La resistencia de Juan se volvió interna. Mientras realizaba sus tareas, recitaba en silencio los recuerdos de su antigua vida: el rostro de sus vecinos, la paz del camino iluminado, su antigua honestidad. Cada recuerdo era un baluarte contra la corrupción de José. Juan empezó a rechazar las órdenes menos importantes, probando la fuerza de la voluntad de su captor. José, confundido por la resistencia, empezó a debilitarse al no recibir la energía del miedo absoluto.