Treinta Dias Con Los Blackwood

Capítulo 24 — Lo que la isla no olvida

Capítulo 24 — Lo que la isla no olvida

El aire fuera de Blackwood Manor era distinto, no más ligero, solo más honesto. Clara caminaba sin un destino claro, siguiendo uno de los senderos que descendían hacia la costa, con la carta todavía en el bolso, como si pesara más de lo que el papel podía justificar.

No había venido a la isla para esto, o al menos eso se repetía a sí misma desde hacía días. Había llegado para trabajar. Para catalogar una biblioteca.

Para cumplir con el encargo de Eleanor y marcharse cuando aquellos treinta días terminaran, eso era lo que había pensado cuando aceptó.

Eso era lo que todavía intentaba recordar cada vez que algo dentro de aquella casa conseguía hacerle olvidar que, en realidad, su vida había comenzado a cambiar desde el mismo momento en que puso un pie en Blackwood Manor.

Pero ya no estaba segura de cuándo la historia había dejado de ser trabajo y había empezado a convertirse en otra cosa.

Quizá había sido con la primera carta, o con la forma en que los tres hermanos habían reaccionado al verla o quizá mucho antes.

El sonido del mar apareció antes que el paisaje, constante y profundo. Como si estuviera recordándole que nada en aquella isla era realmente silencioso.

Clara siguió caminando unos pasos más.

—Sabía que acabarías aquí.

La voz la detuvo sin sobresalto.

Porque ya la reconocía antes de girarse. Era Finn; estaba a unos metros, solo y sin esa distancia defensiva que llevaba dentro de la casa.

Clara lo observó durante un instante; había algo diferente en él allí fuera, quizá era el mar, quizá era el espacio abierto o quizá simplemente era ella, que empezaba a mirarlo de otra manera.

Dentro de la mansión, Finn parecía medir cada palabra, cada gesto, cada reacción. Como si llevara demasiado tiempo acostumbrado a controlar todo lo que mostraba.

Allí, en cambio, parecía menos estructurado… más humano. Y aquella diferencia le resultó mucho más peligrosa de lo que quería admitir.

—¿Me estás siguiendo? —preguntó finalmente, cruzándose de brazos mientras lo estudiaba con una mezcla de desconfianza y curiosidad.

Finn negó despacio, aunque una pequeña curva apareció en una de las comisuras de sus labios.

—No —dijo al fin—. Te estoy encontrando.

Clara lo miró durante unos segundos, intentando decidir si aquella respuesta le parecía tranquilizadora o todo lo contrario.

—Eso suena peor.

Una sombra de sonrisa apareció en los labios de Finn, breve, casi involuntaria. Pero suficiente para cambiarle ligeramente la expresión.

—Depende de cómo lo quieras interpretar —respondió, encogiéndose apenas de hombros mientras desviaba la mirada hacia el mar.

Clara cruzó los brazos con más fuerza.

—Empiezo a notar que esa es vuestra frase favorita en esta casa.

Finn dejó escapar una pequeña exhalación por la nariz y la sonrisa desapareció casi enseguida; parecía no tener ganas de bromear realmente.

Observó el mar durante unos segundos, con las manos metidas en los bolsillos, como si necesitara mirar algo que no fueran los ojos de Clara para decidir qué decir.

—La isla no olvida —dijo al fin.

Clara giró ligeramente la cabeza hacia él, intentando descifrar aquella frase.

—¿Eso es una advertencia? —preguntó, entrecerrando los ojos.

Finn negó despacio, sin apartar la mirada del horizonte.

—Es una explicación —respondió finalmente, girando el rostro hacia ella.

Clara sostuvo su mirada sin estar segura de qué esperaba encontrar en sus ojos.

Quizá una respuesta o una pista. Pero lo único que encontró fue esa misma reserva que llevaba días intentando atravesar y el silencio que siguió no fue incómodo ni pesado.

Como si aquellas tres palabras hubieran dejado algo entre ellos que ninguno sabía todavía cómo nombrar.

Clara bajó la mirada al bolso; la carta seguía allí. Y solo pensar en ella volvió a hacerle sentir aquella presión en el pecho.

—Leí la carta otra vez —dijo, rozando distraídamente la solapa del bolso con los dedos.

Finn no reaccionó de inmediato, pero su cuerpo sí. Los hombros se le tensaron apenas, como si algo dentro de él hubiera cambiado de temperatura al escucharla.

—No deberías haberlo hecho sola —respondió, volviendo la mirada hacia ella.

Clara soltó una risa breve y sin humor mientras apartaba la mano del bolso.

—Eso ya lo he escuchado bastante como para empezar a ignorarlo.

Finn inclinó ligeramente la cabeza, estudiándola.

—No es por controlarte —dijo, manteniendo la voz baja mientras daba un paso hacia ella.

Clara sostuvo su mirada, sin retroceder.

—Entonces explícame qué es —exigió, dejando caer los brazos a ambos lados del cuerpo.

Finn respiró hondo y ese gesto fue más largo de lo habitual. Clara esperó; no iba a salvarlo de aquella respuesta… No esta vez.

—Es por lo que pasa cuando empiezas a encajar piezas que no deberían encajar aún —admitió finalmente, pasándose una mano por la nuca mientras buscaba las palabras.

Clara dio un paso hacia él.

—Finn… ya están encajando —dijo, clavando los ojos en los suyos.

El silencio volvió, pero distinto. Porque esta vez no era falta de respuesta, era conflicto.

Finn bajó la mirada un instante, como si aquellas palabras hubieran llegado exactamente al lugar que llevaba días intentando proteger.

—Eleanor no era solo alguien del pasado —dijo al fin, levantando de nuevo los ojos hacia ella.

Clara no se movió.

—Ya lo había entendido —respondió, ladeando ligeramente la cabeza.

Finn negó ligeramente.

—No del todo —murmuró, con la mandíbula tensándose apenas.

Ese matiz cambió el aire y Clara sintió algo frío en el estómago. Porque si había algo que había aprendido desde que llegó a Blackwood Manor, era que cada vez que uno de los tres decía que ella todavía no entendía algo, significaba que había otra parte de la historia que llevaban demasiado tiempo ocultándole.




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