Cargué culpas ajenas
como si fueran mis apellidos.
Pedí perdón por el silencio,
por las lágrimas,
por no saber qué hacer
cuando todo se derrumbaba.
Durante años me pregunté
qué había hecho mal.
Ahora tengo otra pregunta:
¿cuántas veces me condené
por cosas que nunca
estuvieron en mis manos?
Editado: 29.10.2026