Capítulo 25 — Lo que se rompe en voz baja
Clara no había vuelto a la casa de inmediato; se quedó un rato más junto al mar, observando cómo el agua golpeaba las rocas con una insistencia constante, casi paciente, como si la isla tuviera todo el tiempo del mundo para esperar a que alguien entendiera lo que ocurría.
Pero ella no estaba entendiendo nada, solo estaba encajando piezas y cada una encajaba demasiado bien con la siguiente.
Cuando regresó a Blackwood Manor, el ambiente había cambiado otra vez, no de forma evidente sino en esos detalles pequeños que solo notas cuando ya has aprendido a desconfiar del silencio.
Finn estaba en el vestíbulo, solo y de pie, como si estuviera esperando algo que no terminaba de llegar.
Clara se detuvo al verlo, pero no entró de inmediato, porque algo en su postura no era habitual.
No era calma, era contención.
—Estabas fuera —dijo Finn al verla, manteniendo la mirada sobre ella como si necesitara confirmar que realmente había regresado antes de continuar.
Clara dejó el abrigo sobre la silla más cercana.
—Necesitaba aire —respondió, sin molestarse en explicar nada más, porque después de todo lo ocurrido junto al mar no estaba dispuesta a fingir que sabía cómo contarle lo que había descubierto.
Finn asintió despacio, pero no apartó la mirada, y aquella insistencia empezó a incomodarla más de lo que quería admitir.
Ese era el problema con él últimamente: miraba como si estuviera midiendo cosas que no decía, y Clara lo notó y no pudo ignorarlo.
—¿Qué pasa? —preguntó finalmente Clara, cruzando los brazos mientras esperaba que Finn dejara de rodear el tema y le dijera de una vez qué estaba ocurriendo.
Finn tardó un segundo, y aquel segundo fue uno de esos que Clara ya reconocía demasiado bien, porque siempre significaba que estaba buscando la forma de decir algo sin contar demasiado.
—Rowan está enfadado —dijo al fin, bajando ligeramente la voz.
Clara arqueó una ceja porque aquello no le parecía precisamente una novedad.
—Rowan siempre está a medio camino entre el sarcasmo y el enfado. Eso no es información nueva —respondió, esperando que Finn entendiera que aquella respuesta no iba a servirle para esquivar la conversación.
Finn la observó unos segundos más, pero esta vez la pausa fue distinta, más cargada, como si estuviera decidiendo hasta dónde estaba dispuesto a llegar.
—No conmigo —corrigió.
El aire cambió; Clara lo sintió porque aquella aclaración significaba que había algo más detrás de lo que Finn acababa de decir y, después de todo lo ocurrido, ya no podía pensar que se trataba simplemente de una discusión entre los hermanos.
—Explícate —dijo más despacio, sin apartar la mirada de él.
Finn pasó una mano por la nuca, un gesto que no era casual, sino una forma de ordenar algo dentro de su cabeza antes de dejarlo salir.
—Le dije demasiado sobre Eleanor —admitió finalmente.
Clara se quedó quieta porque aquella confesión confirmaba que entre ellos existían límites sobre lo que podían contarse y que, de alguna manera, ella seguía estando al otro lado de esos límites.
—¿Demasiado cómo? —preguntó, sin apartar los ojos de él.
Finn la miró y esta vez su voz bajó un tono, como si incluso decir aquello en voz alta pudiera ser demasiado.
—Lo suficiente como para que empiece a conectar cosas que no debería conectar todavía —respondió, dejando escapar el aire lentamente.
Clara respiró hondo porque empezaba a comprender que aquello que ellos llevaban tanto tiempo intentando mantener separado quizá ya estaba empezando a encajar delante de ella.
—¿Y eso qué significa exactamente? —insistió Clara, porque empezaba a entender demasiado. Finn no respondió de inmediato y, cuando lo hizo, no fue completo.
—Significa que Rowan no está viendo la misma versión de la historia que yo —admitió finalmente.
Clara lo sostuvo con la mirada.
—Entonces hay versiones —dijo lentamente.
Finn no lo negó y eso fue peor que cualquier confirmación verbal.
—Siempre las ha habido —admitió, bajando la mirada durante un instante.
Clara dio un paso hacia él, no agresivo, pero sí definitivo.
—Eso no es un misterio —dijo—. Es una manipulación.
Finn cerró los ojos un instante, como si esa palabra pesara más de lo esperado.
—No es tan simple —respondió al fin.
Clara soltó una risa breve, sin humor.
—Esa es otra de vuestras frases favoritas.
Finn la miró entonces y esta vez no había defensa, solo algo más cansado.
—Clara… no todo lo que estás viendo está completo —dijo, bajando la voz.
—Eso lo he entendido hace días —respondió ella. —Lo que no entiendo es quién decide qué parte falta.
Finn bajó la mirada.
—No lo decide nadie —dijo finalmente. — Se fue construyendo así.
Clara lo observó.
Y por primera vez no lo vio como guardián del secreto, sino como alguien atrapado dentro de él y, antes de que pudiera responder, pasos firmes en el pasillo.
Rowan apareció y esta vez no había ironía en su expresión demasiado clara.
—No vuelvas a hacer eso —dijo directamente, mirando a Finn.
Clara giró hacia él.
—¿Hacer qué?
Rowan no la miró al principio, no porque la ignorara, sino porque estaba conteniendo algo.
—Contarle solo una parte —respondió finalmente.
Finn no reaccionó, pero su mandíbula se tensó.
Clara miró entre los dos.
—¿Solo una parte de qué exactamente?
Rowan soltó una exhalación lenta, y aquella exhalación ya era una respuesta emocional antes de la frase.
—De Eleanor —dijo al fin.
Clara sintió el golpe, no por el nombre, sino por la forma en que lo dijeron, como si no fuera una persona, sino un punto de ruptura.
—Entonces decididlo —dijo Clara, esta vez más firme—. O me lo contáis todo, o dejáis de fingir que esto es algo que puedo ignorar.