Juan ejercía un control férreo y despiadado en la oficina. Ya no le importaba nadie. José lo vigilaba, borrando sus últimas dudas. Una noche, Juan intentó recordar el alivio de la bondad, pero José se materializó a sus espaldas: "La niebla no es un obstáculo; es protección". Juan asintió, rindiéndose ante la oscuridad y aceptando que la niebla ahora era su única realidad.