🩷1. Video viral 🩷
La tarde había caído sobre la ciudad como un suspiro tibio, lento, casi perezoso. En el apartamento de Althea Miró, el aroma a chocolate caliente y a tarea escolar sin terminar flotaba en el aire junto al sonido del teclado que no dejaba de repiquetear.
Althea llevaba horas frente al portátil, ajustando líneas, moviendo estructuras, corrigiendo detalles de un proyecto que parecía no querer encajar. Su cabello castaño oscuro estaba recogido en un moño improvisado que ya se rendía en mechones sueltos sobre su rostro.
—Mamá, ¿puedo preguntarte algo? —dijo una vocecita desde el sofá mientras se autograba.
—Depende… —respondió sin apartar la vista de la pantalla—. Si tiene que ver con slime, experimentos o redes sociales, la respuesta es no.
Naia, su hija de ocho años, sentada con las piernas cruzadas y la tablet en las manos, entrecerró los ojos con una sonrisa diminuta, peligrosa. Manteníael aparato en sus manos y en la pantalla titilaba el ícono de grabar.
—¿Y si tiene que ver con el amor? —A Althea se le escapa una risa corta, casi inexistente. Estaba ella muy pequeña para esos temas.
—Entonces la respuesta también es no. —respondió con seriedad pero no aparta la atención de su trabajo.
—Ajá… —Naia asintió, como si confirmara una teoría importante—. Eso explica muchas cosas. —Althea frunce ligeramente el ceño, pero no pregunta, gran error.
—¿Tú crees que el amor se puede buscar por internet? —insistió la niña.
—Se puede pedir todo por internet —respondió de forma automática—, pero no lo recomiendo, no siempre encuentras lo que necesitas. Los envíos de amor suelen tardar y llegan sin garantía. —Naia hizo una pausa pensativa.
—Entonces habrá que hacerlo bien.
—Ajá —murmuró Althea, distraída sin notar que las palabras de su hija eran una advertencia sutil—. Hazlo bien.
No vió cómo su hija se levantaba, cómo movía el cojín y buscaba mejor luz, para luego acomodar la tablet con precisión sorprendente para su edad.
La pequeña se alisó el vestido, peinó sus rizos con los dedos y respiró hondo, muy seria, demasiado seria para sus ocho años.
—Hola —dijo a la cámara, sonriendo—. Soy Naia Miró y tengo ocho años. —Parpadeó una vez como si reuniera valor—. Estoy buscando un novio para mi mami.
»Mi mamá es arquitecta… y muy inteligente —continuó mientras el teclado no paraba de sonar detrás—. Hace casas bonitas, pero no sabe hacer tiempo para ella. Tampoco cocina mucho… pero abraza rico. —Miró hacia un lado, donde tiene una hoja doblada llena de garabatos—. Necesitamos un novio que sepa cocinar cosas ricas, que no la haga llorar… y que tenga una sonrisa bonita. Eso es importante. —Hizo una pausa breve—. Ah, y que tenga paciencia… porque a veces ella se pone seria —susurró, como si fuera un secreto—. Pero yo sé que es buena. —La niña volvió a mirar a la cámara, más firme—. Si cumples con todo eso… puedes intentarlo.
Sonrió, satisfecha, y detuvo la grabación.
»Perfecto —murmura para sí—. Plan secreto, en marcha. Dos toques y publicar.
El video se lanzó al mundo sin pedir permiso. Minutos después, mientras Naia recoge sus cosas con sospechosa tranquilidad, Althea levantó la vista por primera vez en horas al notar a su hija muy silenciosa.
—Eso no me gusta… —sentenció mientras observaba a la pequeña—. Cuando tú estás callada, algo pasa.
—Nada —respondió, Naia, demasiado rápido—. Todo bien, ya terminé mi tarea.
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En una cocina cálida iluminada por luces ámbar, Theo Bianchi colocaba con cuidado una rodaja de limón sobre una tarta recién terminada. El aroma cítrico llenaba el aire junto a la música suave, su rutina favorita, hasta que su ayudante levantó el teléfono celular mostrándole la pantalla.
—Chef… creo que tiene que ver esto.
—Si es otra reseña diciendo que soy un genio, guárdala —respondió sin mirar muy seguro de sí—. Me la leo después.
—No es eso, es lo más tierno que podrá ver en la redes. —Theo suspiró, se limpió las manos en el delantal y tomó el móvil.
En la pantalla vió una niña de rizos que hablaba con absoluta seriedad. «Estoy buscando un novio para mi mami…» —Theo no llegó al final del video sin sonreír.
—¿Cuántos años tiene? —preguntó, divertido.
—Ocho y el video ya está explotando. —Theo negó con la cabeza, todavía mirando la pantalla.
—Es… —pausó, buscando la palabra— honesto.
—¿Le interesa la mamá? —bromeó el ayudante.
—No tengo tiempo para complicaciones, Manolo —respondió, devolviendo el teléfono, pero no sonó tan convencido, la pequeña chiquilla había captado su atención, esa pequeña representante amorosa era todo un encanto.
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Chicas nueva historia espero recibr su apoyo y cariño como acostumbran, ahora lo necesito más que nunca.
Conocen la situción en mi país, aún así intentaré dejarles tres capítulos semanales.