Tres Secretos

39: Gracias.

 

— ¿Te sigue doliendo tu estomago? —pregunta Dylan, se refiere a la marca que me dejó la inyección.

Me encojo de hombros —Creo que ya me estoy acostumbrando, si molesta pero bueno, no hay nada que hacer.

Acaricia mi mejilla con su otra mano, con la derecha está sosteniendo mi mano izquierda —Eres valiente, Bryn.

Ruedo los ojos —No lo soy —me acerco a él—. Mejor dime, ¿Quieres hacer otra tarde de películas?

—Claro —responde Dylan, en ese momento él se topa con alguien de camino a clase—. Ah, lo siento.

Esa persona es William, él voltea y mira a Dylan luego me mira a mí y baja la dirección de sus ojos hasta nuestras manos.

Dylan me mira y yo levanto mis hombros, él regresa con William — ¿Estas bien, William?

Él no es ni la sombra de lo que alguna vez fue. William tiene el rostro sin vida, el cabello como si se lo dejó de la misma forma en que lo tenía cuando se levantó, los ojos rojos como si no hubiera dormido nada y ojeras enormes.

—Debo irme —responde débilmente.

Dylan lo detiene con la mano sobre su hombro —Espera, Will…

William le retira la mano lentamente —No quiero hablar ahora, Dylan —me mira y suspira—. Me alegra que estés bien, Bryn.

Frunzo el ceño, no esperaba que dijera algo así. No estoy segura si es sarcasmo o lo dice de verdad. Pero algo me dice que lo dice en serio, que realmente le alegra que yo esté bien.

William intenta apartarse de nosotros pero Dylan suelta mi mano y camina hasta quedar frente a él luego que haya caminado unos pasos —Espera, William —Dylan lo mira preocupado—. ¿Qué pasa?

William baja el rostro —Ya te dije que no quiero hablar de nada, tengo que irme.

—Pero, Will… —Dylan lo intenta de nuevo sin embargo él se aleja, no voltea y camina entre las personas como un fantasma.

Dylan regresa conmigo, baja la mirada y suspira —Me siento mal por él.

Muerdo mi labio —No… no creo que puedas hacer mucho, él es orgulloso y quien sabe por qué está así.

Me mira con una expresión triste —Sé que no puedo salvar a todo el mundo pero lo intento.

—Y está bien pero, creo que hay algunas personas que n o quieren ser ayudados —afirmo aunque sé que tiene buenas intenciones.

—No lo sé —dice Dylan tomando mi mano de nuevo—. Nadie debería pasar por la oscuridad solo.

—Pero, ¿Y si hacen cosas para terminar solos? —replico—. Las personas se cansan y se van, ¿no?

Hace una mueca —No sé —mueve sus ojos a los míos—. Sé que él no fue bueno contigo y créeme, aún sigo molesto por lo que te dijo y todo lo que te hizo pero esa mirada vacía en sus ojos me asusta.

—No tienes que guardarle rencor por mí —Dylan no es como yo, él es una gran persona y él no es de los que no saben perdonar. No quiero que deje sus buenas cualidades por mi culpa.

Dylan besa mi mejilla —Espero que esté bien.

 

A la hora de almuerzo estábamos sentándonos con Dylan en nuestra mesa cuando se acerca Owen a nosotros. Yo sonrío un poco, esperando que haya tomado mis palabras en cuenta y quiera buscar algo de compañía.

—Hola —le dice a Dylan, sin verlo a los ojos.

Dylan asiente a manera de saludo, yo le digo: —Hola Owen.

—Eh, disculpen —lame sus labios—, ¿Puedo sentarme con ustedes?

Dylan me mira elevando las cejas y yo me encojo de hombros —Claro —Dylan contesta—. ¿Te ayudo? —se refiere a las muletas.

Owen las recuesta contra la mesa y se sienta frente a nosotros, del otro lado cerca de la pared. Dylan y yo también nos sentamos, nosotros con nuestras bandejas al frente y él sin nada de comida.

— ¿No vas a comer? —pregunta Dylan.

Niega —No tengo hambre.

—Deberías comer algo —afirmo, recordando aquella vez que me senté sin comida en la mesa y Dylan terminó dándome casi todo lo que él tenía—. Ten estas, son muy ricas —entrego unas papas con barbacoa.

Owen niega —No, estoy bien, gracias.

Dylan me mira un segundo, es probable que también esté recordando aquel momento conmigo de hace unos meses. —Ten —coloca un flan dentro de un contenedor de plástico—. ¿Los has probado?

Owen entorna sus ojos —No… sí, lo he hecho.

—Solo come —digo acercando las papas—, a no ser que quieras que Dylan te presione hasta que comas, lo hizo conmigo.

Owen sonríe un poco pero deja de hacerlo inmediatamente —Entonces, ¿Ustedes de verdad están juntos?

— ¿Qué eres? Un reportero —bromeo—. Jamás saldría con Dylan.

Dylan ríe y niega, Owen abre la bolsa de papas —Estoy seguro que los he visto darse besos y todo eso.

Dylan sonríe —Es parte del show, es publicidad.

Owen bufa —Claro que sí —me mira—, pensé que… bueno, antes todos te caían mal, ¿no? Dylan te caía mal, yo también.

Tomo un palito de zanahoria —Sigues cayéndome mal, Owen, ni pienses que seremos amigos —sonrío para que se dé cuenta que estoy bromeando—. La verdad es, Dylan no es tan malo como creía.

Owen junta sus cejas. —No puedo creer que realmente están juntos, no imagino que hacen para divertirse —mira a Dylan—. ¿La llevas a liberar tortugas o es ella quien te obliga a ir de compras?

Lo fulmino con la mirada. —Si no estuvieras todo golpeado te daría un golpe ahora mismo.

Owen suelta una carcajada. —Es que, ustedes son tan diferentes.

Dylan niega. —La verdad no lo somos, nos gusta comer y hablar mal de ustedes.

Eso me hace reír, levanto mi puño y Dylan lo choca. —Es cierto, nosotros nos la pasábamos comentando de como Almas Sublimes es una banda sobrevalorada.

Owen bufa. —Oye Brynley, ¿siempre te gusto el hippie?

Hago una mueca. —Ya no lo llamo así, tú no puedes llamarlo así.

Dylan da toquecitos sobre su mentón. —En realidad creo que aún me llamas así.

Toco su mano y le doy dos palmadas. —Tú no hables amor mío, estoy intentando defenderte.

Owen levanta sus cejas. — ¿Acabas de decirle amor mío? Creo que el accidente me hizo cambiar de realidad.



#13884 en Novela romántica
#2616 en Joven Adulto

En el texto hay: secretos, amor, amor adolescente

Editado: 06.12.2022

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.