Eve ya estaba en la casa. Había llamado a todos a reunión para decidir qué iban a hacer. Los convocó en la sala; necesitaban hablar de inmediato.
Ares fue quien comenzó a hablar. Eve no encontraba las palabras. Había descubierto algo que la había dejado sin aliento, y aunque era consciente de que debía armar un plan cuanto antes, el peso de la situación le oprimía el pecho. No había tiempo para dudar: tenían que actuar ya.
Luca presentía que algo no estaba bien, pero no quiso demostrarlo. Por fuera parecía más tranquilo, incluso más descansado, algo que Aubrey notó y que, en silencio, la alivió. Pensó que por fin estaba tomando las cosas con calma. Lo que no sabía era que su mente era un nudo imposible de desatar.
Todos estaban sentados alrededor de una mesa redondeada, excepto Sam, que permanecía recostado contra la pared, observando en silencio. Seguía cada gesto, cada respiración, como si intentara anticipar lo que vendría después. Algo dentro de él ya sabía lo que Eve iba a decir, incluso antes de que los hubiera llamado a la reunión.
Ares también lo notó. Antes de empezar, lo miró fijamente, como si ambos compartieran el mismo pensamiento. Luego desvió la mirada hacia los demás y habló:
—Estuvimos en una reunión hace poco. Al parecer, Dillinger tiene un plan. Por lo que sabemos, ya entraron a la Red. Así que tenemos que actuar. Ahora.
Hizo una pausa breve, midiendo el efecto de sus palabras.
—Necesitamos personas que se queden aquí y otras que entren. —Miró directamente a Sam—. Uno de ellos tiene que conocer la Red. Por razones obvias, yo voy a ir. Pero necesitamos tres afuera y tres adentro.
Respiró hondo antes de continuar.
—Y hay algo más. Necesitamos a alguien que conozca a Bill, alguien en quien él confíe. Tenemos que convencerlo de que lo que está haciendo está… mal. O, al menos, distraerlo para sacarlo y también sacar a Julian. Yo me encargo de eso.
Aubrey sintió el peso de esas palabras. Sabía que Bill confiaba en ella, aunque fuera un poco. Sabía también que Luca no podría cargar con todo eso. Él podía aparentar fortaleza, pero ella lo conocía: era de los que se quedaban frente a la pantalla, soportándolo todo en silencio.
Sin pensarlo demasiado, dio un paso al frente.
—Yo quiero entrar.
Sam la miró, sorprendido.
—¿Por qué crees que tú vas a hacerlo cambiar de opinión?
Aubrey se quedó paralizada, como un venado bajo la luz. Tenía la respuesta en la cabeza, pero las palabras no salían. Su mente iba más rápido que su voz. Sam esperó. El silencio se volvió incómodo.
Ares intervino:
—¿Por qué quieres entrar tú?
Aubrey reaccionó al fin. Tragó saliva.
—Él confía más en mí. Soy la única de aquí que sabe más cosas de él. Me contó cosas de su vida.
Sam frunció el ceño.
—¿Qué clase de cosas te contó?
La voz de Sam la sacudió. Algo en su tono la hizo tensarse, como si le tuviera miedo, aunque no supiera por qué. Él lo notó y, para empujarla a hablar, suavizó apenas la expresión.
—No te voy a decir nada malo. Las cosas ya están hechas. Tenerme miedo —o cualquier sentimiento que tengas— no va a arreglar mágicamente el problema en el que te metiste tú y tu amigo. Así que responde con confianza. No te voy a hacer nada.
Aubrey respiró hondo.
—Me contó que su padre lo negó. Que solo quiere venganza, que quiere que lo vea. Me dijo cosas muy personales… pero lo que yo vi fue a alguien con miedo. Me dijo que había crecido solo…
El rostro de Sam cambió de inmediato. La interrumpió, casi sin querer, con un tono más duro:
—Lo siento por interrumpirte, pero si es por eso, tengo que decirte algo. Eso no lo justifica. Es un resentido. Yo también crecí solo, y no me ves intentando borrar todo el trabajo de mi padre. No hay nada que justifique lo que está haciendo.
Hizo una pausa breve.
—Si estuviéramos en otra posición, te diría que no entraras. Pero ahora no estamos para esperar a que alguien más levante la mano.
Eve intervino entonces:
—Bueno. También puede entrar —dijo, señalando a Quorra—. Ella.
Sam abrió la boca para decir algo, pero Quorra habló primero, con la voz quebrada:
—No quiero volver a ese lugar. No quiero. Creo que soy más útil afuera que adentro. No quiero volver… tengo miedo de no salir otra vez.
Luca se acercó un poco más a Aubrey y, en voz baja, como si no perteneciera a la conversación, le susurró con preocupación:
—Debe ser un lugar horrible. Mira cómo se puso cuando le dijeron que entrara.
Los ojos de Quorra se clavaron en los de Luca. Como si hubiera escuchado cada palabra, se levantó y salió de la sala sin decir nada más.
Sam miró a Luca con seriedad, pero no fue tras ella. Sabía que tenía que quedarse ahí. Aun así, algo dentro de Luca se encogió; sabía que había dicho algo que no debía. Tragó saliva.
La reunión continuó, como si nada hubiera pasado.
Ares retomó la palabra:
—Siguiendo con el plan: Luca y Eve se van a encargar de impedir que el plan de Bill sea posible desde afuera. Nosotros nos encargamos de ejecutarlo desde adentro.
Miró a Aubrey con atención.
—Solo tengo que advertirte algo. ¿Estás lista para lo que se va a venir?
Aubrey tragó saliva, pero no apartó la mirada.
—Sí. Estoy lista.
Sam asintió levemente.
—Así se habla.