El rechazo del vecino al día siguiente confirmó la decepción. Juan intentó buscar consuelo, pero José lo adormeció con sus justificaciones sobre el "valor del esfuerzo propio". Juan empezó a ser visto en su entorno como alguien callado y calculador. Comenzaba a disfrutar, con un miedo creciente, de la extraña sensación de poder que otorgaba la indiferencia.