Tres Secretos

9: La mesa

 

—Hola de nuevo —Dylan se aparece cuando estoy saliendo de mi clase, ahora es nuestra hora de almuerzo—. ¿Vamos a la cafetería juntos?

— ¿Tengo opción? —de todas formas tengo que estar ahí.

Se ríe. —Oye, no te lo dije antes pero me gusta tu sudadera, ese rojo es muy bonito —es un rojo común y corriente.

—Ah, es solo un color —contesto.

Dylan abre su casillero cuando llegamos y deja sus cosas adentro —No, ese rojo en específico es genial, cuando era niño quería un auto de ese color.

Yo también guardo mis cosas —Yo siempre quise un auto rosa —afirmo.

Dylan suelta una carcajada —Te veo totalmente conduciendo un auto así, con gafas de sol y todo eso.

Lo volteo a ver — ¿Te estas burlando de mí?

Dylan niega —Para nada, hablo enserio —se señala—. Yo quería conducir un auto rojo descapotable, con una chaqueta de cuero y música a todo volumen.

Y eso es tan él.

—Bien —cierra su casillero—, ¿Vamos a comer?

Me encojo de hombros —Obviamente.

—Tengo una pregunta para ti —me mira serio, estoy segura que ahora preguntará algo sobre William o sobre… eso—. ¿Te gustan las hamburguesas con pepinillos o sin ellos?

O no. — ¿Qué?

Señala su boca —Amo los pepinillos, no creo que podamos seguir siendo amigos si tú no los amas igual.

Entrecierro los ojos —No somos amigos —y si me gustan los pepinillos.

—Eso no responde mi pregunta —sonríe—. Entonces, ¿Sí o no?

Ruedo los ojos —Sí —suspiro—. Dylan, haces preguntas… raras.

Dylan levanta sus manos —No son raras, son esenciales.

Niego con mi rostro. Caminamos hasta allá mientras un par de personas nos miran. A mí con una expresión confundida, a él con una sonrisa. Puede que a mí no me caiga bien Dylan pero a muchas personas de por aquí si lo quieren, él se ha vuelto parte de “los populares” no solo por estar en la banda con los chicos sino por ser tan… él.

Dylan no es feo, es alto y delgado pero musculoso, siempre está sonriendo, tiene los ojos azules pero algunos días parecen verdes, como el primer día que nos conocimos y la mandíbula definida lo suficientemente para darle un look fuerte pero no exagerado tampoco, sabe tocar la guitarra y nunca lo he visto ser grosero con nadie. Si alguien le pide ayuda para algo, él va y lo hace, sin importar quien lo necesita.

Dylan es raro también, una vez había un pájaro lastimado fuera de la escuela y él lo envolvió en su sudadera, se lo llevó y luego Rilley nos contó que lo llevó a la veterinaria. Digo, es algo raro, ¿no?

Bueno, tal vez no fue raro pero me refiero a que Dylan hace cosas que normalmente otras personas no. Dylan lleva los libros de las profesoras, él ayuda a ordenar las cosas en la clase de educación física, se sabe el nombre de todas las personas que trabajan aquí y es bueno en las clases que involucran números.

Recuerdo que una vez Owen lo llamó “Experimento del gobierno” por ser una persona con muchos talentos y habilidades. Rilley rio, Dylan le agradeció y William solo puso los ojos en blanco.

Tal vez si es un experimento del gobierno diseñado para atormentarme todos los días y ver cuánto resiste una persona.  

—Entonces, ¿Qué vas a comer hoy? Le pregunté a la señorita Esmeralda que habría de comer —ella es una de las mujeres que trabajan en la cafetería—, me dijo que es día de pizzas y hamburguesas, ¿Qué te gusta más?

Normalmente cuando nos daban eso solo comía ensalada de lechuga y tomate. —Las dos cosas —contesto.

Asiente. —Igual a mí, me gusta tanto la pizza como las hamburguesas —sonríe—. Entonces deberíamos apresurarnos antes que se lleven todo aunque estoy seguro que me apartaran algo para mí.

¿Tan bien se lleva con las cocineras de la cafetería?

Llegamos y a diferencia de ayer, él me mueve colocando su mano en mi espalda y me dirige a la fila de la cafetería. Toma dos bandejas y me da una, deja la otra para él.

Creo que está asegurándose que coma o simplemente está cumpliendo con su función de fastidiarme.

— ¿Quieres de barbacoa o las originales? —pregunta levantando dos bolsas de papa.

Le quito las de barbacoa y él toma las originales, nos movemos hasta las hamburguesas y las pizzas. La señora que se llama Esmeralda le sonríe a Dylan. — ¿Qué van a querer chicos? —Me mira—. ¿Pizza o hamburguesa?

—Pizza por favor —pido acercando mi bandeja para que ella coloca el plato con dos rebanadas.

Dylan pide hamburguesa y se la da, me salto el área de las verduras y ensaladas y voy hasta las bebidas. Tomo un refresco de cola y dos servilletas de papel. Dylan también toma el mismo refresco, servilletas y un paquete de cubiertos plásticos.

—Vamos a nuestra mesa —me pide.

Yo niego juntando las cejas. —No quiero sentarme con ellos —no me sentaré con mi ex novio y todas esas personas que pensé eran mis amigos.

— ¿Ellos? —Señala con un movimiento de cabeza—. Me refiero a la mesa del fondo.

Me detengo un segundo, ¿La mesa de ayer ya es nuestra mesa? ¿Qué le pasa? —Dylan, yo prefiero estar sola —le digo alcanzándolo.

Él me ignora, se sienta en el mismo lugar de ayer y yo dejo la bandeja sobre la mesa, me siento frente a él rindiéndome. Que molesto sin duda.

—No puedes estar sola porque… —saca los cubiertos de la bolsa transparente—, vamos a compartir la pizza y la hamburguesa.

Lo miro en silencio mientras corta por la mitad su hamburguesa, luego toma mi plato y divide las dos rodajas, toma una y deja la mitad de la hamburguesa en mi plato, luego coloca la pizza en su plato.

—Quería toda la pizza —no es cierto, en realidad no me molesta comerme también la mitad de la hamburguesa.

Él sonríe. —Pero dijiste que te gustan los dos, si quieres la regreso.

Niego —Así déjalo —tomo mi plato y lo acerco.

Destapo mi soda y le doy un gran trago, tenía sed y también necesitaba un poco de azúcar y cafeína para despertar un poco. —Dylan, ahora que has dividido la comida te puedes ir.



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En el texto hay: secretos, amor, amor adolescente

Editado: 06.12.2022

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