Capítulo 23 — Lo que no se puede ignorar
Clara no volvió a guardar la carta, siendo lo primero que cambió. Ni la dobló ni la escondió…simplemente la dejó donde los demás pudieran fingir que no existía.
La mantuvo consigo, como si el simple hecho de tocarla la obligara a no olvidar lo que había leído. Cuando bajó a la planta baja, la casa ya no tenía el mismo silencio del día anterior.
Ahora era peor, porque no era silencio… Era contención.
Sebastián fue el primero en verla y lo supo antes de que ella hablara.
—No deberías tenerla contigo —dijo en cuanto sus miradas se cruzaron, y aunque su voz permaneció tranquila, Clara reconoció aquella forma de hablar que ya había aprendido a asociar con algo que él consideraba peligroso.
Clara no se detuvo.
—Ya empezamos otra vez con lo que debería o no debería hacer.
Sebastián dio un paso hacia ella.
—Clara, eso no es un documento cualquiera —dijo, manteniendo la mirada sobre ella, como si necesitara que comprendiera que esta vez no estaba intentando discutir con ella, sino advertirle.
Ella se giró y esta vez no había duda en su voz.
—Lo sé.
Esa respuesta lo descolocó más de lo que habría querido admitir. No, porque no era resistencia, sino comprensión.
Clara sabía que la carta era importante; lo que ya no estaba dispuesta a aceptar era que todos parecieran conocer las consecuencias menos ella.
Rowan apareció desde el pasillo y al verla, dejó de caminar un segundo.
—No has dormido —comentó, observándola con atención, como si aquella simple constatación pudiera decirle cuánto había descubierto durante la noche.
Clara lo miró.
—No es lo único que no he hecho.
Rowan no respondió, pero aquella vez su expresión cambió ligeramente como si hubiera entendido perfectamente lo que Clara quería decir.
Finn llegó detrás y al verla con la carta en la mano, su expresión cambió. Como alguien que confirma algo que ya temía.
—Clara… —empezó.
Pero ella lo interrumpió, sin levantar la voz.
—No.
El silencio se instaló de inmediato. Finn cerró la boca, Rowan dejó de moverse y Sebastián bajó la mirada un instante.
Clara respiró hondo y dio un paso hacia delante.
—Voy a salir —dijo, sosteniendo la carta con más fuerza entre los dedos.
Esa frase sí rompió algo, haciendo que Rowan reaccionara primero.
—No —respondió él de inmediato.
Clara lo miró.
—No es una pregunta.
Rowan sostuvo su mirada durante unos segundos y, por primera vez, no pareció tener una respuesta preparada, haciendo que Sebastián interviniera de inmediato.
—No deberías hacerlo sola —dijo, acercándose un poco más. No había dureza en su voz, pero sí una preocupación que Clara ya no podía fingir que no veía.
Clara se giró hacia él.
—No estoy pidiendo permiso.
Sebastián apretó ligeramente la mandíbula porque sabía que aquella no era una discusión que pudiera ganar diciéndole simplemente que no.
Finn dio un paso hacia ella, como si acercarse demasiado pudiera romper algo.
—No entiendes lo que implica salir ahora —dijo, manteniendo la voz baja.
Clara lo sostuvo con la mirada y esa vez no dudó.
—Entonces explícamelo.
Finn abrió la boca, pero no habló y ese fue el problema.
Y Clara lo entendió en ese mismo instante. Podían explicárselo, decirle qué había fuera de aquellas paredes. Y qué significaba aquella carta y por qué los tres habían reaccionado de aquella manera, pero estaban eligiendo no hacerlo.
Rowan se pasó una mano por la nuca.
—Esto es una mala idea —admitió finalmente, sin apartar los ojos de Clara.
—Lo sé —respondió Clara.
Sebastián frunció el ceño.
—Entonces…
—Pero necesito hacerlo igual —dijo ella antes de que pudiera terminar.
Finn la miró como si estuviera buscando una forma de detenerla sin romperla. Y esa fue la primera vez que Clara lo vio así.
No como guardián sino como alguien que estaba perdiendo el control de algo que creía entender. Y quizá eso era precisamente lo que más la inquietaba porque Finn no parecía enfadado, más bien parecía asustado.
—No puedes ir a la isla con esa carta —dijo finalmente, bajando todavía más la voz.
Clara sostuvo la mirada.
—Sí, puedo.
Rowan soltó una risa breve sin humor.
—Esto se está volviendo una costumbre peligrosa contigo —dijo, negando ligeramente con la cabeza, aunque la expresión de sus ojos no tenía nada de divertido.
Clara no respondió porque ya estaba decidiendo. Sebastián dio un paso más y sostuvo su mirada.
—Si sales ahora, no vas a poder ignorar lo que encuentres —dijo, como si aquella fuera la última advertencia que estaba dispuesto a darle.
Clara apretó la carta entre los dedos.
—Nunca he estado ignorando nada.
Finn bajó la mirada un instante y cuando volvió a hablar, su voz fue más baja.
—Entonces ten cuidado con lo que buscas.
Clara sostuvo su mirada y durante un instante ninguno de los dos apartó los ojos.
—Demasiado tarde para eso —respondió y salió.
La puerta se cerró detrás de ella, pero lo que dejó dentro no fue silencio, sino un movimiento. Porque, ninguno de los tres hermanos estaba de acuerdo en cómo detenerla.