Treinta Dias Con Los Blackwood

Capítulo 12 — Nunca sola

Capítulo 12 — Nunca sola

La casa parecía distinta y no era una sensación fácil de explicar.

Blackwood Manor seguía envuelta en la misma niebla que abrazaba la isla cada mañana. Los largos pasillos continuaban sumidos en aquel silencio casi solemne y los relojes antiguos marcaban el paso del tiempo con la misma lentitud de siempre.

Y, sin embargo... algo había cambiado. Clara bajó los últimos escalones con la sensación de que la mansión la observaba.

No por sus cuadros ni por los retratos que cubrían las paredes, sino por las personas.

Desde la lectura del testamento de Eleanor, todos parecían caminar con una cautela distinta, como si una frase escrita por una mujer que ya no estaba hubiera alterado el equilibrio de una casa entera.

"Mientras Clara Foster permanezca en Blackwood Manor... ninguno de mis nietos permitirá que permanezca sola en ningún momento."

Seguía pareciéndole una idea absurda y estaba decidida a demostrarlo. Edward levantó la vista en cuanto ella apareció en el vestíbulo.

—Buenos días, señorita Foster —saludó Edward con su habitual serenidad, aunque una ligera curiosidad apareció en su mirada al encontrarla allí tan temprano.

—Empiezo a pensar que usted nunca duerme —respondió Clara, observándolo con una mezcla de diversión y desconcierto.

El mayordomo permitió que una discreta sonrisa suavizara sus facciones.

—Duermo lo suficiente para saber cuándo alguien intenta escapar.

Clara parpadeó, sorprendida por aquella respuesta, y lo miró como si acabara de descubrir una faceta de Edward que no esperaba encontrar.

—¿Escapar?

—Salir sin avisar —aclaró él con absoluta naturalidad, como si ambas cosas fueran exactamente lo mismo.

Clara dejó escapar una pequeña exhalación y negó con la cabeza.

—No iba a escapar. Solo necesito ir al pueblo.

Edward asintió con absoluta naturalidad, aunque aquella expresión tranquila dejó a Clara con la incómoda sensación de que todavía no había terminado de entender sus intenciones.

—Lo sé. —Aquella tranquilidad empezaba a resultar sospechosa.

—Necesito comprar un cuaderno nuevo y consultar unos registros de la antigua parroquia. No tardaré demasiado.

—Por supuesto. —La facilidad con la que había aceptado la dejó desconcertada.

Clara se colocó el abrigo, ajustó la bufanda alrededor del cuello y apoyó la mano sobre el viejo picaporte de hierro.

Abrió la puerta…y se quedó inmóvil al ver que Rowan Blackwood estaba de pie en los escalones de entrada. Con las manos en los bolsillos del abrigo. Como si llevara varios minutos esperándola.

—¿Lista? —Él levantó apenas la vista y la observó durante unos segundos.

Clara tardó un instante en reaccionar, sorprendida por aquella pregunta.

—¿Lista para qué? —preguntó finalmente, frunciendo ligeramente el ceño.

—Para ir al pueblo —respondió Rowan con absoluta naturalidad.

—¿Cómo sabes que voy al pueblo? —Clara lo miró con una mezcla de desconcierto y sospecha, intentando descubrir cuánto había escuchado.

Rowan sostuvo su mirada, como si la respuesta fuera tan evidente que ni siquiera necesitara explicarla.

—Edward.

Ella giró lentamente la cabeza. El mayordomo seguía en el interior. Ordenando unos papeles con absoluta serenidad… Como si aquello no tuviera nada que ver con él.

Clara entrecerró los ojos y dirigió hacia Edward una mirada cada vez más acusadora.

—Ha sido usted.

Edward levantó la vista con una serenidad que no hizo más que aumentar la sospecha de Clara.

—¿Disculpe?

—Le ha avisado —insistió Clara, señalándolo ligeramente con un dedo mientras intentaba contener su frustración.

Edward mantuvo la calma, como si aquella acusación no le sorprendiera en absoluto.

—Solo he informado al señor Rowan de que usted necesitaba compañía.

—¡Yo no necesito compañía! —protestó Clara, volviéndose hacia Rowan en busca de algún apoyo que, por supuesto, parecía poco probable encontrar.

—No —respondió Edward, inclinando ligeramente la cabeza—. Necesita cumplir el último deseo de la señora Blackwood.

Aquello terminó de desesperarla. Clara cerró los ojos durante un instante antes de volver a mirar a Rowan, esperando encontrar en él algún gesto de fastidio, una muestra de que aquella situación le resultaba tan absurda como a ella.

Pero no encontró nada, solo aquella calma suya, irritantemente imperturbable.

—No hace falta que vengas —le dijo Clara, cruzándose de brazos mientras intentaba convencerse de que todavía tenía alguna posibilidad de ganar aquella discusión.

—Lo sé —respondió Rowan, y la tranquilidad de su voz hizo que Clara frunciera todavía más el ceño.

—Entonces...

Rowan sostuvo su mirada durante unos segundos antes de responder, completamente decidido a no ceder.

—Voy igualmente.

Clara dejó escapar una exhalación resignada y negó lentamente con la cabeza.

—¿Siempre eres tan cabezota? —preguntó, aunque la sombra de una sonrisa comenzaba a traicionarla.

—Solo cuando tengo razón — dijo Rowan, empezando a bajar los escalones y, sin siquiera volverse.

Clara resopló, siguiéndolo con la mirada antes de echar a andar detrás de él.

—Eso debe de ser agotador.

—No lo imaginas. —Afirmó Rowan, continuando caminando, pero una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

Clara terminó siguiéndolo, todavía fingiendo estar molesta, aunque una parte de ella empezaba a disfrutar demasiado de aquella compañía que acababa de asegurar que no necesitaba.

Porque discutir con Rowan Blackwood era como discutir con un faro. No importaba cuánto insistieras. Él no se movía…Era el resto del mundo el que terminaba cambiando de dirección.

── ⚛ ──

El camino descendía entre árboles antiguos y muros de piedra cubiertos de musgo. Durante varios minutos ninguno habló. No, porque habría tensión. Simplemente...ninguno parecía sentir la necesidad de romper el silencio.




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