Capítulo 14 — Los McKenna
La tarde había comenzado a apagarse sobre Blackwood Manor cuando el sonido de un automóvil sobre la grava hizo que Clara levantara la vista de los documentos que tenía delante.
Llevaba casi una hora en la biblioteca intentando ordenar unos papeles que Edward le había dejado sobre la mesa, aunque hacía varios minutos que había dejado de prestar verdadera atención a lo que estaba leyendo.
Se acercó a la ventana y pudo ver cómo un automóvil oscuro acababa de detenerse frente a la entrada principal. Clara entrecerró los ojos.
—¿Esperamos visitas? —preguntó al ver que Edward aparecía en la puerta de la biblioteca con la serenidad habitual.
—Los McKenna.
Clara se volvió hacia él.
—¿Los McKenna?
—Una familia conocida de los Blackwood.
—Eso ya me lo habías dicho. Lo que no me has dicho es por qué han venido —dijo Clara, dejando los documentos sobre la mesa y cruzando los brazos.
Edward permitió que una discreta sonrisa apareciera en sus labios.
—Me temo que esa pregunta debería hacérsela a ellos.
—Qué conveniente —respondió Clara entornando los ojos.
—Procuro no intervenir en asuntos familiares —contestó Edward con absoluta tranquilidad.
Clara lo observó durante un instante.
—Y yo empiezo a sospechar que sabes mucho más de lo que dices —dijo finalmente, inclinando ligeramente la cabeza.
Edward sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Es una sospecha bastante razonable, señorita Foster.
Clara abrió la boca para insistir, pero Edward ya se había vuelto hacia el vestíbulo.
—¿Eso es todo? —preguntó ella, siguiéndolo con la mirada.
Edward se detuvo apenas un instante antes de girar ligeramente la cabeza.
—Por ahora —respondió, retomando el paso.
Clara soltó una pequeña exhalación y tomó aire antes de seguirlo.
—Perfecto. Cada día entiendo menos esta casa —murmuró, negando lentamente con la cabeza.
Edward continuó caminando sin responder, aunque una leve sonrisa volvió a aparecer en la comisura de sus labios.
Clara tardó apenas unos segundos en seguirlo, sin saber qué esperaba encontrar. Pero desde que había llegado a Blackwood Manor había aprendido que las visitas aparentemente inocentes rara vez lo eran.
Cuando llegó al vestíbulo, Edward ya había abierto la puerta. El primero en entrar fue un hombre de unos sesenta años, elegante y de porte distinguido. Tras él apareció una mujer de aspecto igualmente refinado y, finalmente, una joven.
Clara se quedó mirándola… Victoria McKenna era hermosa.
No de una manera llamativa o artificial. Había en ella una elegancia natural, una seguridad tranquila que hacía pensar que estaba acostumbrada a ser observada sin sentirse incómoda por ello.
Victoria levantó los ojos y sus miradas se encontraron y Clara tuvo la extraña sensación de que aquella joven no se había sorprendido demasiado al verla. Simplemente la estaba observando con curiosidad.
—Señor McKenna. Señora McKenna. —Edward hizo una ligera inclinación de cabeza. —Sean bienvenidos.
—Edward —dijo Richard, estrechándole la mano con familiaridad—. Ha pasado demasiado tiempo.
—Ciertamente —respondió Edward, manteniendo la mirada.
Margaret recorrió el vestíbulo con la mirada antes de volver a fijarla en Edward.
—Hay cosas que no cambian —comentó, alisando suavemente una de las mangas de su vestido.
Edward sostuvo su mirada unos segundos.
—Otras sí —respondió, sin apartar los ojos de ella.
La mujer no respondió. Victoria, en cambio, volvió a mirar a Clara.
—¿Y ella? —preguntó, observándola con una curiosidad que Clara no supo si considerar natural o deliberada.
Clara sostuvo su mirada antes de responder.
—Clara Foster —se presentó, extendiendo ligeramente la mano.
—Victoria McKenna —se presentó ella, manteniendo la mirada de Clara unos segundos más antes de tenderle la mano.
—Encantada —respondió Clara, estrechándosela.
—Igualmente —contestó Victoria, aunque no soltó su mano inmediatamente
Clara fue la primera en retirarla y Victoria dejó aparecer una sonrisa apenas perceptible.
El contacto fue breve, aunque ninguna de las dos apartó la mirada.
—No sabía que había visitas —comentó Clara, retirando lentamente la mano.
Victoria dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Nosotros tampoco sabíamos que te encontraríamos aquí.
—Entonces supongo que estamos igual —respondió Clara, observándola con atención.
—Supongo que sí —contestó Victoria, manteniendo aquella sonrisa mientras estudiaba su expresión.
Clara no sabía exactamente qué esperaba encontrar en Victoria McKenna, pero aquella seguridad tranquila le resultaba difícil de ignorar.
Demasiado segura de sí misma.
Victoria, por su parte, recorrió con discreción la figura de Clara y reparó en algo que le llamó la atención: no parecía impresionada por encontrarse en Blackwood Manor ni por estar frente a una familia que conocía desde hacía tantos años.
Así que ella es Clara Foster.
No era exactamente la mujer que había imaginado.
Los pasos que descendían por la escalera interrumpieron el intercambio; Rowan apareció en el último tramo y, al ver a los McKenna, no mostró sorpresa ni Victoria tampoco.
—Victoria —dijo Rowan, mirándola directamente.
—Rowan —respondió ella con una sonrisa que se mantuvo un instante más de lo necesario mientras recorría su figura con discreción.
Seguía siendo tan atractivo como lo recordaba. Quizá incluso más.
El padre de Victoria se acercó a él con una sonrisa.
—Muchacho —saludó Richard, estrechándole la mano con familiaridad.
—Señor McKenna —respondió Rowan con una leve inclinación de cabeza.
—Sigues igual —comentó Richard, recorriéndolo con la mirada.
—Eso no suele ser un cumplido —respondió Rowan, manteniendo la calma.