José le entregó a Juan un sobre con información falsa para destruir a su jefe. "Si no lo haces, seguirás siendo un peón", sentenció. Juan, náuseabundo pero presionado, aceptó el encargo. Al hacerlo, aceptó que la maldad, disfrazada de ambición, era aceptable. Algo noble dentro de él se quebró definitivamente al ver a José sonreír ante su caída moral.