Travesía [pasajeros #2]

Capítulo 22

Dylan estrechó la mano de Liam al instante en el que entraron en las cercanía de la Nueva Colonia, en el valle, y con un ademán, le pidió que le explicara qué era lo que estaba sucediendo. 

—¿Qué ha pasado?

—Tenemos el cuerpo de Uluher en la enfermería —dijo Liam—; Audrey se está haciendo cargo.

—¿Alguna pista?

—Sin duda lo chuparon hasta dejarlo vacío.

—Ben está intentando cerrarnos todas las puertas —indicó Dylan—. Thiago es una prueba de ello. Nos intentó mantener encerrados en su submarino para así atraparnos. 

—Eso sucio chismoso —soltó Liam—. El cuerpo de Uluher fue encontrado entre la cosecha. En estos momentos se está revisando cada cultivo, para verificar que no hay veneno o cosas por el estilo.

—¿El cuerpo no tenía nada?

—Un piquete solamente.

Era claro que Ben estaba solicitando ayuda con algunos habitantes de la Isla, pero… ¿qué clase de criatura podría haber hecho algo así? Dylan no conocía ninguna, y era imposible que la bestia habitara en la Isla desde antes.

—Tenemos vigías en cada torre, en las entradas al valle —indicó Liam.

—Todo un caos —dijo Dylan—. Te presento a los Pasajeros que vienen conmigo. James, Miranda y Max.

El camino que llevaban sólo era la entrada al valle donde estaba asentada la Nueva Colonia, sin embargo, desde que Dylan vio a los vigías acercándose al grupo, pidió hablar con Liam acerca de lo que estaba sucediendo. Poco a poco, el grupo se fue acercando a la zona habitacional.

—Mucho gusto —James le estrechó la mano firmemente.

—Encantada —dijo Miranda.

—Un placer —lo saludó Max.

—Muchos rostros nuevos —murmuró Liam—, el nombre de Cooper ya me lo aprendí de tantas preguntas que hace. No todo es malo, Luna me ayuda un poco con los demás… y tú te pareces demasiado a su hermano —añadió al ver a James.

James tomó el comentario como algo normal. Si Luna ya había estado en la Isla anteriormente, y en ese momento Jim había estado a su lado, entonces sería normal que todos los cercanos a ella lo reconocieran como su verdadero hermano. 

—Él es Liam —lo presentó Dylan—, mi mano derecha en la Isla. Por lo general, Selina y yo estamos afuera, pero sino fuera por él… menudo desastre que tendríamos en este lugar.

—Ya tenemos un desastre en este lugar —dijo Liam.

—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó James.

Si bien quería olvidar la mención a Jim unos minutos antes, su atención estaba en lo que Ben estaba haciendo. Necesitaba seguir los pasos de un buen líder; si ya había liderado a los Pasajeros hasta ese punto de un modo increíble y responsable, entonces podía aprender más de Dylan. Poco a poco, James estaba aceptando su propósito.

—El cuerpo de Uluher tiene un piquete de gran profundidad en el pecho —explicó Liam mientras el grupo avanzaba hacia la Nueva Colonia—. Quitando de en medio la posibilidad de que Ben se pueda convertir en un gran bicho que saca sangre, entonces yo diría que tenemos a un animal desconocido en la Isla.

—Esto suena como a Exterminio —dijo Max.

—Max, por favor —le pidió James con amabilidad—, ¿cómo es que…?

—¿Pudo usar la sangre de Uluher para escribir en la pared de la Fortaleza? —respondió Liam—. Ni idea. Aquí está pasando algo gordo.

—Creo que todos nos hemos dado cuenta de ello —farfulló Miranda.

A ellos se les unió otro grupo de la Colonia. Entre sus filas estaban Han y Luna, quiénes habían accedido al reencuentro desde que Dylan llamó por la radio, unos instantes antes de llegar. 

—¿Dianne no viene? —preguntó James, esperanzado.

—Nuestro romántico amigo extraña a su chica —se rió Max cuando estrechó la mano de Han.

—¿Qué tal el viaje? —preguntó Luna.

—Todo bien, dentro de lo que cabe —dijo James, abrazándola. Era lo más extraño del mundo, sí, pero se sentía bien. Aún no se acostumbraba al hecho de tener una hermana nuevamente—. Calor, lluvia, un desierto raro…

Su atención se perdió de repente, en cuanto vio a una chica con el cabello ondulado y cayendo sobre su espalda, corriendo desde el otro lado de los pastizales. 

—Te apuesto mil billetes a que James la abraza y la carga por los aires —Max le dio un golpecito a Han.

—Acepto la apuesta.

Aquél reencuentro era una cálida bienvenida. Tenían descanso finalmente después de una pequeña parte de la Travesía. Tal y como todos los presentes hubieran esperado, James tomó a Dianne entre sus brazos y la alzó medio metros sobre los aires para luego envolverla en un fuerte abrazo. 

Dylan sonrió por lo bajo.

Había problemas, sí, y la situación no era la mejor, pero siempre habría tiempo para momentos como ese. La última vez que todo se veía tan desesperado fue unos años atrás, cuando Bill ya tenía casi el control de la Isla. Muchos iban a morir, y muchos ya habían muerto, sin embargo… había tenido a Selina a su lado. Aferrados uno al otro, sin importar qué o quién. Eso era lo que necesitaban todos. una razón para seguir amando, para seguir peleando, y para ponerle un alto a Ben.




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