Treinta Dias Con Los Blackwood

Capítulo 8 — Demasiado Cerca

Capítulo 8 — Demasiado Cerca

A la mañana siguiente, Clara descubrió que existían formas mucho peores de empezar el día que una biblioteca llena de secretos.

Descubrió también que una de ellas consistía en desayunar a solas con Rowan Blackwood, un hombre que parecía haber nacido con una expresión imposible de interpretar y una habilidad especial para hacer que cualquier conversación pareciera una prueba que ella debía superar.

Lo encontró sentado junto a una de las ventanas del comedor, vestido de oscuro como de costumbre y con una taza de café entre las manos. Afuera, la lluvia golpeaba los cristales con la misma persistencia de los últimos días.

Durante unos segundos consideró seriamente dar media vuelta, por desgracia, él la vio primero. Y a juzgar por la forma en que arqueó una ceja, también supo exactamente lo que había pasado por su cabeza.

Perfecto, aquello era sencillamente perfecto.

—Buenos días —saludó Clara mientras ocupaba una silla lo bastante lejos como para parecer educada y lo bastante cerca como para no parecer ridícula.

Rowan levantó la mirada de su taza y arqueó ligeramente una ceja.

—¿Lo son? —preguntó, sosteniendo la taza entre las manos.

—¿Perdón? —dijo ella, parpadeando con sorpresa mientras lo miraba.

—Has dicho «buenos días» —aclaró Rowan, dejando la taza sobre la mesa—. Me pareció una afirmación bastante optimista.

—Vaya. ¿Eso era una pregunta o una advertencia? —replicó Clara, inclinando ligeramente la cabeza.

Y algo pareció titilar en los ojos grises de Rowan, sin llegar a convertirse en una sonrisa, pero existió. Y aquello resultó sorprendentemente desconcertante.

Edward apareció en ese momento para servir el desayuno.
Clara le dedicó una mirada cargada de esperanza. La clase de mirada que cualquier ser humano decente interpretaría como:

«Por favor, no me deje sola con este hombre».

Pero Edward tenía la desconcertante habilidad de interpretar exactamente lo contrario de lo que Clara necesitaba en cada momento.

—Me temo que el señor Finn ha salido temprano —informó, mientras colocaba la taza frente a ella.

Maravilloso, pensó Clara, conteniendo un suspiro.

—Y el señor Sebastián no regresó anoche —añadió Edward, acomodando tranquilamente los cubiertos.

Fantástico, fue su segundo pensamiento.

—Sin embargo, el señor Rowan podrá acompañarla esta mañana —continuó, haciendo un pequeño gesto hacia él.

Clara dejó la taza lentamente sobre la mesa y levantó la mirada.

—¿Acompañarme? —Repitió, arqueando ligeramente una ceja.

—La señora Blackwood solía realizar largas caminatas por los acantilados. Existen varias propiedades antiguas que forman parte de la herencia familiar y que quizá resulten de interés para su trabajo.

Aquello sonó sospechosamente preparado. Clara observó a Edward y después a Rowan, y volvió a observar a Edward.

—¿Acaba de organizar una excursión?

—Yo jamás me permitiría algo semejante. —La respuesta fue tan impecable que resultó imposible creerla.

—Partiremos dentro de media hora —anunció Rowan con una energía que dejaba bastante claro que la idea parecía entusiasmarlo más de lo que estaba dispuesto a reconocer.

Aquella reacción consiguió arrancarle a Clara una pequeña sonrisa. No sabía exactamente por qué, pero verlo tan animado hizo que la tensión que llevaba acumulando desde su llegada disminuyera un poco.

—¿Siempre empieza el día dando órdenes? —preguntó, mientras lo observaba con una mezcla de curiosidad y diversión.

Rowan giró la cabeza hacia ella y una sonrisa ladeada apareció en sus labios.

—Solo cuando son necesarias.

Clara dejó escapar una risa suave y negó lentamente con la cabeza.

—Debe de ser agotador vivir con usted.

—Tendría que preguntárselo a mis hermanos —respondió Rowan, acercándose un poco mientras mantenía aquella expresión divertida—. Aunque sospecho que ninguno de los dos estaría dispuesto a admitirlo delante de mí.

Clara sostuvo su mirada durante un instante y sintió que aquella seguridad descarada tenía algo peligrosamente atractivo.

—Entonces quizá debería preguntarles a ellos antes de decidir si quiero comprobarlo personalmente.

La sonrisa de Rowan se hizo más profunda, y durante un instante aquella expresión segura que siempre parecía acompañarlo perdió parte de su habitual seriedad.

—Me parece una decisión razonable.

Clara sostuvo su mirada durante unos segundos, sorprendida por la facilidad con la que aquel intercambio había conseguido arrancarle una sonrisa.

Había llegado a Blackwood Manor preparada para enfrentarse a un hombre serio, distante y prácticamente imposible de leer, no a alguien capaz de responderle con aquella inesperada ligereza.

Apartó la mirada intentando ocultar la expresión que todavía permanecía en sus labios, aunque ya era demasiado tarde para fingir que aquella conversación no había conseguido mejorarle el ánimo.

Porque había ocurrido algo que jamás habría esperado y era que Rowan Blackwood había hecho una broma. Y, por alguna razón, aquello le resultaba mucho más desconcertante que cualquier respuesta fría que hubiera podido darle.

Y lo más extraño de todo era que no parecía incómodo por haberlo hecho.

Hasta ese momento ella solo había conocido al hombre reservado, controlado y casi imposible de interpretar que parecía medir cada palabra antes de pronunciarla.

Descubrir aquella faceta más ligera, aunque hubiera durado apenas unos segundos, había conseguido despertar en ella una curiosidad que no esperaba sentir.

La pregunta de si se encontraba bien estuvo a punto de escapar de sus labios, pero decidió guardársela. Sospechaba que Rowan no apreciaría que le señalara lo sorprendente que resultaba verlo sonreír.

Sin embargo, no fue lo bastante rápida. Rowan captó su mirada y arqueó ligeramente una ceja.




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