Llegó el día del enfrentamiento. Atraído por una trampa creada por Juan, José regresó al punto de origen: la bifurcación del primer día. Allí, bajo la luz de la luna, el parásito exigió una última lealtad. Juan, por primera vez, alzó la voz, no con miedo, sino con una determinación nacida del arrepentimiento. "Ya no te pertenezco", declaró. La niebla se agitó violentamente, reaccionando ante la liberación de una voluntad que se negaba a ser consumida.