🩷 9. De compras 🩷
«Hay personas que llegan para desordenarte la vida… y terminan acomodándote el corazón.» —Bob Marley
El viernes amaneció como siempre siempre en las elegantes oficinas Miró Arquitectos. Teléfonos sonando, teclados repiqueteando, planos extendidos sobre mesas enormes y Althea sobreviviendo a base de café.
—No, Carlos, no puedes mover esa pared estructural solo porque se vería más bonita. Así no funciona la física. —Cerró los ojos un segundo mientras escuchaba la respuesta del otro lado de la llamada—. Exactamente. La física sigue siendo importante.
Colgó justo cuando alguien golpeó dos veces la puerta de cristal de su oficina. Martina apareció sin pedir permiso, usando gafas oscuras enormes y sosteniendo un café como si estuviera protagonizando un documental sobre mujeres exitosas y dramáticas.
—Vengo a rescatarte. —Althea ni siquiera levantó la vista del plano frente a ella.
—No necesito rescate, necesito una solución viable para este proyecto.
—Necesitas poner distancias de tantas líneas y ángulos.
—¿Qué quieres?
Martina dejó el café sobre el escritorio y se sentó frente a ella cruzando las piernas.
—Tengo un evento mañana por la noche. Periodismo, empresarios, gente insufrible fingiendo que no lee comentarios sobre sí mismos en internet… ya sabes, glamour.
—Ajá.
—Necesito comprar algunas cosas.
—Y decidiste anunciarlo como si fuera emergencia nacional.
—Porque lo es. —Se inclinó hacia adelante dramáticamente—. Necesito apoyo moral, sinceridad brutal y alguien que me impida comprar zapatos de forma compulsiva. —Althea soltó un suspiro cansado.
—No puedo. Tengo trabajo.
Martina hizo una pausa teatral antes de mirar alrededor de la oficina.
—Claro. Porque evidentemente este lugar se derrumbará si sales dos horas.
—Tina…
—Además, necesito hablar contigo de tu cita.
—No es una cita, y tú me acompañaras. Es un encuentro de cortesía.
—Sigue siendo adorable que insistas con eso. —Althea apoyó la espalda contra la silla giratoria y masajeó el puente de su nariz.
—Tengo demasiado trabajo pendiente y este proyecto al que no le encuentro salida. Creo que lo ganará la competencia.
—Perfecto. Entonces hagamos trato. Tú vienes conmigo a comprar y después yo te invito a almorzar donde quieras. —Aquello sí llamó su atención.
—¿Perfecto y así tendré tu opinión al respecto? —Martina entrecerró los ojos.
—Esa cara me preocupa. —Althea giró lentamente la laptop mostrándole un render digital enorme de un complejo moderno.
—Necesito ver un local.
—¿Qué clase de local? Te invité al almorzar no a trabajar.
—Uno pequeño que está retrasando todo el proyecto.
—Ajá… —Martina se acomodó mejor en la silla.
—El dueño se niega a vender. Ya rechazó tres propuestas.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —Althea amplió una parte específica del diseño. Un pequeño rectángulo permanecía atrapado entre edificios modernos y cristal como una pieza fuera de lugar.
—Porque necesito verlo otra antes de decidir si lo integro al diseño o si seguimos negociando. —Martina leyó el nombre en la pantalla y lentamente levantó la vista.
—La esquina de Theo. —Hizo silencio y luego una sonrisa peligrosísima apareció en su rostro—. Oh, esto ya es cine.
—No empieces. Theo es un nombre común.
—¡Tu cita trabaja en el lugar que quiere destruir tu proyecto!
—No estoy destruyendo nada y no es el mismo Theo. —Althea cerró la laptop con más fuerza de la necesaria—. ¿Vas a venir o no? —Martina sonrió como una villana satisfecha.
—Absolutamente sí.
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Dos horas después, ambas caminaban por una tienda elegante del centro comercial mientras Martina sostenía tres vestidos distintos sobre los brazos.
—Este dice periodista sofisticada.
—Ese dice quiero obsesionar a alguien.
—Perfecto entonces.
Althea revisaba distraídamente una percha luego de que su amiga eligiera su atuendo mientras intentaba ignorar el caos que esta provocaba a cada paso.
—Pruébate este.
—No.
—¿Y este?
—Menos.
—Althea, por favor. Pareces alérgica al escote.
—Porque no necesito respirar por accidente y terminar enseñando un pulmón. —Martina soltó una carcajada.
—Tienes treinta y tres años, no ochenta.
Una dependienta pasó junto a ellas intentando no reír. Martina levantó otro vestido, rojo. muy ajustado. que nada tenía que ver con el estilo de Althea