Hay algo extraño en lo que trae consigo el paso del tiempo: la pérdida de memoria, o el simple acto de recordar aquello que ya se olvidó, incluso, recordar cómo se te olvidó en primer lugar. Con tantos aumentos, el cuerpo y la mente comienzan a desgastarse y, cuando el tiempo se alarga demasiado, el cerebro humano termina siendo reemplazado por algo electrónico. Yo nunca me someteré a perderme así. Creo que uno muere al pasar por ese procedimiento. No es posible que siga existiendo el mismo tú después de vaciar tus recuerdos, tu vida entera, en una placa de metal. Ya no eres tú. Cambias. Ya no puedo confiar en nadie que haya hecho eso: parecen más fríos, por más cálidas que sean sus palabras o sus sonrisas. ¿Cuánto tuvo que decaer el mundo para que dejáramos de ser aquello que antes peleábamos por preservar?
~Fragmento de una nota encontrada en la cima del mundo. Anónimo.
—¿Cuántos fueron? —preguntó el Admin de Valle Abrasión.
—Cuatro en total —respondió Veltyr, mostrándole el informe de la batalla generado por su bitácora.
—Hay algo que no me termina de cuadrar con esos del Vacío Eterno —dijo el Admin. Escupió al lado de unos guantes que le regalaron los primeros Sacerdotes que pasaron por aquí—. Hijos de perra. Se tomaron la hospitalidad muy en serio: se quedaron y hasta levantaron su propio templo. Y lo peor es que han sido útiles. Trajeron información valiosa y ayudaron a mantener viva la comunidad. Espero que su llegada no provoque más conflictos. Podré odiarlos yo, pero aquí casi todos los adoran.
—Nuestro gremio... —empezó Veltyr.
—No habrá problemas de nuestra parte —sonrió Luxvier, como si el trato ya le aburriera—. ¿Hay un bar cerca?
El Admin ignoró la pregunta. Tenía pensado formar un contrato con ellos.
—Requiero su apoyo para reabrir una ruta antigua hacia otra comunidad. Intercambiábamos recursos valiosos. El principal: agua. Esta zona no es nada sin el Bosque.
<<¿Bosque? ¿A esta distancia? No hemos avanzado nada.>> pensó Veltyr.
—Claro —respondió Veltyr al ver a su compañero distraído frente a la ventana. La oficina del Admin solía estar en lo más alto de la comunidad—. Pero, como debe saber, nuestros servicios no son gratuitos.
—Por supuesto. Serán recompensados al completar el trabajo. Como garantía, les daré una ficha sin carga; al terminar, liberaré la orden y los créditos se verán reflejados.
La bitácora de Veltyr sonó: —Contrato aceptado—. Los detalles se transfirieron en silencio. Para el gremio, eso bastaba.
El dúo apenas se miró. Luego volteó para salir, como si el trato ya estuviera cerrado desde antes de que el Admin terminara de hablar.
—¡Esperen! —el Admin golpeó la mesa con la palma—. Ni siquiera tengo sus nombres, ni preguntaron nada. ¿Cómo esperan que confíe en ustedes? ¿O que realmente puedan hacer el trabajo?
—No debe hacerlo. Un Trotamundo siempre cumple su contrato.
—Pues los anteriores no estaban al tanto de esa orden.
—Lamento escuchar eso, pero nosotros no somos cualquier par de Trotamundos. —Veltyr ajustó un dial en su muñeca, preparando sincronización.
Los ojos de Luxvier comenzaron a brillar y polvo fino escapó de los sellos de su traje. Se inclinó sobre el escritorio, la pluma ya entre sus dedos antes de que el Admin terminara de hablar.
—Bloqueo de objetivo —ordenó Veltyr a su bitácora.
El Admin abrió la boca para replicar, pero las luces parpadearon y varias pantallas pasaron a una interfaz de contención. No fue un apagón: fue un bloqueo local. El aire se volvió más denso. La red seguía viva, pero la conexión externa había sido cortada; el edificio aún respondía por dentro.
—¿Qué diablos… qué son ustedes? ¡Seguridad!
—Somos lo que el gremio crea cuando necesita trabajo sucio —dijo Luxvier—. Y lo que luego pretende fingir que no existe.
—Eso ya lo sé —respondió el Admin, mientras deslizaba la mano izquierda bajo el borde del escritorio, buscando algo—. Por eso la pregunta no es quiénes son. Es cuánto daño creen poder hacer antes de que el edificio les conteste.
—Trazo lineal corto, al torso —susurró Veltyr. Su aliento se volvió visible un instante, y en ese vapor breve ardió un símbolo turquesa antes de extinguirse.
Polvo fino se aglomeró en la punta de la pluma hasta cubrir su brillo metálico. Luxvier giró el torso, alineó el hombro con el blanco, y estocó. La pluma cantó al cortar el aire. La tinta explotó en una línea negra que aplanó el espacio entre ellos, rápida como un latigazo de sombra.
El Admin alcanzó a girarse. El trazo le raspó la placa del brazo y dejó una cicatriz oscura que humeó un segundo antes de solidificarse.
—Nudo espiral cerrado, al suelo —leyó Veltyr, y en la última palabra la voz se le quebró. En el aire frente a él parpadeó un símbolo turquesa, incompleto, antes de extinguirse en chispas.
Luxvier giró la pluma sobre su cabeza en un arco amplio y descendió en un tajo hacia el suelo. El polvo que lo envolvía se convirtió en un remolino denso. La tinta saltó en líneas curvas que cazaron al Admin.
Pero las luces parpadearon en un patrón rápido. Una presión siseante llenó los oídos. La gravedad local se ajustó: el suelo pareció inclinarse. Luxvier flexionó las rodillas para no caer; el remolino se cortó a mitad. Las líneas de tinta temblaron, torcidas por la fuerza. Una se rompió y se esparció en gotas negras que cayeron con un sonido húmedo. La otra rozó la armadura del Admin, pero no cerró el nudo.
Veltyr se aferró al marco de una estantería, los nudillos blancos. Sin soltarse, vio el resplandor rojo de las pantallas. Tres puntos. Uno aparecía etiquetado como INDICADOR-0.
Una voz sintética, sin apetito ni emoción, se escuchó en la habitación:
—Sistema de contención activa. Objetivo: neutralizar amenaza.
Luxvier apretó los dientes. El traje le aplastaba los hombros. Intentó levantar la pluma, pero el brazo le costó el doble. La tinta goteaba despacio, densa, como sangre coagulada.
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Editado: 11.06.2026