Helena
Papá es un hombre que me trata como una princesa.
Cumple todos mis caprichos.
Papá ha ocasionado que tenga expectativas altas para el futuro, especialmente después de mi presentación, cuando él aparece con rosas, haciéndome gritar de felicidad, porque amo a papá.
Escuchar los gritos de mamá me hace reír, porque hablar con ella siempre se siente como un soplo de aire fresco. Hilda es una mujer que definitivamente es algo fuera de este mundo. Es excéntrica y, posiblemente, todo lo de ella tiene que ver con las malas y buenas vibras de las personas. Casi la mayor parte del tiempo, al verla, pienso que es una "hype", pero cuando te sientas a tener una conversación seria, te das cuenta de que eso solo son apariencias.
Aunque nada de eso quita el hecho de que está algo loca.
—Le pediré el divorcio a tu padre si vuelve a dejar los calcetines tirados en el suelo—se queja, y sonrío porque he escuchado la misma amenaza al menos la mitad de mi vida.
La primera vez que la escuché, estuve a punto de llorar pensando que sus palabras eran reales. Luego me di cuenta de que siempre serán solo simples palabras. Ella adora con su vida a mi padre y él a ella, aun cuando se queja siempre de sus velas aromáticas o cuando ella lo hace ir a seminarios extraños de los cuales él siempre buscaba un pretexto para no asistir. Pero papá, pudiendo zafarse más rápido de ellos, nunca lo hizo.
A su manera, y aunque se queje, él siempre busca la forma de hacerla feliz.
—Por supuesto—respondo mientras me levanto y camino hacia el clóset. Esta noche acompañaré a Carter a su cena. Cada vez que pienso en la interacción que tuve con él, me hace sonreír.
—Hija, ¿dónde está tu novio?—la pregunta de mamá me hace rodar los ojos, aun cuando ella no puede verme. Es una interrogante que siempre hace y que siempre obtiene la misma respuesta.
—¿Cuál de todos ellos?—el bufido de mamá me hace reír un poco. Mirando entre mis vestidos, me encuentro con uno en tono beige que, sinceramente, me fascina. Es largo, se ajusta a mis curvas, tiene mangas largas y un escote sencillo, aunque bastante sensual en forma de V.
Lo saco y lo combino con unos tacones altos blancos que me encantan. Soy una amante de los vestidos, puedo tener cientos y siempre querré más. Son mi debilidad.
Aunque para el trabajo me gusta estar en trajes, fuera de eso es raro cuando no tengo un vestido. Voy sacando todo lo que usaré mientras mamá se queja de que su hija es una solterona que nunca le dará nietos.
Hago una pequeña mueca porque no soy buena con otros niños que no sean Aida Beckett. Esa pequeñita es la luz de mis ojos y la adoro con toda mi vida y existencia. Nunca pensé que se pudiera amar tanto a una persona como yo amo a la hija de Celeste. Así que no, no me imagino con hijos, porque la sola idea me parece una completa locura. Pero dejo a mamá ser feliz con su idea de que tendrá nietos en el futuro.
No puedo tener una relación estable ahora mismo para pensar en la idea de tener hijos. Es una enorme responsabilidad que no me veo capaz de asumir. Pienso que las madres son demasiado superiores a cualquier otra persona. Mi madre lo ha demostrado, Celeste lo ha demostrado. Es una locura todo lo que ellas pueden hacer por sus hijos. Dar tanto sin recibir nada a cambio, es una locura total.
—Necesito que mi hija tenga un buen esposo y hermosos hijos, no espero que sea mucho pedir—se queja, y me río.
—Creo que sabes que las relaciones no son lo mío—respondo, mientras dejo todo lo que usaré sobre la cama y tomo el teléfono para ir al baño. Es normal tener una llamada con mamá mientras me baño y arreglo.
—Creo que tu padre está tan preocupado por tu soltería que él mismo comenzará a buscarte pareja en cualquier momento—no menciono nada y me ducho tranquilamente, cantando, porque mamá sabe que esa es mi forma de evitar el tema. —¡No bromeo, Helena! Que no te sorprenda si tu padre en cualquier momento te compromete. Sabes que te adora, pero está preocupado por ti, hija. Nunca le has presentado un chico. ¿Acaso son las mujeres las que llaman tu atención?— La pregunta de mamá me hace reír, porque si ella descubriera que soy buena para relaciones de una noche, me llevaría a la iglesia a confesar mis pecados.
Termino de ducharme y salgo, escuchando su parloteo de fondo. Dudo que papá pretenda buscarme un marido. Siempre ha sido un hombre que espera que yo decida lo que quiero, y sé que en caso de buscarme uno, ninguno le parecería lo suficientemente perfecto para su hija.
—Dudo que papá tenga ganas de pelearse conmigo por un hombre—respondo con calma.
—Cuando te diga que te casarás, no te sorprendas. Yo conozco perfectamente al hombre que es mi esposo. Te dejaré para que te arregles, hija. Yo necesito ir a arreglar mis plantas. Llámame en cualquier momento, te extraño—su voz se suaviza al final, y la nostalgia me llena el pecho porque yo también la extraño, pero sé que estoy tomando la decisión correcta.
Mamá me entiende, sabe que esto era necesario. Me estaba sintiendo demasiado presionada y agotada allá. Si me quedaba, iba a explotar con todas las expectativas que tienen conmigo.
Además, cometí el terrible error de acostarme con un colega de trabajo, lo que llevó a que ese hombre se convirtiera en un jodido capullo conmigo. Pero, como quería evitar hacer lo que todos esperaban, que era ir corriendo a donde papá, soporté que ese hombre resentido se volviera un dolor de cabeza.
Viendo en retrospectiva, sí, tenía un problema enorme del cual no sabía cómo salir, pero ahora estoy segura de que la decisión que tomé fue la correcta.
Termino de vestirme y sonrío, mirándome desde todos los ángulos posibles. El vestido me queda perfecto, e imaginar la cara que pondrá Carter me hace sonreír aún más. Me guiño un ojo al espejo, dejando mi pelo suelto porque sé que a él le gusta.
Recibo un mensaje de Carter diciendo que ya está abajo, y tomo mi bolso, saliendo del departamento en el que vivo.
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Editado: 28.12.2024