Tres Jardines - Escucha lo que Habla

CADA PIEZA TIENE UNA FUNCION

Una noche donde la luna se observaba inmensa, alumbraba el altiplano dejando las sombras a los pies de cada objeto; ahí estaba la puerta, en medio de la nada olvidada por su pueblo Tiahuanaco en el enclave Putuni; reposaba sobre pastizales, rodeada de sierras bajo el cielo posterior al equinoccio vernal.  

En un pestañear apareció sin alboroto una silueta, salió de la sombra del arco monolítico para ser bañado por la luz de luna. Miro a su alrededor y supo que era un jardín verde; en la distancia otra criatura se acercó, lo estaba esperando algo decepcionada, no esperaba tener que llegar a esa puerta y no esperaba que sea solo una criatura. 

—¿Quién de todos eres? —al principio Miras se desconcertó por su atuendo, era como las aves llamativas de Eorgilmunil, revestidas de plumas para admirar, pensó que quizás también era esa la función de las vestimentas en aquel jardín. Llevaba puesto un vestido estilo imperio con cintura media color negro adornado de bordados y piedras brillantes en su busto, sobre este un fichus, con mangas piernas de cordero, debajo el corsé; su peinado elaborado con cintas y risos en la frente; perecía adorar las piedras preciosas que destellaban con esa luz de luna. Cuando el joven puedo ver su rostro humano también contemplo su trasformación varalayin. 

—Senlaiel de la quinta legión sexto jardín ¿y tú? —pregunto mostrado la apariencia que los hermanaba cuando descendía los escalones de la puerta. 

—Munmeialis de la décima legión tercer jardín; ha venido también otra criatura esta noche, pero cuando fuimos a su encuentro ya se la habían llevado; tu eres el indicio que ha fracasado el plan de Taiemilia, pero no es toda una gran perdida, para consuelo nuestro te acopiaste de una carne poderosa. 

—¿Qué aremos ahora? 

—Acompáñame, puedes llamarme Meredith Taylor tres veces mirando cualquier pared y estaré frente a ti; este es mi dominio, más adelante te presentare al resto, por ahora solo quiero que me cuentes que paso en Eorgilmunil —dijo mientras caminaban hasta una gran sombra que se extendía en la pared de una vieja casa arqueológica. 

—No pudimos llegar a abrir la puerta de Eorgilgalmina porque los mutgones nos traicionaron, perdimos contra las criaturas de carne porque nos superaron en fuerzas y Galoriaco, Tilafuiel y Meriaor fueron apresados por un terescalis mutgon. En plan de Taiemilia fue casi perfecto si no fuera porque todavía estaba Jalmer.  

—Ya veo, no todo está perdido debo haber bebido un coctel de optimismo antes de venir; en este lugar las guerras son a diario; y desde que llegamos la naturaleza de este campo de batalla nos obligó a ser más inteligentes y cautelosos, por otra razón desfavorables no podemos acometer riñas ya que los tuchnomixnas y muelmas tienes zonas consolidadas, disputarían con celo por el poder y justo en esta coyuntura somos un parvo de duces para enfrentarlos —entonces la pared desapareció y se tornó en un camino como la oscura selva que atravesó Dante, no dieron más que unos cuantos pasos a ciegas que llegaron desde la pared interna de un patio al palacio estilo Tudor que tenía dos torres octogonales y las paredes externas decoradas con relieves, el verdadero ya no existía, su ultimo dueño lo había desmantelo para vender sus materiales así salir de sus deudas por juego. 

—¿Qué es este lugar? —se interesó el joven flacucho; parecía un vorimor pero no lo era, parecía estar en un lugar, pero no estar al mismo tiempo. 

—Los llamamos pasillos, son el único paraje donde los hombres, a los que llaman valualyas no pueden encontrarnos. En este mundo no podrás moverte libremente hay reglas para las criaturas con mirtra; todo lo que desearas hacer pide ayuda a un cananeo; ellos son los mejores zapatos para la realidad de afuera. Debo regresar a la fiesta, volveré en un tiempo —dijo desapareciendo. 

Solo en el patio con piso de piedra de voladura, miro la luna de gusano yendo occidente, ese lugar verde era diferente a todo lo que había visto antes; un candelabro se acercó desde la gran puerta que estaba entre los patios internos. Era un hombre viejo de mirada severa, con solo tenerlo enfrente supo que estaba lleno de pecados. 

—Bienvenido mi Señor, la señora me pidió que lo asistiera en todo lo que necesitase. 

—Enséñame a leer y escribir, tengo tiempo de sobra, aunque puedo ver que a ti te falta. 

—No se preocupe por eso, porque cuando no tenga más tiempo, otro cananeo me suplirá. 

—¿Cómo es que sabes mi idioma hombre? 

—No lo sé, usted está hablando el mío, ya solerá este poder suyo; cada vez que se acerque a los hombres adquirirá su idioma ya que ustedes mis señores fueron despojados de una propia lengua —entonces Miras recordó que estaría maldito mientras tenga en su vorimor a los varalayines. 

Los pasillos fueron creador por la magia emanada por uno o varios magos. Estaban ocultos a la vista de los humanos y las criaturas de carne. Podían ser tan grandes como una ciudad o pequeños como una habitación; había pasillos dentro de otros, su existencia fue la respuesta a una necesidad de la creación: supervivencia. El Mimilti cuando creo al valualya lo corono en la cúspide de la pirámide, llenándolos de sus favores, de él hizo un depredador definitivo, cualquier criatura sucumbiría si estos de los propusieran. El tiempo de vida de cada creación ponía en evidencia todas las cuestiones; las criaturas de carne por su casi inmortalidad estaban atados a los tiempos de sus jardines, pero el valualya no, solo necesitaba un poco más de diez horas de sueño, frente a los días que necesitaban el resto, así nacieron los pasillos, fueron las cavernas seguras para los lileiquerras y mutgones, después se les sumaron lo varalayines cuando llegaron. 

Podían replicar algo ya existente como el palacio de Meredith Taylor; o tomar varias parcelas sin desarrollo y edificar dentro, además replicaban ciudades completas o partes de estas ya existentes; nunca un pasillo era creado solo de la imaginación del mago. Cada pasillo no tenía ubicación o entrada fija, la puerta siempre se abría en cualquier lugar inducidos por la invocación con mirtra de las criaturas de carnes u objetos anclados a la puerta que permitían la entrada de los humanos vinculados a la «historia oculta».  




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