Nunca aprendí a despedirme.
Solo aprendí a esperar
que alguien encontrara
una razón para quedarse.
Por eso, cuando alguien se acerca,
una parte de mí sonríe
y otra prepara el silencio
que dejará cuando se marche.
Qué triste es querer compañía
con el corazón convencido
de que toda presencia
tiene fecha de vencimiento.
Editado: 29.10.2026