Capítulo 26 — Lo que no pueden ocultar
Ninguno de los dos respondió, pero esta vez, el silencio no consiguió incomodarla. Clara había pasado demasiados días intentando entender lo que ocurría en aquella casa, esperando que alguno de los tres decidiera cuánto podía saber, y ahora, por primera vez, no tenía intención de ser ella quien rompiera el silencio.
Finn seguía frente a ella, con aquella expresión cansada que parecía haberse instalado en su rostro desde que Clara había empezado a hacer preguntas que ninguno de los tres quería responder. Rowan permanecía unos pasos más atrás, con los brazos cruzados y la mandíbula todavía tensa, aunque ahora su atención ya no estaba puesta en su hermano.
Estaba puesta en ella; Clara lo notó. Era difícil no hacerlo.
—¿Qué? —preguntó Rowan finalmente, inclinando ligeramente la cabeza.
Clara arqueó una ceja.
—Estoy esperando.
Una sonrisa breve apareció en la comisura de los labios de Rowan; no era la sonrisa despreocupada que solía utilizar cuando quería provocarla. Era algo diferente, algo que Clara no supo interpretar del todo.
—Eso es nuevo —murmuró él, descruzando lentamente los brazos.
—¿El qué? —preguntó Clara, mirándolo con atención.
—Que seas tú quien nos haga esperar.
Finn soltó una pequeña exhalación que estuvo a medio camino entre una risa y un intento de evitarla.
Clara lo miró durante unos segundos. La forma en que Finn había respondido, con aquella pequeña sonrisa que no parecía capaz de contener, le resultaba casi absurda después de la tensión que acababan de vivir.
Pero, al mismo tiempo, había algo en aquella reacción que conseguía relajar ligeramente el ambiente, aunque Clara no estaba dispuesta a permitir que el humor de Finn desviara la conversación.
—¿Te parece divertido? —preguntó, cruzándose de brazos mientras lo observaba fijamente.
Clara lo miró fijamente, esperando que por una vez Finn entendiera que no estaba para bromas.
—Un poco —admitió él, encogiéndose ligeramente de hombros.
La respuesta llegó acompañada de una sonrisa que Finn intentó disimular demasiado tarde.
—Pues intenta contenerte —dijo Clara, arqueando ligeramente una ceja.
Finn hizo un esfuerzo evidente por contener la sonrisa, aunque la comisura de sus labios volvió a traicionarlo y terminó bajando la mirada durante un instante.
—Lo estoy intentando.
Clara entrecerró los ojos porque aquella respuesta llevaba exactamente la clase de tono que esperaba de él cuando quería quitarle importancia a algo que, para ella, seguía siendo demasiado serio.
—No parece.
Finn sonrió, esta vez sin ocultarlo del todo, y dejó escapar una pequeña exhalación que terminó pareciéndose demasiado a una risa.
Y aquella sonrisa consiguió algo que Clara no esperaba: durante un instante consiguió romper la tensión que había llenado el vestíbulo.
Solo durante un instante.
Porque unos pasos después, Sebastián apareció en el pasillo.
Se detuvo al verlos y su mirada pasó de Clara a Finn antes de dirigirse hacia Rowan, como si intentara averiguar qué estaba ocurriendo sin necesidad de preguntar.
No necesitó hacerlo.
Algo en la expresión de sus hermanos debió bastarle.
—¿Qué habéis hecho ahora? —preguntó, deteniéndose a unos pasos de ellos mientras arqueaba una ceja.
Rowan giró ligeramente la cabeza hacia él, y por primera vez pareció casi aliviado de tener una excusa para apartar la atención de Clara.
—Curiosamente, esta vez no he sido yo —respondió, levantando ligeramente las manos.
Sebastián arqueó una ceja, mirándolo con esa expresión de paciencia contenida que Rowan parecía conocer demasiado bien.
—Todavía —respondió, cruzándose de brazos.
Clara no pudo evitar una sonrisa, pequeña y casi involuntaria, pero suficiente para que Rowan volviera a mirarla. Esta vez su mirada se quedó sobre ella un segundo más de lo necesario, y Clara sintió aquel pequeño cambio entre los dos, esa tensión diferente que aparecía cada vez que ninguno parecía dispuesto a apartar los ojos.
Fue Sebastián quien terminó rompiendo aquel momento.
—¿Qué quieres saber? —preguntó, dejando caer lentamente los brazos mientras centraba toda su atención en ella.
La pregunta llegó con una calma que contrastaba demasiado con la tensión que todavía flotaba en el vestíbulo. Clara tardó un instante en apartar la mirada de Rowan antes de volver su atención hacia Sebastián.
—La verdad.
Sebastián sostuvo su mirada durante unos segundos. Esta vez no respondió inmediatamente.
Clara esperó.
Finn dejó de sonreír al otro lado del vestíbulo y Rowan permaneció completamente quieto, observándolos a ambos.
Aquella reacción fue suficiente para que Clara comprendiera que había tocado exactamente el punto que ninguno de ellos quería tocar.
—Eso puede significar muchas cosas —dijo Sebastián finalmente, ladeando ligeramente la cabeza.
Clara negó lentamente con la cabeza, sin apartar los ojos de él.
—Para mí no.
Nadie respondió y el silencio que siguió fue mucho más pesado que el anterior.
Clara dejó que pasaran unos segundos sin apresurarse a llenarlos. Ya había hecho demasiadas preguntas para recibir respuestas a medias. Esta vez no pensaba facilitarles una salida.
Sebastián mantuvo la mirada sobre ella, pero algo había cambiado en su expresión. Finn tampoco intervino, y Rowan había dejado de mostrar aquella sonrisa que parecía acompañarlo incluso cuando la situación se volvía incómoda.
Clara los miró a los tres… Uno después de otro, tuvo la sensación de que no estaba esperando una respuesta. Estaba esperando que alguno de ellos se atreviera a decirla.
Sebastián dio un paso hacia ella, no demasiado, solo lo suficiente para que Clara fuera consciente de su presencia de una forma distinta a como lo había sido hasta ese momento.
—Entonces tendrás que aceptar que algunas verdades no pueden contarse de una sola vez —dijo, manteniendo la mirada sobre ella mientras dejaba que sus palabras quedaran entre los dos.