No mires atrás, Nhallya.
No lo mires.
Seguí caminando por el muelle mientras repetía esas palabras una y otra vez en mi cabeza, como si fueran una especie de mantra capaz de mantenerme firme. El sonido de mis pasos se mezclaba con el del agua golpeando suavemente contra la madera y, por un instante, pensé que tal vez podría lograrlo.
Pero no pude, giré apenas la cabeza y lo vi.
Seguía ahí, parado en la entrada del yate, con la cabeza agachada y sosteniendo algo entre las manos. No pude distinguir qué era, tal vez algo que ya no importaba.
Y entonces apareció la pregunta que llevaba evitando desde que bajé de ese maldito yate.
¿Estoy haciendo lo correcto?
La respuesta tardó apenas un segundo en llegar.
Sí, no era malo tener dignidad.
No era malo estar cansada de que la gente decidiera por mí, mintiera por mí o utilizara mis sentimientos para sus propios objetivos. No era malo alejarme de alguien que me había hecho daño, incluso si ese alguien también había sido una de las pocas personas que me había hecho sentir querida.
Aunque me doliera debía hacerlo por mi,abracé con más fuerza la carpeta que contenía los resultados y respiré hondo.
Por fin, después de tantos meses conocía la verdad.
Matt era mi hermano y la señora Nicole era mi verdadera madre, pero lo más ridículo e irónico era que mi verdadera familia estaba más cerca de que imaginaba, había hablado con ellos, reído con ellos, compartido momentos importantes y jamás sospeché nada.
Solté una pequeña carcajada entre lágrimas.
¿Y ahora qué?
¿Cómo se suponía que iba a decirle a Matt? ¿Cómo se suponía que iba a mirar a Nicole y llamarla... mamá?
La palabra se sintió extraña incluso dentro de mi propia cabeza.
Mamá.
Sarah siempre había dicho que esa palabra era demasiado informal, que una hija educada debía dirigirse a sus padres con respeto y que, en cualquier caso, repetir constantemente "mamá" o "papá" era una muestra de poca educación. A veces incluso prefería que no dijera nada.
Suspiré pesadamente.
Levanté la vista hacia el cielo mientras seguía caminando.
Dios, me canse de ser tu mejor guerrera, en serio, creo que merezco aunque sea un pequeño descanso.
Fue entonces cuando distinguí una figura a la distancia. Entrecerré los ojos porque todavía los tenía hinchados por llorar y, durante un segundo, deseé haber visto mal.
No.
No, por favor, tenía que ser Ethan.
Miré desesperadamente a mi alrededor buscando algún lugar donde esconderme,pero por supuesto, el universo tenía otros planes.
—¿Nhallya?
Escuchar mi nombre en su voz terminó de confirmar que, efectivamente, Dios había decidido abandonarme.
Me giré lentamente e intenté sonreír.
—¡Ethan! Qué... sorpresa.
Su expresión cambió casi al instante, primero miró la carpeta que sostenía contra mi pecho y luego me observó directamente a la cara. Su ceño se frunció apenas.
—¿Qué es eso?
Levanté la carpeta automáticamente.
—¿Esto? Ah, nada importante, solo... unos exámenes.
—¿Y por qué parece que estuviste llorando?
—¿Llorando? No, no, bueno, sí, pero es que estoy sentimental.
—¿Sentimental?
Asentí demasiado rápido.
—Sí, ya sabes ...cosas de chicas.
—¿Ah? Está bien... ¿necesitas algo? ¿Te duele algo? Hay una farmacia cerca, por si quieres que te compre medicina.
La preocupación en su voz era tan genuina que por un instante sentí ganas de decirle la verdad. Pero no podía hacer eso.
—Qué lindo, Ethan, pero estoy bien. ¿Qué haces por aquí? —pregunté, forzando una pequeña sonrisa mientras caminaba a su lado y aprovechaba el movimiento para guardar discretamente los resultados dentro de mi bolso.
Ethan me observó durante unos segundos antes de responder. Era una de las cosas que siempre me habían puesto nerviosa de él: no necesitaba hacer muchas preguntas para darse cuenta de cuándo algo no estaba bien.
—Si te soy honesto, Rose me dijo que vendrías con Evans a estas horas y... quería verte.
Desvió la mirada hacia el mar por un instante y luego volvió a observarme.
—Aunque parece que llegué en un mal momento.
—No fue un mal momento.
Ethan soltó una risa breve, cansada, y negó con la cabeza.
—Nhallya, sabes que te conozco demasiado bien para creer eso, además, no eres buena mintiendo.
Una pequeña risa escapó de mis labios. Era absurda la facilidad con la que él lograba hacerme bajar la guardia.
—Y tampoco es muy difícil deducir que Evans tuvo algo que ver con esas lágrimas —continuó con voz más suave—. Últimamente has estado triste por su culpa.
—No hemos hablado tanto desde que comenzaron las clases otra vez, pero te he observado, Nhallya. Tu sonrisa sigue ahí, pero no es la misma. Y tu brillo... —hizo una pequeña pausa, buscando las palabras adecuadas—. Tu brillo desapareció un poco.
Sentí un nudo formarse en mi garganta.
Durante años había pensado que Ethan no notaba esas cosas. Que era demasiado serio, demasiado racional, o distante para darse cuenta de esas cosas.
Y, sin embargo, ahí estaba, describiendo exactamente cómo me sentía.
—Además —añadió, golpeándome suavemente la punta de la nariz con un dedo—, vuelvo a repetir que eres una pésima mentirosa, o al menos yo sí sé cuándo mientes.
Lo miré sorprendida y no pude evitar sonreír.
—¿Pero qué veo aquí? ¿Un Ethan juguetón? ¿Estoy en un universo paralelo?
Él arqueó una ceja y, para mi sorpresa, soltó una pequeña risa.
—Qué exagerada.
Una parte de mí sintió algo extraño al escucharlo. No recordaba la última vez que había oído a Ethan reír de esa manera.
—Supongo que también quería cambiar un poco —admitió finalmente, metiendo las manos en los bolsillos—. No eres la única que está intentando hacer las cosas de otra forma.
—Matt me dijo que soy demasiado serio —continuó, mirando hacia el frente—. Aunque, siendo justos, tampoco es mi culpa. Mi cara no transmite muy bien mis emociones.