Tron: el codigo fantasma

Poniendo las piezas en el tablero

Bill ya no era la misma persona que había entrado a la Red.
Lo que quedaba de él era apenas una sombra atrapada dentro de su propio error. Su mente estaba encadenada al código que él mismo había robado y transformado a su conveniencia ; cada pensamiento, cada impulso, ahora respondía a órdenes que no le pertenecían. Bill se había convertido en aquello que siempre temió: un fantasma sin voluntad.

Frente a él estaba Julian, transfigurado en algo más que humano. Una entidad nacida del poder y la ambición. Nada en su postura era casual: cada gesto, cada silencio, estaba calculado. Sonreía con una calma perturbadora, una sonrisa torcida, propia de alguien que sabe que ha ganado antes de que la batalla comience. En sus ojos no había duda, solo certeza.
Ahora tenía un arma definitiva: un asesino perfecto, moldeado por el odio y el dolor.

El nuevo Sark rodeó a Bill lentamente, observándolo como quien inspecciona una adquisición valiosa.

—Hiciste todo por nada —dijo, con una voz cargada de desprecio—. Construiste toda tu vida para este momento. Te consumió la frustración de verme con el poder que siempre creíste merecer. Y lo peor... es que a tu padre nunca le importaste lo suficiente como para darte ni siquiera un buenos días.

Se inclinó apenas, como si saboreara cada palabra.

—Ahora, gracias a mi inteligencia y a mi control, tengo todo lo que tú querías. Y por fin entiendes por qué él me eligió a mí... y a mi madre. ¿De qué te sirvió creerte superior? Ahora estás en mis manos. Y con ese código tan útil, voy a hacer grandes cosas contigo. Pensé que me había quedado sin opciones... pero, como siempre, yo termino teniendo el control.

Bill no podía gritar. No podía moverse. No podía mostrar emoción alguna.
Pero dentro de su mente, el odio rugía como un incendio sin salida. Le habían arrebatado todo: su legado, su destino, su libertad. Ahora existía únicamente para obedecer. Seguiría siendo esclavo hasta que Julian decidiera lo contrario.

Julian giró la cabeza hacia Athena y habló con absoluta frialdad:

—Es hora de que los demás sepan que estamos aquí. Empecemos por Eve. El Fantasma está a tu disposición... solo no la cagues.

Athena respondió con voz firme, sin rastro de compasión:

—Es hora de trabajar. No quiero retrasos ni errores. Vas a obedecer cada orden. ¿Está claro?

La respuesta que salió de Bill ya no era suya.
Era una voz rota, distorsionada, hueca. Una voz que parecía provenir del vacío mismo.

—Está claro.

Athena continuó:

—Alguien nos aisló del resto del sistema. Tu misión es encontrar cómo romper esa prohibición. Busca la puerta cerrada y ábrela.

El Fantasma asintió. Y desapareció.

Se movió por los caminos desiertos de la Red como una presencia antinatural, recorriendo cada fragmento del sistema, rastreando el código que los había separado del mundo. No dudó. No se detuvo. Cuando encontró el nodo de bloqueo, actuó como si fuera lo más cotidiano del mundo. Se concentró... y comenzó a usar su propio código para desencriptarlo.

Mientras tanto, Julian se comunicaba con Ed Dillinger Jr.
Un solo mensaje bastó:

—El plan salió exactamente como lo predije.

Del otro lado, Ed sonrió antes de responder:

—Es hora de que salgas de ese lugar.

Hubo una breve pausa.
Luego, Julian escribió:

—Todavía no he terminado.

El Fantasma abrió la puerta. El mundo volvió a conectarse.

Ed Dillinger Jr comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

—Tienes que detener esto —ordenó—. Íbamos a hablar del destino de tu trabajo cuando salieras. Sal ahora. Este no era el plan. Se suponía que dejaras a ese loco atrapado, no que te aliaras con él.

La respuesta de Julian fue inmediata:

—Ya cumplí mi parte del trato. Ahora es mi turno. Voy a robar el código de permanencia... y después seguiré con el plan original. Con el Fantasma de mi lado, todo es posible.

Ed apretó los dientes.

—Espero que este chiste te salga bien.

—Lo hará —respondió Julian—. Después de todo, soy el más inteligente entre él y yo. Haré que mi abuelo se sienta orgulloso.

Julian llamó al Fantasma, que apareció al instante.

—Nuestro... mi abuelo siempre quiso vengarse de lo que hizo Kevin Flynn —dijo con voz solemne—. Es hora de demostrar que somos más. Es hora de recuperar lo que siempre le perteneció a mi familia.
—Hizo una pausa—. Y así, tal vez... tú también seas querido.

El Fantasma permaneció inmóvil.
Obediente.
Peligroso.

Y la Red entera pareció estremecerse ante lo que acababa de nacer.



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En el texto hay: fanfic, disney, tron

Editado: 08.01.2026

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