Capítulo 15— Lo que ya estaba roto
La mañana llegó sin suavidad. Clara despertó antes de que el sonido de la casa empezara a moverse, con esa sensación incómoda de que algo no había terminado de cerrarse la noche anterior, como si la cena, las miradas y las frases a medias hubieran quedado suspendidas en algún punto invisible de Blackwood Manor.
Se quedó unos segundos mirando el techo antes de incorporarse lentamente. No era solo Victoria; no eran solo los McKenna. Era la forma en que ninguno de los hermanos había dicho exactamente lo mismo sobre nada. Y eso, de algún modo, era lo más inquietante.
Cuando bajó a la planta baja, encontró a Sebastián ya en el comedor, de pie junto a la mesa, con una postura tan controlada que casi parecía deliberada, como si sostenerse en calma fuera una tarea que requiriera esfuerzo constante.
—Buenos días —dijo Clara mientras entraba, dejando la chaqueta sobre una silla sin dejar de observarlo.
Sebastián tardó un segundo en responder, como si tuviera que regresar desde algún pensamiento profundo.
—Buenos días —contestó finalmente, sin apartar del todo la atención de la mesa.
Clara se sirvió café con calma, pero no lo bebió todavía. En lugar de eso, lo observó con más atención de la que probablemente era prudente.
—No has dormido bien —comentó, más como una observación que como una pregunta.
Sebastián levantó la vista un instante, breve, calculado.
—He dormido lo suficiente.
—Eso no es lo mismo.
—Aquí casi nada lo es —respondió él, y en su voz había algo que no terminaba de ser neutral.
Clara dejó la taza sobre la mesa con cuidado, como si el sonido pudiera romper algo que ya estaba frágil.
—Ayer no fue una cena normal —dijo entonces, sin rodeos esta vez, sosteniéndole la mirada con una seriedad que hizo que Clara dejara de jugar con la taza.
—Eso empieza a ser un patrón preocupante —respondió ella, frunciendo ligeramente el ceño mientras intentaba averiguar adónde quería llevar aquella conversación.
Rowan no respondió de inmediato. La pausa fue demasiado medida para parecer casual y Clara lo observó con mayor atención.
—Finn no está —dijo finalmente, desviando apenas la mirada hacia el resto de la mesa.
Clara giró ligeramente la cabeza, sorprendida por aquella explicación.
—No estaba preguntando por él —respondió, arqueando ligeramente una ceja.
Una sonrisa apenas perceptible apareció en los labios de Rowan, aunque esta vez no tenía nada de su habitual ironía.
—Claro —murmuró, inclinando apenas la cabeza.
El silencio que siguió no resultó incómodo, pero sí lo bastante cargado como para que Clara dejara la taza sobre la mesa sin llegar a beber.
—Ayer dijiste algo —empezó, manteniendo los ojos sobre él mientras decidía cuánto quería preguntar.
Rowan no le pidió que aclarara a qué se refería. Aquello, por alguna razón, hizo que Clara sintiera que llevaba varios segundos esperando precisamente aquella pregunta.
—¿Qué parte? —respondió simplemente, sin apartar la mirada.
Clara sostuvo sus ojos durante unos instantes, consciente de que aquella vez no quería permitirle escapar con una respuesta ambigua.
—La parte en la que «yo cambiaba algo».
Rowan bajó la mirada un instante. No fue evasión, simplemente cálculo. Como si estuviera eligiendo qué versión de la verdad podía permitirse.
—No fue exactamente lo que quise decir —admitió al fin.
—Eso lo escucho demasiado aquí —comentó Clara, intentando restarle importancia, aunque la forma en que bajó la mirada la traicionó.
Rowan volvió a mirarla, esta vez directamente, como si aquella pequeña reacción hubiera confirmado algo que ya sospechaba.
—No deberías tomarlo como algo personal —dijo, manteniendo la mirada fija en ella.
Clara dejó escapar una breve risa sin humor antes de volver a encontrarse con sus ojos.
—Demasiado tarde —respondió, sosteniéndole la mirada.
El aire cambió ligeramente. No por tensión evidente sino por reconocimiento. Porque ambos sabían que ya era personal. Antes de que Rowan pudiera responder, hubo pasos en el pasillo. Finn apareció en la entrada. Se detuvo al verlos y no habló de inmediato.
Y ese detalle, otra vez, fue el que cambió la dinámica de la habitación. Porque Finn siempre entraba como si ya supiera lo que iba a decir. Pero esta vez no.
—Tenemos que hablar —dijo finalmente.
Finn no miró a Rowan. Clara y él apoyaron los brazos en la encimera, aunque la expresión de Finn había perdido por completo aquella ligereza habitual.
—Eso suena ominoso incluso para ti —comentó Clara, observándolo con creciente inquietud.
Finn no reaccionó al comentario, y precisamente aquella ausencia de respuesta consiguió preocuparla todavía más.
Clara dejó la taza lentamente sobre la encimera.
—Entonces habla —exigió, sosteniéndole la mirada mientras intentaba contener la creciente sensación de que algo estaba a punto de cambiar.
Finn dudó durante un segundo. Clara alcanzó a percibir aquella vacilación antes incluso de que él tomara una decisión, como si estuviera calculando cuánto podía revelar y cuánto tendría que pagar por hacerlo.
—Victoria ha vuelto a escribir —dijo al fin.
Clara sintió que algo se tensaba dentro de la casa, aunque no supo si era la noticia o la forma en que los tres hombres habían reaccionado ante ella.
—¿Otra vez? —murmuró Rowan, levantando finalmente la mirada hacia su hermano.
Finn asintió y sostuvo sus ojos durante unos segundos antes de responder.
—Y no es lo mismo que antes —añadió, negando lentamente con la cabeza.
Clara dio un paso hacia delante, incapaz de contener ya la inquietud que le había provocado aquella frase.
—Explícate —pidió, frunciendo ligeramente el ceño.
Finn inspiró lentamente, reuniendo sus pensamientos antes de enfrentarse a las miradas de sus hermanos. Cuando finalmente alzó la vista, la decisión ya estaba tomada.