De repente mi teléfono empezó a vibrar en el bolsillo con insistencia, rompiendo por completo el momento y cuando vi el nombre en la pantalla, supe que la calma de ese momento se había terminado.
—Hola Rose
—¡¿DÓNDE MIERCOLES ESTÁS?! —gritó del otro lado.
Me aparté ligeramente el teléfono del oído, haciendo una mueca.
—Termino mi clase hace unos minutos, no grites —respondí con calma, caminando un poco hacia un lado—. ¿Qué pasa ahora?
—¡APÚRATE Y VEN AL CLUB DE BÁDMINTON! —continuó, claramente alterada—. ¡Matt está en un lío, en uno muy grande!
Fruncí el ceño al instante.
—¿Le pasó algo?
Hubo un pequeño silencio... y luego su tono cambió apenas, como si hubiera recordado algo importante.
—Espera —dijo—, ¿estás con el egocéntrico insoportable?
Giré la mirada automáticamente hacia Evans, que estaba apoyado contra la pared, observándome con curiosidad.
—Sí —respondí sin rodeos.
—Perfecto —cambió de tono de inmediato—. Vengan los dos ¡Right now!.
Me quedé mirando la pantalla confundida.
—¿Qué tiene la loca ahora? —preguntó Evans, levantando una ceja, separándose de la pared.
Guardé el teléfono con un suspiro.
—Al parecer Matt está en un lío... y necesitamos ir a rescatarlo.
Evans soltó una pequeña risa, negando con la cabeza.
—¿Matt en un lío? Que novedaad.
—Ni me lo recuerdes —murmuré, empezando a caminar—. Vamos antes de que el problema escale.
Entré de nuevo al salón a toda prisa, recogiendo mis cosas con movimientos rápidos mientras Evans tomaba el ramo de flores que había dejado sobre el escritorio y me seguía sin perder el ritmo.
—Te ayudo —dijo, extendiendo la mano hacia mi mochila.
Le lancé una mirada breve, confundida, pero al final me encogí de hombros y se la entregué sin pensar demasiado.
Apenas la sostuvo, su brazo bajó de golpe unos centímetros y su expresión cambió por completo.
—¿Qué demonios...? —soltó, mirándome entre sorprendido y ligeramente asustado—. ¿Qué rayos tienes aquí?
—Soy estudiante de lenguas extranjeras, babe —respondí con tranquilidad—. Obvio tengo varios libros y diccionarios... de al menos tres idiomas.
Evans me miró como si acabara de entregarle un saco de ladrillos.
—Esto pesa más que mis mancuernas de mano.
—Oh vamos ,no seas exagerado —repliqué, tomando el ramo de flores..
Salí del salón casi corriendo, obligándolo a seguirme con la mochila a cuestas, y en cuestión de minutos ya estábamos cruzando los pasillos rumbo al club de bádminton.
El ambiente ahí no era precisamente... tranquilo.
Apenas cruzamos la puerta, Rose apareció de la nada y prácticamente nos jaló hacia adentro sin darnos tiempo de reaccionar.
—¡Por fin! —susurró con urgencia, señalando hacia el centro.
Una chica, rodeada de porristas, estaba frente a Matt en medio del lugar, claramente en plena confesión amorosa, con toda la atención puesta en ellos.
Parpadeé.
—...No me digas que ese es el "gran problema".
Evans dejó la mochila en el suelo con evidente alivio, estirando los hombros como si acabara de salir de una rutina de gimnasio exhaustiva.
—Definitivamente voy a tener dolor de hombros, espalda... y cuello —se quejó, llevándose una mano a la nuca.
Rodé los ojos, soltando una pequeña risa.
—Dramático.
Pero Rose deslizó lentamente de arriba abajo por Evans, claramente irritada y luego volvió a mí, deteniéndose en el ramo de flores.
—¿Y tú por qué estás con el? —soltó sin filtro—. ¿Y esas flores?
Abrí la boca para responder, pero ni siquiera me dejó.
—No importa —cortó de inmediato, haciendo un gesto brusco con la mano—. Evans baja y ayuda.
Evans frunció el ceño.
—¿Perdón?
—Coquetea con la chica, distráela, lo que sea —continuó Rose con urgencia—. Ayuda a Matt a librarse de eso.
Evans se señaló a sí mismo, ofendido.
—¿Por qué yo?
—Porque claramente eres un mujeriego sabes hacerlo —replicó ella sin dudar.
—Ah, claro —respondió él con sarcasmo—. ¿Y por qué no bajas tú y finges ser su pareja?
—Porque no se lo creerían —soltó Rose—. Tú en cambio tienes una reputación cuestionable.
—¡Ya basta! —intervine, levantando ligeramente la voz al ver que ambos estaban prácticamente discutiendo en medio del caos—. Están gritando.
Los dos se callaron, aunque seguían mirándose con molestia.
—Matt sabrá rechazarla amablemente —añadí, cruzándome de brazos—. No es necesario intervenir... Rose, pensé que era un problema más grande.
Y como si el universo quisiera llevarme la contraria, después de que Matt rechazara a la chica ..ella empezó a llorar y no de forma discreta pues en cuestión de segundos comenzaron los murmullos de las personas.
—Qué cruel... —Pobre chica... —¿Cómo pudo rechazarla así?
Apreté la mandíbula, irritada dando un paso al frente, dispuesta a bajar, pero Evans me detuvo ligeramente con una mano.
—No.
—¿Qué?
—Ya tengo a la artillería pesada en camino —dijo con una sonrisa que me causaba sospecha.
—¿De qué hablas?
Las puertas del club se abrieron y alguien entró con total seguridad, caminando directo hacia Matt.
Philip.
Se acercó sin dudarlo, rodeó a Matt con un brazo de manera sutil dirigió su mirada hacia la chica que aún estaba llorando.
—Lo siento —dijo con calma, pero con suficiente firmeza como para que todos escucharan—, pero Matt no puede aceptar tus sentimientos.
La chica levantó la mirada, confundida.
—Porque ya tiene a alguien.
Hizo una pequeña pausa... y luego añadió señalándose apenas con una media sonrisa:
—Y ese soy yo.
........
Me quedé completamente boquiabierta Rose a mi lado estaba exactamente igual.
Evans, en cambio, sonrió como si acabara de ver otra locura de su amigo, levantando el pulgar en dirección a Philip.
La reacción de la chica fue inmediata quien se secó las lágrimas con rapidez.