Tres Lunas, Primera Luna

Dos, Ella.

La pequeña humana estaba dormida en la habitación que utilizaba cuando venía a casa de los Záitsev; la enorme cama la hacía parecer diminuta. Su cabello ahora estaba limpio, de un color que quizá en el futuro sería oscuro. Su piel era hermosa, como crema bajo la luz tenue. Respiraba apaciblemente; me vi forzado a ponerla bajo compulsión para que pudiera descansar, pues su mente parecía no querer darle tregua.

Unos golpes en la puerta atrajeron mi atención a la realidad. Me puse de pie, pasando mis manos por mi rostro para despejarme, y abrí.

—Mi padre me dijo que trajiste a una pequeña.

—Cross, buen día. ¿Cómo has estado? —dije con sarcasmo—. Modales, chucho, algún día serás Alfa.

—¿Por qué tan sensible, Lobo?

—Grigori —murmuré, apretando el puente de mi nariz con cansancio.

—Bien, bien... Buen día, señor Cross, ¿cómo se encuentra? Mi padre ha mencionado que usted ha traído a una niña humana... ¿Mejor?

—Eres incorregible... Sí, ella es un oráculo humano.

—¡Mierda!

—Esa boca; la pequeña podría escucharte.

—¡Está dormida!

—Grigori.

—Bien, bien... ¿Mi padre lo sabe?

—Sí, él me dijo que la trajera aquí, que este sería su refugio. Estará a salvo de los Cazadores tras estos muros.

Grigori volvió su mirada a la pequeña. Por su expresión, supe que pensaba lo mismo que yo.

—Es tan frágil.

—Y ha visto muerte toda su vida.

—La manada cambiará eso —dijo con una convicción que me hizo creer que así sería.

—Dejémosla descansar.

—Sobreprotector como siempre.

Reí ante el tono sarcástico de su voz y salimos de la habitación. Fui por comida para mí y la pequeña y, al poco tiempo, regresé. Cuando entré, me di cuenta de que estaba teniendo una pesadilla; su frente estaba perlada de sudor, sus puños y sus ojos estaban apretados, y temblaba violentamente. Dejé la charola sobre la mesa y me acerqué a ella.

—Verona, despierta.

Pero ella no despertó, ni siquiera cuando rompí la compulsión del sueño. Tomé su mano y sentí una corriente eléctrica tan intensa que casi hace que la suelte. El aire de la habitación se volvió pesado, cargado de una estática que me oprimía el pecho. Ese algo casi hizo que me pusiera de rodillas frente a la pequeña; hice a un lado cualquier pensamiento que fuese a brincar a mi mente en ese momento, lo único que importaba era que tenía que despertarla.

—Escucha, Verona, aquí estoy... estoy a tu lado, no voy a dejarte. Necesito que luches, cariño; lucha por ti, lucha por mí, por nosotros... vuelve a mí.

Apreté su mano, tratando de hacerle saber que no estaba sola. Verla así, con las mejillas rojas y temblando de miedo, me partía el alma. Trece años... para los estándares humanos ya era casi una adulta, pero para los de mi raza era un cachorrito con mucho por vivir. Me dolió pensar que su vida sería apenas un suspiro debido a su mortalidad comparada con la de nosotros. Así como la sostenía hoy de la mano, sentí el peso amargo de que, el día de mañana, podría estar sepultándola.

Me molestó la fragilidad humana. Los humanos son tan quebradizos, pero a su vez tan fuertes, tal como lo era Verona... Mi Verona.

Esa línea de pensamiento me aterró; no podía dejarla entrar. Ella era humana, una frágil y mortal humana, y yo... yo era un Lobo que apenas comenzaba a ser adulto. Tenía que olvidarme de lo que ella representaba. Sin embargo, no solté su mano. Me quedé allí hasta que su respiración se estabilizó y sus enormes ojos se abrieron, llenos de un temor profundo.

—No pude evitarlo —murmuró con voz pastosa.

—¿Qué no evitaste, cariño?

—Ver lo mismo desde que estoy aquí.

—¿Te refieres al futuro?

—Sí... no puedo evitarlo.

—Ese es tu don, cariño. No debes pelear con él; debes aceptarlo, abrazarlo y amarlo. Porque es lo que tú eres: una mujer con un don único.

—Una maldición que solo me ha traído muerte.

—Eso es porque la oscuridad es más fácil de recordar que la luz.

Se quedó en silencio, meditando mis palabras.

—Toda la gente que había a mi alrededor siempre me tuvo miedo... menos mis padres. Ellos me amaban y ahora no están. ¿Cómo podría ser un don y no una maldición?

—Porque los humanos temen a lo que no entienden y lo destruyen por temor. Nosotros somos de la naturaleza, de la magia; por ello es que amamos y entendemos lo que tú eres.

—Creo que nací en la raza equivocada.

—Pero ahora estás aquí, con la raza correcta.

Ella se incorporó y me abrazó, rodeando mi cuello con sus brazos. Estaba helada, pese a estar bajo las frazadas. La rodeé con mis brazos y la escuché suspirar antes de que se quedara dormida nuevamente. La recosté y la cubrí, pero esta vez me quité mi chamarra de pieles y se la puse encima; el aroma a bosque y a Lobo la reconfortaría más que cualquier manta.



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En el texto hay: lobos, amor, magia

Editado: 20.07.2026

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