Tú ,eres mi cliché favorito

CAPÍTULO 1 “DESAFIANDO A CUPIDO”

Siempre quise tener un cumpleaños inolvidable, uno de esos en los que puedes exagerar detalles y reírte al recordarlo. Ahora que lo pienso... sí me río, pero de la vergüenza porque lo único que viene a mi mente es cómo terminé sentada en una silla incómoda de una comisaría, con el maquillaje corrido, el cabello en un estado cuestionable y dos personas mirándome como si yo fuera, de alguna forma el origen de todo el desastre. Que, siendo honestos... probablemente lo era.

—De verdad, señor oficial, yo no hice nada —murmuré por tercera vez, pasando una mano por mi rostro con frustración—. Bueno... casi nada.

La oficial frente a mí ni siquiera levantó la vista de sus papeles, lo cual, sinceramente, me pareció una falta de respeto considerando que ni siquiera había escuchado la historia completa. Suspire, dejando caer la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos un segundo, como si eso fuera suficiente para rebobinar la noche y tomar mejores decisiones.

Hace unas horas estaba en la fiesta de Rose, celebrando sus 21 años en su ridículamente casa frente al lago.

Y ahora estaba aquí, en la comisaría a punto de cumplir 21 intentando justificar por qué había golpeado a un hombre con una sombrilla.

—Te dije que no tomaras tanto y no hicieras caso a las locas ideas de Rose —comentó Matt desde la banca de al lado, tomando la situacion como si fuera chiste.

—Te dije que no tomaras tanto — respondí remedandolo sin mirarlo.

—Técnicamente tu fuiste el que nos decia ¡Tomen tomen! ¡Hasta el fondo!

—Ya me callo.

No se calló, nunca se callaba.

Cerré los ojos otra vez, esta vez no para escapar sino para ordenar el desastre en mi cabeza, porque si algo tenía claro era que todo había empezado con una pésima idea... y con una estúpida lista.

La lista.

No puedo creer que todavía exista, fue lo primero que pensé cuando Rose la sacó del sótano. Era un cuaderno pequeño, viejo, de color rosado, con un cupido mal dibujado y demasiados corazones para tomárselo en serio. Dentro había anotaciones que claramente pertenecían a dos niñas ingenuas; la habíamos escrito cuando teníamos, ¿siete años?, cuando creíamos que el amor era algo simple, emocionante y perfecto, como en las películas o los libros de romance.

—Esto vale oro—dijo Rose, quitándomela de las manos para sacudir el polvo con una extraña seriedad—. Nuestra lista de fantasías amorosas.

—Nuestra lista de tonterias sera—corregí, aunque ya estaba sonriendo.

Había cosas como "beso bajo la lluvia", "confesión en un parque de atracciones", "escena de celos"... y otras que vistas ahora, daban más cringe que emoción. Pero entonces mis ojos se detuvieron en una en específico: "que alguien te robe un beso".

Levanté una ceja, mirándola de reojo.

—Esto suena ilegal.

—Sí, pero es romántico —respondió sin perder la sonrisa.

—Amiga mía, si alguien me roba un beso, le estampo la mano en la cara —dije, riéndome.

Debí haberme hecho caso.

Debí haber dejado la lista donde estaba, tomar agua y fingir que era una adulta responsable.

Pero no lo hice.

Porque esa misma noche la volví a buscar y estando borracha, sugeri empezar a cumplirlas antes de graduarnos de la universidad

—Está bien —dije finalmente, marcando la opción con seguridad—. Pero lo hago a mi manera.

El brillo en los ojos de Rose debió haberme alertado.

—Perfecto —respondió—. Entonces yo elijo al chico.

Ahí fue donde todo empezó a irse al carajo para sonar más educada.

—Ni se te ocurra, eso lo elijo yo —empecé, pero ya era tarde.

—Ethan.

Solté una risa incrédula, negando con la cabeza como si eso fuera suficiente para borrar la incomodidad que ese nombre traía consigo.

Ethan.

Mi ex.

Y, para empeorar las cosas... su hermano.

Tres años de historia comprimidos en un solo nombre.

—No —dije esta vez sin humor—. Esa no es una opción.

—¿Por qué no? —insistió ella—. Sería perfecto.

—Porque no quiero quedarme estancada —respondí, bajando un poco la voz—. Quiero pasar página.

Y entonces, como la persona brillante que claramente no era en ese momento, miré hacia otro lado... buscando una opción más fácil.

—Evans —dije.

Rose hizo una mueca inmediata, como si acabara de decir algo ofensivo.

—No.

—Sí.

—Es un mujeriego.

—Precisamente —respondí, sintiendo cómo una sonrisa se formaba en mis labios—. No hay nada que perder... y está guapo.

Eso fue lo que pensé.

Error.

Caminé hacia él sin pensarlo demasiado, con esa mezcla de falsa seguridad y adrenalina que solo aparece cuando ya tomaste una mala decisión y decides seguir adelante de todos modos.

Evans estaba apoyado contra una columna, con una copa en la mano y esa expresión relajada que parecía no abandonarlo nunca. Cuando me vio acercarme, alzó una ceja, claramente intrigado.

—Vaya, chérie —murmuró—. No esperaba que vinieras a verme.

No respondí de inmediato.

—¿Puedo besarte? —Dije fuerte y claro, sin dudas, directa al grano como dice el dicho y como si fuera lo más normal del mundo.

Evans me miró con atención, abriendo ligeramente la boca, como si intentara procesar si hablaba en serio o si era algún tipo de broma. No respondió de inmediato y esa pausa fue suficiente para que mi seguridad empezara a tambalearse.

Así que hice lo único lógico en ese momento.

Me di la vuelta.

Pero no llegué ni a dar dos pasos cuando su mano rodeó mi muñeca y me jaló suavemente hacia atrás, obligándome a mirarlo de nuevo.

—Espera —dijo, con una sonrisa apenas marcada—. La respuesta es sí.

Y en cuestión de segundos podía sentir su respiración cerca, rozando la mía. Cerré los ojos sin pensarlo demasiado, dejándome llevar por el momento. El beso fue suave al inicio, pero firme, como si él tuviera muy claro lo que hacía; sus labios se movieron con una calma que no encajaba con la imagen que yo tenía de él y su mano se deslizó hasta mi cintura, sosteniéndome con seguridad, como si quisiera asegurarse de que no iba a apartarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.