En la mañana Martín decidió convocar al consejo, la Villa en Posillipo amaneció envuelta en una calma tensa. Martín terminó de anudar su corbata de seda negra frente al espejo, observando su reflejo con la frialdad de quien se prepara para un duelo. Diana entró en la habitación y, sin decir palabra, le puso la mano en el hombro. Él se giró, la tomó por la cintura y la besó con una intensidad que buscaba despedirse del hombre de familia antes de dejar salir al Capo.
-Vuelve temprano, Martín -susurró ella, detectando la tormenta en sus ojos.
-Siempre vuelvo, Diana -respondió él con una gélida sonrisa.
Bajaron juntos las escaleras y, tras un último beso en la frente de su esposa frente al convoy de camionetas blindadas, Martín partió hacia la Torre Parténope. Al llegar a su despacho en el último piso, se encerró. Durante las siguientes 48 horas, Martín no abandonó la oficina. Se convirtió en una sombra tras el escritorio de cristal, analizando cada informe de inteligencia, cada movimiento de capitales y cada señal de radio en los puertos. No dejó una sola grieta; su mente ideaba un plan de contrataque tan rápido que, cuando Valenti se atreviera a dar el primer paso, su organización ya estaría sentenciada.
Fue desde ese aislamiento que Martín tomó el teléfono de seguridad y, uno a uno, llamó personalmente a sus diez socios más poderosos. No hubo secretarios ni intermediarios.
-"Villa Legado. En dos días. No faltes" -fue la orden seca que dio a cada uno.
Pasadas las 48 horas de análisis obsesivo, Martín se trasladó a la finca fortificada. En el salón de piedra, los diez pilares que sostenían el imperio lo esperaban:
Domenico Bertoleni: El patriarca. Encargado de los negocios del Sur y las rutas hacia África.
Enzo "Il Architeto" Valli: El cerebro de la Logística y Finanzas. Dueño de los túneles y el flujo de capital.
Santino Moretti: Jefe de Seguridad y Armamento. El brazo armado encargado de los arsenales.
Alessandra Cavallo: La "Dama de Hierro" de la Política. Su red en Roma blindaba legalmente a la organización.
Pietro "El Silencioso" Rossi: Controlaba el Tráfico de Arte y Antigüedades, lavando millones en piezas históricas.
Giovanni "El Alcaide" Falcone: Dueño de la Seguridad Privada y Prisiones. Nada se movía tras las rejas sin él.
Lucía Spatola: La Reina del Puerto de Nápoles. Dueña de los muelles y la entrada de contenedores.
Vittorio Morelli: Encargado del Cibercrimen y Criptoactivos. El genio digital del lavado de activos.
Carlo "El Químico" Conti: Controlaba la Producción y Purificación en laboratorios de alta montaña.
Bruno Castelli: El enlace con el Norte. Guardián de los pasos alpinos y las fronteras europeas.
Martín entró y, sin sentarse, se apoyó en la mesa recorriéndolos con su mirada.
-Gracias por venir -comenzó Martín-. Lucino Valenti y su organización están haciendo movimientos en nuestro territorio. Esa rata cree que el silencio de estos años ha sido complacencia. Cree que la tregua sagrada que firmamos hace seis años fue un signo de fatiga por mi parte. Eso nos pone en riesgo a todos. Se avecina una guerra, y les aseguro que esta será rápida, pero será muchísimo peor que la última. Fue un error de mi parte haberlo dejado con vida; un error que voy a corregir ahora.
Las reacciones no tardaron en llegar:
Domenico Bertoleni golpeó la mesa:
-Valenti es un cáncer, Martín. Si se unió a L'Artiglio, busca nuestra cabeza. Mis hombres están listos para hundir cualquier traición.
Alessandra Cavallo: -Si la victoria es rápida, mantendré a los fiscales ciegos. Solo asegúrate de limpiar bien el escenario.
Lucía Spatola: -Mis estibadores han visto extraños. Si Lucino cree que puede tocar mis muelles, se llevará una sorpresa de plomo.
Enzo Valli: -Financieramente estamos blindados. Valenti pelea una guerra de calles; nosotros somos los dueños de la infraestructura global.
Martín asintió, su mirada era puro fuego controlado.
-Gracias por sus opiniones. Ahora Valenti es nuestro boleto para expandirnos al norte. No habrá más treguas. Si ellos disparan primero, quiero que su mundo desaparezca antes de que la bala toque el suelo. Hemos estado tranquilos en las sombras, y tal vez eso lo vean como debilidad. Lo que no saben es que estamos más fuertes que nunca.
Martín se enderezó, ajustando su reloj con calma. El Consejo había hablado. La maquinaria de la Camorra se había puesto en marcha.
#191 en Ciencia ficción
#5507 en Novela romántica
amor dolor dulsura, mafia italiana secretos amor sexo, triangulo amoroso romance secretos
Editado: 12.04.2026