Travesía [pasajeros #2]

Capítulo 51

Owen logró ponerse de pie, y sin siquiera decirle algo a Max o a Killian, comenzó a correr en dirección al muelle. Necesitaba regresar al Hotel Park Lane, asegurarse de que Aurora no lastimaría a los demás Pasajeros, y al mismo tiempo, cerciorarse de que la psicópata no lograra su siguiente cometido. 

La pregunta era esa exactamente. ¿Cuál era el siguiente objetivo de Aurora? 

Tal como si fuera parte del ataque, la mujer psicópata apareció en una de las esquinas del Puerto. 

—¡Diablo! —masculló Owen.

Alzó con rapidez el rifle que minutos antes había estado en las manos de Max, y abrió fuego para así distraerla, y seguirla atacando. Soltó un golpe, luego otro. Ya tenía experiencia peleando con ella. Tomó el rifle como un bate de béisbol y repitió su técnica que tantas veces había usado, tanto en la MI6 como en el hotel, en Madrid. Pero en esta ocasión, la mujer logró detenerlos con sumo cuidado y precisión.

—Oh… —soltó Owen.

—¿Pensaste que la Isla me haría menos fuerte? Este es mi hogar. 

Aurora le regresó los ataques al hombre con tanta rapidez y coordinación, que Owen tuvo que retroceder varios pasos para así no recibir un fuerte zarpazo. Tropezó con parte de uno de los muelles, y al momento de caer, tuvo que moverse hacia su costado para así esquivar otro golpe de Aurora. 

Esquivó otro golpe similar. Y otro. Y otro más. 

Entonces, durante un último zarpazo, Owen antepuso el rifle para el soporte del golpe. Las uñas de Aurora partieron el rifle en dos, y al instante en el que Owen se aparto del medio, las garras de la mujer rasgaron nuevamente el aire, abriendo otro portal en el Puerto. Owen, al perder un poco el equilibrio, regresó por su costado derecho, y desapareció entrando por las grietas que aún se mantenían abiertas.

Owen desapareció de la Isla.

—¿Qué? —masculló Aurora, mirando con atención el suelo del puerto—. ¡No! ¡Vuelve! 

Comenzó a rasgar el aire nuevamente, pero los portales que abría se dirigían hacia otros lugares del Puerto.

—¡BEN! —gritó un hombre desde el último muelle. Se trataba de ese Pasajero al que había intentado asesinar en el hotel de Madrid, en el hotel de Londres… James. Y en el barco frente a él estaba su socio. Su rescatador. El mismo hombre que la había liberado de la Pirámide de Keops.

Sólo que ya no era un anciano.

—¡JAMES! —respondió Ben desde el timón—. Pensé que no llegarías hasta este punto, hombre. ¡Eres más fuerte de lo que todos creyeron! 

James dio un par de tropiezos antes de poder mantenerse firme ante él. Una distancia corta de diez metros los separaba. Una distancia lo suficientemente grande como para permitirle a Aurora llegar hasta él. 

Estaba segura de que el Pasajero le dispararía a Ben, ¿y qué mejor modo de timar su suerte que abriendo un portal entre su disparo y algún ser querido? ¿Qué tal él mismo?

Sin dudarlo ni un segundo, Aurora comenzó a correr, y abrió algunos portales para poder llegar más rápido. 

—¿Qué haces aquí, James? —preguntó Ben con amabilidad—. Tenía pensado tomar un viajecito hasta tierra. Ya sabes… mi hogar.

—Vengo a detenerte —soltó James.

—¿Detenerme? ¿Y como piensas hacer eso? 

Aurora no supo qué más se habrían dicho el par de Pasajeros. En cuanto abrió otro portal para llegar al lado de Ben, vio cómo James jalaba el gatillo y una bala salía proyectada desde su arma hacia Ben. 

Entonces la mujer rasgó el aire frente al joven, y la bala desapareció en su interior, revelando el pasillo del Park Lane que daba directamente a la salida de emergencia. Hacia Jim. ¿O James? No sabía, pero se parecían bastante. 

Le había salvado la vida a su rescatador. Su deuda había sido saldada.

—Vaya, vaya, vaya —murmuró Ben, caminando y apartando a Aurora con la mano—. Parece que al final, sí terminaste asesinándote a ti mismo.

—No…

—Terminaste dejando a la pequeña Luna sin hermano —Ben soltó una carcajada bastante sonora—. ¡Eres el peor líder que he visto, James! ¡Eres un asco total! ¿Por qué demonios Dianne se fijaría en alguien tan estúpido como tú?

Y soltó una carcajada más severa.

Era todo. Había sido todo. Su última fuerza para detener a Ben, la última llama de su interior se había apagado. 

Ben se acercó a James, justo en el momento en el que él caía de rodillas sin poder creer lo que había pasado, y se hincó a su lado.

—No podías ganar, James —dijo con voz queda—. Mataste a Jim, condenaste la existencia, y perdiste a tu chica. Gracias, James. Gracias en verdad.

James comenzó a perder el sentido de las cosas. Estaba muriendo, y tanto Ben como Aurora lo sabían. 




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