Tres Secretos

8: En la cochera

 

NOVIEMBRE

— ¿No puede tomar un taxi o algo así? —pregunta Will mientras me rodea la cintura con su brazo.

Owen hace una mueca —Creo que tomaría más tiempo que él tome un taxi a que yo vaya por él.

Will rueda los ojos —Entonces ve —me mira—. Mientras tanto yo iré a traer la cámara nueva que me compró mamá.

Hago un puchero — ¿Puedo ir contigo?

Will niega —No bebé, solo voy a traer eso y todos están ahí —cuando dice todos se refiera a su padrastro y sus hermanastras—. No quiero que nos entretengan, ya regreso.

Me cruzo de brazos. — ¿Me quedaré sola?

Owen sonríe a Will —Mejor llévatela, no quiero que robe nada de mi casa.

Bufo — ¿Robar yo? No tengo necesidad de robar, ¿Qué podría llevarme? ¿Tus ridículos posters de Scarlett Johanson?

Will suelta una carcajada y Owen me fulmina con la mirada —No estarás sola —responde Owen con un tono burlón—. Tu mejor amigo viene en camino.

Arrugo la nariz — ¿El hippie? —Volteo con Will—. ¿Me dejaras aquí con el hippie para que escuche su discurso sobre el calentamiento global?

Will mira a Owen — ¿Por qué no te acompaña?

Owen lo señala — ¿Por qué no te acompaña a ti?

William me mira y en ese momento, vi algo extraño en sus ojos. No entiendo porque simplemente no lo acompañaba, su familia sabe que estamos saliendo y no parece que tienen problema con ellos, ¿Por qué quiere que me quede aquí?

—No —responde definitivamente.

Owen se encoje de hombros —Bueno, mejor me voy entonces, nos vemos en unos diez minutos —avisa.

Will asiente —Igual me voy ahora, llámame si… —hace una pausa—, solo llámame si algo pasa.

Miro a mí alrededor — ¿Qué podría pasar?

Sonríe de lado —Nada, no debería pasar nada.

Ambos salen y en pocos minutos escucho como sus autos se alejan. La casa de Owen es grande pero la cochera es básicamente de ellos, de la banda. No es necesariamente una cochera, aquí no guardan los autos, tienen un espacio diferente para ellos pero le siguen llamando así, “cochera”.

Pasan pocos minutos cuando escucho otro auto, suspiro al imaginarme que debe ser Dylan. En menos de dos minutos, se acerca y toca la puerta de madera, ¿Acaso no le avisaron que ellos se han ido y que Rilley está retrasado?

Me acerco a la puerta y abro, Dylan sonríe mientras junta sus manos para darse calor. —Hola Bryn, ¿Cómo estás?

No le contesto, en su lugar le digo: —Ellos ya regresan, fueron por Rilley —y una cámara.

Dylan se quita la pesada chaqueta azul pero se deja el gorro de lana del mismo color, ese gorra le hace ver como si tuviera el cabello más corto. Dylan se deja caer en el sofá de imitación de cuero y me mira con una sonrisa grande.

— ¿Qué? —pregunto.

Niega con su rostro —Nada.

Ruedo los ojos y me siento sobre un cubo acolchonado — ¿Qué me ves?

Dylan levanta las manos —Tienes la punta de la nariz roja.

Automáticamente me toco la nariz, el frío produce eso en mí. Ruedo los ojos y volteo el rostro — ¿Y qué?

—Nada —suelta una risa pequeña—, te ves un poco tierna.

Entorno mis ojos al verlo —Odio que me llamen tierna.

Dylan se levanta, se acerca a la guitarra que usa (que no es la suya pero que según Will, esta es mejor aunque los chicos se negaron) la toma y comienza a prepararse en la esquina. — ¿Te gusta la música de navidad? —pregunta.

Niego aunque sí, me gusta —No.

Dylan sonríe de lado —Creo que mientes, ¿A quién no le gusta la música de navidad?

—A muchas personas. —digo y luego bostezo.

Se encoje de hombros. —Bien, pero no puedes negar que Last Christmas es realmente buena —dicho esto, Dylan procede a tocar los primeros acordes de la canción.

Yo bajo la mirada para no prestarle atención pero debo admitir que la parte más famosa, la del coro, suena genial en guitarra eléctrica. Subo la mirada lentamente y veo que Dylan está concentrado viendo hacia el instrumento. La letra de la canción se reproduce en mi mente mientras él va tocando la canción.

Me concentro en sus dedos, en la forma que se mueven de arriba hacia abajo y como su mano sabe a dónde dirigirse. La verdad, aunque odie decirlo, estoy impresionada. Siempre que los escucho tocar me impresiona lo que ellos hacen, son realmente buenos pero en especial Dylan y su guitarra. Ni siquiera Fred era tan bueno como él.

Subo los ojos y él tiene el rostro inclinado hacia abajo, pero los ojos cerrados mientras una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro. Siento envidia de él, la forma en que parece disfrutarlo mientras lo hace a la perfección, ojala yo pudiera tener un talento que me hiciera sentir así. Tan en sintonía con eso.

Parpadeo varias veces y tomo aire, no sé porque estoy pensando eso ahora. Qué raro, tal vez es el clima y mi cerebro se ha congelado un poco. Tal vez son las notas que me están hipnotizando y es por eso que lentamente, sin estar consiente de ellos, he comenzado a sonreír.

Dejó de importarme por un momento que él es el hippie irritante, ahora solo lo veo como un chico que sin duda se ve genial, incluso con ese gorro y las mejillas rosadas por el frío. Incluso aunque me cae mal, su talento logra sacarme una amplia sonrisa.

Él termina y deja sonar la última nota vibrando en el aire, abre los ojos y me mira. Mis ojos se hacen más grandes cuando noto que él me está viendo sonreírle, no quiero que piense que me agrada así que rápidamente me levanto y camino hacia la mesa de madera.

Dylan ahora toca otra canción, esta no es navideña, es una que me gusta bastante y que no sé porque ahora mismo la está tocando. Es Sweet Child O’ Mine, papá solía escucharla cuando me llevaba a clases de Ballet algunas veces.

Tomo el paquete de goma de mascar, este no es de fresa como me gusta sino de sandía y meto dos a mi boca. Si estoy mascando esto, no podré sonreír. Pero ahora mis labios no son el problema, es que inconscientemente estoy moviendo la cabeza al ritmo de sus acordes.



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En el texto hay: secretos, amor, amor adolescente

Editado: 06.12.2022

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