Treinta Dias Con Los Blackwood

Capítulo 9 — Lo Que Finn Vio

Capítulo 9 — Lo Que Finn Vio

El viento era mucho más intenso en los acantilados. No era como la lluvia constante que parecía formar parte de la isla, ni como el silencio pesado de Blackwood Manor.

Allí el viento golpeaba la costa con una fuerza salvaje, haciendo temblar la hierba que crecía entre las rocas y obligando a Clara a sujetarse el cabello a cada pocos pasos.

Rowan caminaba varios metros por delante con las manos hundidas en los bolsillos del abrigo, la espalda recta y aquella expresión tranquila que parecía acompañarlo incluso cuando el mundo entero a su alrededor se volvía incómodo.

Clara todavía no comprendía del todo qué hacía allí. Rowan no parecía el tipo de hombre que buscara la compañía de nadie. Y, sin embargo, había sido él quien había aceptado acompañarla hasta aquel lugar.

Cuando consiguió alcanzarlo, acelerando el paso para protegerse del viento, lo miró de reojo.

—Empiezo a pensar que habla usted más con los acantilados que con las personas.

—Los acantilados suelen hacer menos preguntas —dijo Rowan, apenas girando el rostro hacia ella.

—Eso explica muchas cosas.

La respuesta provocó algo inesperado en Rowan. No llegó a ser una sonrisa, pero una ligera exhalación escapó de él, tan breve que Clara estuvo a punto de pensar que había sido simplemente el viento jugando con sus sentidos.

Siguieron caminando en silencio durante unos minutos más. El sendero descendía entre brezos y rocas hasta que una antigua construcción de piedra apareció entre la vegetación. La hiedra cubría parte de la fachada y el paso de los años había dejado sus marcas, pero había algo en aquel lugar que no parecía abandonado sino recordado.

—¿Qué lugar es este? —preguntó Clara, observando la pequeña casa.

Rowan tardó unos segundos en responder, como si antes de hacerlo necesitara decidir cuánto estaba dispuesto a compartir.

—Mi abuela venía aquí cuando quería estar sola.

Clara recorrió la fachada con la mirada. Había algo triste en aquel lugar, aunque no era la tristeza del abandono. Era una nostalgia silenciosa, como si las paredes todavía conservaran las conversaciones de alguien que había sido importante.

—Debía de querer mucho este sitio.

—Más de lo que quería la mansión —respondió Rowan, manteniendo la mirada fija en la casa.

Clara volvió el rostro hacia él, sorprendida, porque aquella respuesta no parecía pertenecer al Rowan que había conocido hasta entonces; parecía provenir de un lugar mucho más personal.

Entraron al interior que aún conservaba el olor de la madera antigua y de los libros olvidados. Sobre una mesa descansaban un viejo tablero de ajedrez, una taza de porcelana y una manta cuidadosamente doblada sobre un sillón. Como si Eleanor fuera a regresar en cualquier momento.

—Parece que el tiempo se hubiera detenido. —dijo Clara pasando lentamente los dedos por el respaldo del sillón.

—Eso pretendía ella. —La voz de Rowan sonó distinta, más baja y humana

Clara volvió la cabeza; él observaba la estancia, pero ya no estaba viendo realmente la habitación, sino un recuerdo que solo él podía ver. Y aquella imagen encajaba muy poco con el hombre frío que había conocido días atrás.

—La echas de menos. —Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas.

El silencio que siguió se prolongó tanto que Clara llegó a pensar que había cometido un error, hasta que Rowan dejó escapar una lenta exhalación.

—Todos echamos de menos a alguien. —No era una respuesta, era más bien una confesión.

Y por alguna razón, aquella frase consiguió derribar más barreras que todas las discusiones que habían mantenido desde que llegó a Blackwood Manor.

Cuando abandonaron la cabaña, la lluvia había comenzado a caer, no con fuerza, solo lo suficiente para obligarlos a acelerar el paso. El sendero se había vuelto resbaladizo y Clara apenas tuvo tiempo de apoyar el pie sobre una roca húmeda cuando resbaló…y todo ocurrió en un instante.

Sintió cómo el suelo desaparecía bajo sus pies. Y antes de que pudiera reaccionar, una mano sujetó con firmeza su brazo. El tirón la devolvió al sendero y su respiración quedó suspendida.

Rowan seguía sujetándola tan cerca que Clara pudo distinguir pequeñas gotas de lluvia atrapadas en sus pestañas. Ninguno de los dos habló. Durante unos segundos, pareció que incluso el viento y la lluvia habían desaparecido.

Solo existía aquella cercanía… y la mano de Rowan alrededor de su brazo. Él fue el primero en reaccionar, soltándola inmediatamente. Con demasiada prisa, como si aquel contacto hubiera durado más de lo debido.

—¿Estás bien? —preguntó él sin un ápice de frialdad en su voz, más bien preocupación.

Aquella preocupación había sido tan espontánea que ni siquiera él pareció darse cuenta de haberla mostrado.

—Ahí está.

Rowan giró ligeramente el rostro hacia ella, frunciendo el ceño.

—¿Qué?

El hombre antipático había desaparecido durante unos segundos; hizo una pequeña pausa, observándolo con diversión. Clara intentaba contener la sonrisa, pero ya era demasiado tarde.

—Empezaba a preocuparme que algo le hubiera ocurrido.

Durante un instante Rowan permaneció en silencio, mirándola como si estuviera intentando decidir si aquella provocación merecía una respuesta y finalmente, una expresión apenas divertida apareció en sus ojos.

—¿Y le preocupa mi bienestar?

—No exagere. Solo me había acostumbrado a su mal humor. —dijo Clara levantando una ceja.

La sombra de una sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Rowan.

—Me alegra saber que tengo una reputación tan interesante.

Clara negó suavemente con la cabeza mientras continuaban caminando. Y aunque no quería admitirlo todavía, empezaba a descubrir que el hombre que todos parecían conocer no era exactamente el mismo que ella estaba empezando a ver.

Cuando las verjas de Blackwood Manor aparecieron a lo lejos, ninguno de los dos hablaba.




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