías comprar el cabo con el que te piensas ahorcar, maldito demente.
En aquel instante, llevé la mano hacia mi espalda, rozando la tela hasta encontrar la empuñadura del revólver, fría y familiar contra mi piel. Lo extraje con un movimiento fluido, dejando que el metal deslizara un murmullo seco al liberarse del cinturón. Y le dije con una calma que no reconocí como mía:
—Elegiste las palabras equivocadas.
El disparo resonó seco en su frente, como una sentencia que no necesitaba eco. Su cabeza se echó hacia atrás con la violencia del impacto, y el silencio posterior fue más brutal que el sonido mismo. La foto se escapó de su mano, dio un giro corto y cayó boca arriba en el suelo, quedando arrugada bajo la luz amarillenta que pendía del techo. No quise mirarla más de lo necesario.
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Editado: 08.04.2026