Travesía Sempiterna: Desvaneciéndose hacia la Nada

Capítulo 2: La fe del silencio.

¿Los Trotamundos, dices? ¿Aún existen? Cuando yo era pequeño, pasó un equipo de ellos por mi comunidad. No parecían humanos. O, al menos, no del todo. Solo su forma de hablar y convivir lo parecía. Pero sus ojos, la biotecnología de sus cuerpos, sus trajes... algo no estaba bien con ellos. Aunque nunca supe explicar por qué. También se dice que ya van más de quinientos años sin que pase alguno por Bosque Oxidado. Mi memoria podría engañarme. Aun así, quisiera ver una vez más esa bitácora metálica que cargaba uno de ellos. La forma en que fluía con el polvo; cómo, al gritar lo que parecían instrucciones, el metal y las hojas se volvían casi líquidos. Era un espectáculo tan grande que hace que todo lo que vino después no sea más que algo que habría preferido no volver a ver jamás.

~Antiguo Administrador de Bosque Oxidado, Precaución 3.

Descansar era necesario, desafortunadamente. La tecnología había avanzado mucho, pero no lo suficiente para quitarles a los humanos la mala costumbre de dormir.

Veltyr dejó el vehículo estacionado fuera del motel. Hasta eso, la tarifa incluía protección y seguro ante daños. Aunque, en realidad, solo importaba la protección: el seguro había dejado de operar en muchas zonas hacía años. <<Ah, pero qué bien que la siguen cobrando>>, pensó. Necesitaban revisar qué tenían en inventario: polvo, papel para mapas, tinta o acceso a impresora 3D y, en lo específico, Créditos de ruta. Veltyr se preguntó cómo había pagado Luxvier el alquiler de la noche, si él no era quien solía cargarlos. Bueno, ya se preocuparía de eso al salir.

Escuchó gruñir a Luxvier. Parecía que por fin se había despertado.

—Bienvenido seas al mundo de los despiertos. Anda, debemos salir de aquí. La comunidad parece habitada. Deben ser unas quinientas entidades. Vi el nombre al ejecutar el reconocimiento antier.

—¿Antier? —bostezó Luxvier, más dormido que despierto—. ¿Dormí de más otra vez, verdad? Esa puta almohada estaba demasiado cómoda.

—Apura —insistió Veltyr—. Debemos agarrar camino cuanto antes. En el radar que lancé aparecieron un par de entidades por rutas cercanas a la entrada de Valle Abrasión. No logro determinar si se acercan o se alejan.

—Voy. Ya inicio mi traje. —El material comenzó a desplegarse desde su muñeca. Ambos llevaban incrustada una especie de reloj perfecto, con las manecillas orientadas hacia la parte interior del brazo: otra pieza biomecánica propia de los Indicadores y Ejecutores—. Dame cinco y estoy listo.

Luxvier sonrió. Entonces recordó que ayer —o antier, al parecer, por el cansancio— no había pagado el alquiler. Había entrado por una ruta trasera de mantenimiento, como la que tenían todos los moteles. Menos mal que eran autónomos, cien por ciento sin personal humano. De lo contrario estarían en serios problemas

—Oye, Veltyr, ¿me pasas un Crédito de ruta vacío? Iré a pagar.

—Claro —respondió, claramente frustrado. Sabía que se venía una buena multa por la jugadita de su compañero.

Veltyr cargó la ficha y pagó. Los Créditos de ruta, a veces llamados simplemente créditos o fichas, eran una moneda híbrida de la megaestructura. Existían como fichas metálicas hexagonales con núcleo luminoso, pero también como registro digital cuando una comunidad estaba conectada. Servían para pagar estancia, mapas, polvo, transporte y permisos de tránsito. Su valor no dependía solo de la cantidad, sino de la seguridad y acceso que representaban. En zonas remotas, la ficha física pesaba más que el saldo; en zonas conectadas, la verificación digital evitaba falsificaciones. En este caso, el motel no contaba con una señal lo bastante estable como para verificar un pago digital, así que tuvieron que pagar con ficha física.

Veltyr salió del motel hacia el área de estacionamiento.

—Salgamos de aquí —gritó Luxvier mientras aceleraba el motor. Sonaba fuerte, poderoso, como si todavía recordara la exquisitez del polvo que habían encontrado.

La bitácora de Veltyr sonó. Otra ventaja de los moteles era la conexión entre ellos: permitía transmitir mensajes a larga distancia. Pero, debido a la mala señal, el aviso había tardado los dos días completos que se quedaron.

Al final, la base de datos local del dúo sí se actualizó.

Las entidades que había detectado Veltyr parecían formar parte de un grupo de Sacerdotes del Vacío Eterno. Posiblemente buscaban una nueva comunidad donde asentarse y convertir a más gente. Sus creencias eran casi la oposición perfecta a todo lo que representaban. A veces resultaba difícil decidir cuál de los dos grupos parecía más peligroso a los ojos del otro.

Lo que sí era seguro es que los Sacerdotes sabían fingir. Dentro de las comunidades eran productivos, útiles, incluso generosos. Pero ante cualquier Trotamundos el desprecio les brotaba con una violencia que parecía más vieja que muchas rutas.

Fuera de las comunidades, los enfrentamientos entre ambos grupos eran comunes. Y violentos. Lo bastante como para provocar daños catastróficos.

Veltyr subió al vehículo.

El dúo comenzó a dirigirse hacia la comunidad de Valle Abrasión, a toda velocidad y con sincronización perfecta.

—Media vuelta a fondo, quinientos.
Baches, precaución dos: tierra y metal resbaloso.
Coronación de bajada, despacio. Frena.
Salida de ruta visible. Escuadra derecha, mantén derrape.
Recto entre pilares metálicos. Error, se cierra.
Corrige. Se abre. Tramo recto a fondo.
Eco. Frena en seco.

Fue demasiado bueno para ser verdad.

...

Parecía que los Sacerdotes ya se habían dado cuenta de que había Trotamundos cerca. Justo a medio camino entre el motel y la comunidad de Valle Abrasión habían levantado una barricada para impedir el paso. Pedían Créditos a todo aquel que quisiera cruzar, cobrando una cantidad excesiva. Y sabían que la pagarían: era una comunidad demasiado alejada de cualquier ciudad grande.




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