Treinta Dias Con Los Blackwood

Capítulo 27 — Dudas y más preguntas

Capítulo 27 — Dudas y más preguntas

El silencio en el salón se había prolongado tanto que Clara empezó a ser consciente de los pequeños sonidos que normalmente pasaban inadvertidos.

El crepitar de la leña en la chimenea, el viento golpeando suavemente los ventanales y el reloj marcando los segundos con una regularidad casi irritante.

Pero, por encima de todo, estaba aquella quietud incómoda que parecía haberse instalado entre los cuatro, como si ninguno quisiera ser el primero en romperla y decir en voz alta aquello que todos llevaban demasiado tiempo evitando.

Clara los observó uno por uno.

Sebastián permanecía serio, con aquella expresión controlada que cada vez le resultaba más fácil reconocer, aunque ahora había algo diferente en sus ojos. Rowan había dejado atrás cualquier rastro de su habitual provocación y la miraba con una atención que no intentaba disimular. Finn, en cambio, parecía estar intentando decidir si debía intervenir o permanecer en silencio.

Y aquella vez Clara no pensaba facilitarles la decisión.

Había llegado hasta aquel punto siguiendo pequeñas pistas, conversaciones interrumpidas y respuestas que nunca terminaban de responder a sus preguntas. Durante días había aceptado que quizá necesitaba tiempo para comprender la historia de Eleanor, que los Blackwood tenían derecho a conservar una parte de su pasado lejos de ella.

Pero ya no podía seguir convenciéndose de aquello… La carta llevaba su nombre.

Eleanor había escrito aquellas palabras pensando en alguien que todavía no había llegado a Blackwood Manor. Y los tres hermanos sabían mucho más de lo que estaban dispuestos a reconocer.

Clara tomó aire lentamente, dejando que la mirada pasara de uno a otro antes de detenerse finalmente en Sebastián. Ya no sentía la misma necesidad de llenar los silencios que había sentido al principio de su estancia en aquella casa. Ahora había aprendido algo mucho más importante: el silencio también podía ser una respuesta.

Y esta vez no estaba dispuesta a conformarse con ella.

—Voy a hacer la pregunta una última vez. —Clara mantuvo la mirada sobre Sebastián, dejando que el silencio que siguió a sus palabras hiciera evidente que realmente esperaba una respuesta.

Ninguno se movió.

Clara esperó unos segundos, observando cómo Rowan tensaba ligeramente la mandíbula y cómo Finn bajaba la mirada durante un instante, como si aquella pregunta ya hubiera sido formulada demasiadas veces en su cabeza, y volvió a hablar.

—¿Por qué vivió aquí?

Sebastián permaneció unos segundos en silencio antes de responder. Su mirada se desvió hacia la chimenea, como si la respuesta que estaba a punto de dar no perteneciera realmente a aquel salón, sino a muchos años atrás, a una época de la que ninguno de los tres hablaba demasiado.

—Porque después de que nuestra madre muriera, Eleanor se quedó con nosotros. —Sebastián apoyó lentamente una mano sobre el brazo del sillón—. Nuestro padre seguía aquí, pero éramos demasiado jóvenes para entender muchas de las cosas que estaban ocurriendo a nuestro alrededor. Eleanor decidió quedarse.

Clara lo observó con atención; aquello sí era nuevo. Sabía que Eleanor era su tía. Lo había sabido desde el principio. Lo que no sabía era hasta qué punto había formado parte de sus vidas después de la muerte de sus padres.

—¿Se quedó aquí? —preguntó, dejando que la carta descendiera lentamente hasta apoyarse contra su pierna.

Rowan asintió mientras apoyaba una mano sobre el respaldo de una de las sillas.

—Sí. —Su expresión perdió por un instante aquella seguridad que solía acompañarlo—. Se quedó en Blackwood y permaneció aquí hasta el final.

Finn bajó ligeramente la mirada y dejó escapar una respiración lenta antes de añadir:

—Eleanor nunca dejó la casa. —Sus dedos se movieron distraídamente sobre la taza que tenía entre las manos—. Ni siquiera cuando nosotros crecimos y empezamos a hacer nuestra propia vida. Blackwood siguió siendo su lugar.

Clara sintió que aquellas palabras tenían mucho más peso del que aparentaban. Miró a Sebastián, después a Rowan y, finalmente, a Finn, intentando imaginar aquella casa de hace muchos años, cuando los tres hermanos todavía eran demasiado jóvenes para enfrentarse solos a la pérdida de sus padres y Eleanor había sido la persona que permaneció a su lado.

—Entonces fue ella quien estuvo con vosotros. —La voz de Clara se suavizó al comprender por primera vez la dimensión de aquella presencia.

—Sí. —Sebastián asintió lentamente, y aunque solo pronunció aquella palabra, la forma en que su expresión cambió dejó claro que aquel recuerdo seguía teniendo un lugar demasiado profundo dentro de él.

Rowan apartó lentamente la mirada hacia el fuego.

—Eleanor estuvo aquí cuando todo cambió. —Su voz sonó más baja de lo habitual—. Cuando murió nuestra madre, cuando nuestro padre tuvo que hacerse cargo de todo y cuando nosotros todavía no sabíamos cómo seguir adelante.

Clara sintió un pequeño escalofrío.

—¿Os cuidó?

Finn levantó los ojos hacia ella y esbozó una sonrisa tenue, cargada de una nostalgia que Clara no le había visto antes.

—Más de lo que probablemente imaginas. —La sonrisa apenas permaneció unos segundos antes de desaparecer, sustituida por una expresión mucho más seria.

De repente, muchas de las reacciones que había visto en ellos empezaban a adquirir otro significado. La forma en que evitaban hablar de Eleanor, la incomodidad que aparecía cada vez que su nombre surgía en una conversación y aquella manera casi instintiva de proteger cualquier recuerdo relacionado con ella.

No estaban protegiendo simplemente un secreto. Estaban protegiendo una parte de su infancia… Y quizá también una parte de la mujer que había sido Eleanor para ellos.

—¿Y qué ocurrió después? —preguntó Clara finalmente, volviendo a apretar la carta entre los dedos—. Porque después de todo aquello tuvo que pasar algo.




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