Tristán (enfermiza obsesión 2)

Capítulo 2

O

Tristán había tenido un sueño tan bonito que, al despertar, no pudo evitar llorar. Con frecuencia tenía sueños de esa clase, en los que era feliz y normal. Pero en las mañanas, cuando caía en la realidad, lloraba. Lloraba por lo que podría ser y no era, porque la mente lo privaba de tener una vida normal.

Amanda, al bajar por agua, lo encontró solo, encorvado en el piso en la sala mientras se mecía de adelante hacia atrás. Tenía la mirada fija en un punto de la pared y lágrimas secas en los ojos. Preocupada, la chica lo ayudó a levantarse y lo acompañó a la cocina; allí, él se sentó en una de las sillas y continuó meciéndose.

Una melodía que provenía del oxidado tocadiscos de la sala se oía en cada rincón de la construcción. El leve murmullo de la música llegó incluso a la habitación en la que Máximo dormía. Entre bostezos y con ojos cansados, se despertó, se levantó y decidió ver qué ocurría.

Al bajar por la ostentosa escalera, Máximo notó la iluminación excesiva. Esto le sorprendió puesto que el sol aún no había salido. Su mirada pronto encontró a Maddy, quien encendía las luces de la casa una a una. Ella le dedicó una disculpa silenciosa y el muchacho se encogió de hombros, nada podía hacer.

Al terminar con su extraña tarea, Amanda volvió a la cocina, dónde Tristán hablaba solo.

O eso parecía para cualquiera que lo viera.

—Oh, querida, no debes preocuparte por Maddy, ya no tengo catorce años. Además, tú eres tan hermosa que cualquier simple mortal se vería opacada.

Amanda se aclaró la garganta esperando que la crisis pasara, se dirigió al grifo y sirvió dos vasos de agua; ella tenía la boca seca y suponía que Tristán también.

—¡No, espera! —rogó el hombre, extendiendo la mano hacia la silla contigua para acariciar el aire.

Máximo contemplaba la escena entristecido. ¿Qué quedaba de Tristán? Había perdido lo que más amaba, era una simple sombra de la persona que fue, de la persona que él contaba ser. Miró a Amanda y sintió que su corazón se comprimía una vez más, estaba ya acostumbrado a esa sensación.

—Sabes que volveré a verla —dijo Tristán a Maddy—. Por mucho que te empeñes en encender las luces y ahuyentar las sombras, o por mucha música que suene, ella está aquí, nunca se aleja de mí.

 

 

 

 

 

Hombre muerto

Año 1982

Tristán observaba el cadáver mientras oía como Staphina sollozaba. Sin alejar la vista del cuerpo, él habló en dirección a la chica.

—Staphina, debemos avisar a las autoridades —comunicó el menor con voz temblorosa.

Imágenes aterradoras atravesaron su mente. En todas ellas estaba su padre gritando, enojado porque él había salido de su casa sin permiso; también veía policías con rostro serio. Reportar el crimen le supondría un gran castigo, sin importar los motivos y pretextos en los que podía pensar, pero Tristán sabía que era lo correcto en un caso así.

—¿Autoridades? ¿Estás loco? Debemos pedirle a Pock que se deshaga de él. Me apena decirlo, pero es lo único que podemos hacer nosotros. Tal vez un basurero sea la mejor opción...

Tristán estaba atónito ante las palabras de la muchacha. ¿Arrojar el cuerpo a un basurero? ¿Ella estaba loca?, ¿o acaso quería que ellos fueran acusados por obstrucción a la justicia o por...?

Miró a la chica con enojo, ella parecía comenzar a reponerse de los vómitos, aunque aún estaba pálida bajo la tenue luz de los faroles. A Tristán no le importaba demasiado cómo se veían en ese momento.

—Odio cuando pasan este tipo de cosas —dijo Staphina con una mueca de tristeza en su rostro.

—Staphina, lo que dices es una locura. Debemos avisar a la policía, ellos mejor que nadie sabrán qué hacer.

—Tristán, cálmate, es solo un perro, la policía no se encarga de estas cosas. Se nota que no sales mucho —aclaró ella con una sonrisa y comenzó a caminar rumbo al club.

El muchacho no podía creer que la chica se refiriera a un hombre como un perro. Frustrado, volvió a girarse en dirección al cadáver y casi se cayó de espaldas por la sorpresa.

Era un perro. Literalmente, era un perro.

Pero no podía ser un perro, Tristán no había visto un perro hacía unos minutos, estaba seguro de ello. Pero ahora era un perro.

Un perro enorme, negro y con mucho pelo. Estaba muerto en mitad de la calle, atropellado —o eso parecía—.

No podía ser un perro, Tristán había visto un hombre, o eso creía. Comenzaba a cuestionar su propia visión. Definitivamente era un perro.

En ese caso, las palabras de la chica sí tenían sentido.

Con un poco de temor, él decidió acercarse al cadáver para comprobar lo que sus ojos veían; esperaba que la proximidad le permitiera empaparse de la imagen del animal muerto y le hiciera olvidar el cuerpo humano que creyó ver. A la luz de las farolas, la sangre se notaba fresca y espesa, parecía una extensión del pelaje del can. A Tristán no le dio pena ni tristeza ni angustia, solo despertó en él una enorme curiosidad. Estaba ya a pocos pasos de la criatura, pero decidió que era mejor no acercarse más.

Aún sin poder creerlo, e intentando ahuyentar de su mente la imagen del supuesto hombre muerto, siguió el camino de Staphina.

La muchacha hablaba con Pock, el guardia; Tristán no podía entender lo que decían. Solo podía pensar en que lo que vio no era un perro, pero al mismo tiempo lo era.

Pronto, la música volvió a aturdirlo. Estaba otra vez dentro de Hades y Staphina tiraba de él rumbo a la pista de baile, eso le gustaba.

—¿Ya te ibas? —preguntó ella con un grito en el oído de Tristán. Él solo asintió—. ¡Qué lástima! Ven, no te puedes ir sin tomarte una foto conmigo.

Y otra vez era arrastrado por Staphina, quien parecía más borracha incluso que antes de vomitar. Se detuvieron frente a un hombre que estaba apoyado contra la barra con un vaso de cerveza en una mano y una cámara colgando del cuello. Todo le parecía demasiado irreal al menor. No podía quitarse el incidente de la cabeza, pero se esforzó por seguir la corriente.




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