La vida no volvió a ser la misma desde que Verona me dejó, pero decidí que lo mejor era continuar. Volví a casa y, como era de esperar, mi madre estaba feliz porque había aceptado casarme con la mujer que había elegido para mí. Mis hermanos protestaron por mi decisión, porque de esta manera reiteraba el poderío que mi madre aún tenía sobre la casa.
Pero ¿qué podía hacer? Dos años después me encontraba casado, esperando a la primera camada de cachorros. Solo sobrevivieron dos, pero no fue el único embarazo. Perdimos demasiados hijos; al final, y después de casi diez años, solo fueron siete. "Los siete magníficos", se decían a sí mismos. Éramos una familia unida, que se amaba. Pero yo solo tenía a una persona en mi corazón.
Me sorprendió la decisión de mi esposa de cambiarnos de hogar, a Nóvgorod. No es que no me gustase la nueva ubicación de la casa; cerca había un lago que en invierno se congelaba. La casa era rústica y cómoda, y los niños la amaban. Pero me sorprendió la premura con la que tomó la decisión. Por desgracia, los asuntos que me reclamaban estaban en otra parte. Había estado cerca de dos meses lejos del hogar que me reclamaba; asuntos competentes al liderazgo de la manada, al ser del círculo interno tenía que apoyar a mi señor. Estábamos por tener una reunión secreta con el consejo cuando el grito de auxilio de mis hijos me puso de rodillas.
Había Lobos en la casa y eran aterradores; estaba reponiéndome cuando una verdad me golpeó aún peor: yo estaba a cientos de kilómetros, no llegaría a tiempo... no podría salvarles.
—¿Qué ocurre? —me interrogó Grigori.
—Por los dioses, mi señor, mi familia... ellos...
—Vete ahora, no pierdas tiempo. Sandra, Vladimir, Loel, Viktor, síganlo... no pierdan tiempo, es un largo camino.
Más tiempo se tardó en darnos la orden de partir que el tiempo que me tomó salir del lugar donde nos encontrábamos. Había enviado a cuatro de sus Lobos, a cuatro de los mejores y más experimentados guerreros que tenía; no le había importado que yo le abandonara en ese momento. Esa era la razón por la que muchos le éramos leales: ponía a los demás sobre sí mismo.
Corrimos por horas, o quizá días, no lo sé. Cuando la casa entró en mi campo de visión ya estaba amaneciendo; el olor a miedo y sangre se percibía a kilómetros. Eso me impulsó a correr con más fuerza, pero llegué tarde. Muy tarde; la casa ardía en llamas y no había rastro de mi familia.
—Cross, en el lago —me informó Sandra.
Con paso cauteloso me dirigí de la entrada de la casa a la parte posterior; entonces vi a Sandra en cuclillas, con alguien en los brazos. No sentí que me estuviera moviendo hasta que sentí el peso de mi esposa en mis brazos. Mientras corría a ellos, pude experimentar el dolor y la agonía que ellos vivieron, el cómo la vida de uno a uno se iba extinguiendo. Usé la mayor parte de mi poder, encerrando a mis hijos en mi mente, lejos del terror, de esos Lobos, de... la muerte. Fue lo único que pude hacer; no pude salvar sus cuerpos, pero salvé su mente, su espíritu.
—¿Quién hizo esto, amor? Le rozué el rostro; apenas respiraba, las heridas que tenía en su cuerpo no sanarían. Ni con ayuda de diez sanadores juntos; para que ella se salvara se requería un milagro.
—Fue ella... —dijo en un susurro—. La mujer que... tu madre... escogió antes...
Una fuerte tos sanguinolenta evitó que continuara; me mataba tenerla entre mis brazos y solo verla morir.
—Tranquila, cariño, vas a estar bien —traté de consolarla.
—Ella lo sabía... ella pudo prevenir... nos...
—¿Ella? Verona... ella pudo prevenir esto... pero...
—Sí, ella... tenía una carta... dijo que... dijo que la Oscura... la Oscura quería recuperarte... que la quemaría...
—No te esfuerces, amor, ya no importa.
—No, esto... importa.
—No...
—Vladimir... esto importa... tu madre... ella lo sabía.
—¿Qué?
—Verona le informó... el ataque sería en su casa... por eso quise... mencionó que... las cartas de la Oscura no dejaron... no dejaron de llegar.
—Entiendo, ahora descansa. Ve... ve con nuestros pequeños y aguarden por mí.
—Te amo...
—Yo a ti.
Me quedé allí con ella, viendo cómo la vida se iba de sus ojos; al final, solo al final sonrió. Esperaba que... no, deseaba algún día reunirme con ellos. Entonces el lamento de los míos llegó a mis oídos; salía de mi propia garganta. El más triste de los aullidos; las manadas de lobos comunes a nuestro alrededor se unieron a nuestro dolor.
No hubo mucho que despedir de mis hijos, de modo que rogué a los dioses por el descanso de todos. No regresaría esa noche con Grigori; había algo más importante que hacer. Mi madre nos había destruido la vida desde que nacimos, con su idea de la sangre pura. Habíamos perdido a varias hermanas y hermanos, que se suicidaron antes de cumplir con los mandatos de mi madre.
Al ser el más grande de los hermanos, ellos esperaban que yo me rebelara, que no cumpliera con las órdenes. Si supieran que estuve a punto de hacerlo, pero que la mujer de mi vida no me quiso... Llamé a todos mis hermanos a una reunión; nadie quería ir a casa de nuestra madre, pero cuando les mencioné la razón para ello, aceptaron. Cerca del anochecer, en la entrada de la casa familiar, por llamarla de alguna manera, los trece restantes estábamos allí. Ellos trataban de consolarme, pero no existía consuelo para lo que había sucedido. La amaba, quizá no de la forma que ella merecía, pero la amaba.
Editado: 20.07.2026