—Por favor, detente ya. Ya entendí las indirectas, Evans —me quejé mientras me pasaba una mano por el rostro, completamente avergonzada.
Sin esperar respuesta, le arrebaté el parlante de las manos y caminé hasta donde estaba la verdadera dueña, una chica que llevaba varios minutos reclamándolo con una paciencia que para mi era admirable. Se lo devolví rápidamente mientras me disculpaba en nombre de cierto idiota que parecía creer que la vida era un musical.
—Gracias —dijo ella, lanzándole una mirada asesina a Evans antes de marcharse.
—La gente simplemente no aprecia mi arte —protestó él con una mano sobre el corazón.
—Eso no era arte.
Philip soltó una carcajada tan fuerte que incluso Matt terminó sonriendo y aprovechando que Evans estaba demasiado ocupado fingiendo indignación, Matt se acercó a mí, me tomó del brazo y prácticamente me arrastró hasta el otro extremo de la cancha.
—¿Qué haces? —pregunté divertida mientras intentaba seguirle el paso.
Matt miró discretamente por encima de mi hombro para asegurarse de que nadie pudiera escucharnos, especialmente cierta persona que le aceleraba el corazón
.—Necesito pedirte un favor, pregúntale a Evans si Philip está soltero.
—¿Perdón?
—Y también quiero que organices una salida, para ser más específico una cita, si quieres puedes venir con Evans así no será tan sospechoso.
—Matt.
Lo observé durante varios segundos sin saber si reírme o preocuparme.
—¿No quieres también que reserve la iglesia, organice la boda y les consiga una habitación de hotel para la luna de miel?
Para mi desgracia, lejos de avergonzarse, Matt pareció considerar seriamente la propuesta.
—Oh, me encantaría. Siempre piensas en todo.
Antes de que pudiera responder, me revolvió el cabello con total descaro.
Por primera vez dejó de bromear mientras miraba hacia donde estaba Philip. Fue apenas un instante, pero bastó para que yo también dejara de reír, había algo diferente en su expresión, algo que no veía desde hacía mucho tiempo. Matt siempre había sido bromista, pero esta vez parecía genuinamente ilusionado.
Estaba a punto de decirle algo cuando una voz apareció detrás de nosotros.
—Aww... qué adorables se ven estos hermanos.
Evans se había acercado sin que ninguno de los dos lo notara y nos observaba con una sonrisa divertida.
La frase me golpeó mucho más fuerte de lo que debería.
Sentí cómo mi cuerpo se tensaba automáticamente mientras una corriente helada me recorría la espalda. Para cualquiera habría sido una broma sin importancia, un comentario lanzado al aire pero para mí ya no era solo eso.
Por un instante me vi de nuevo en aquella oficina, rodeada de papeles, contratos y la posibilidad de que todo lo que había sospechado terminará siendo real.
¿Y si Matt realmente era mi hermano?
—Ahora que lo dices... sí tienen cierto parecido —comentó Rose, acercándose con curiosidad y observándonos alternativamente—. Nunca lo había pensado, pero da un poco de miedo.
Por suerte Matt fue el primero en quitarle importancia al asunto.
—Es porque somos mejores amigos desde hace años.
—Eso explica bastante, es como cuando dicen que las mascotas se parecen a sus dueños —añadió Philip encogiéndose de hombros.
Afortunadamente, el inicio del partido terminó desviando la atención general. El encuentro fue mucho más reñido de lo que esperaba, Matt no dejaba de distraerse cada vez que Philip lo animaba desde las gradas, él parecía olvidar momentáneamente que estaba participando en una competición.
—¡Buena jugada, Matt!, ¡Vamos, puedes hacerlo!, ¡Esa es la actitud!
Y Matt sonreía como un idiota durante varios segundos paraba sacudiendose la cabeza a cada rato para volver a concentrarse.
Llegó un punto en que Rose y yo dejamos de mirar el marcador. Era mucho más divertido observar las expresiones de Matt cada vez que Philip le prestaba atención.
—Dios mío —murmuró Rose a mi lado intentando no reírse—. Está perdidísimo.
—Ni siquiera intenta disimularlo.
—Ni un poco.
Aun así, para sorpresa de todos, terminó ganando el partido. Porque por más distraído que estuviera, Matt seguía siendo absurdamente competitivo cuando se proponía algo.
Cuando anunciaron el resultado levantó los brazos victorioso mientras los demás lo felicitaban, pero lo que más me hizo gracia fue que ni siquiera celebró de inmediato. Su primera reacción fue buscar a alguien entre la multitud.
Y ese era Philip.
Cuando finalmente lo encontró y recibió una sonrisa orgullosa de su parte, su expresión se iluminó de una forma tan evidente que Rose y yo tuvimos que girarnos para ocultar la risa.
—Felicidades, Matt —dije acercándome a él entregandole una botella energizante junto con su toalla mientras él todavía intentaba recuperar el aliento. Tenía el cabello pegado a la frente por el sudor, las mejillas ligeramente rojas y una sonrisa tan enorme que era imposible no alegrarse por él.
—Gracias —respondió entre risas—. Admito que estuvo más complicado de lo que esperaba.
No llegué a contestar porque Philip apareció por detrás y prácticamente lo atrapó en un abrazo amistoso que casi lo hizo perder el equilibrio.
—Bien ahí, bro —dijo dándole una palmada en la espalda—. Ahora te toca devolverme el favor.
Matt arqueó una ceja mientras destapaba la bebida.
—¿Ah, sí?
—Por supuesto, el próximo viernes tenemos partido de hockey con los chicos y espero verlos a todos en las gradas apoyando como corresponde. Nada de excusas.
—Y los quiero escuchar gritar "¡Vamos, Blackhawks!" super fuerte.
Rose frunció el ceño inmediatamente.
—¿Blackhawks? ¿Halcones Negros? No sé... —comentó pensativa—. ¿No sería mejor algo como Osos Polares o Sharks?
Philip la miró como si acabara de insultar su increíble nombre de equipo.
—Nah el nombre está perfecto, todo el mundo usa tiburones y eso ya es moda pasada.