—¿Esto... es normal entre ustedes? —preguntó Dylan todavía algo confundido mientras alternaba la mirada entre Ethan y yo—. Nunca había visto a dos ex llevarse tan bien.
Matt soltó una pequeña risa antes de responder mientras lo invitaba a sentarse sobre la enorme alfombra peluda del salón, después comenzó a repartir los paquetes de papas, chocolates y galletas en varios platos, mientras Ethan dejaba las bebidas sobre la mesa baja.
—Es que ellos fueron amigos desde niños, antes de ser pareja ya se conocían desde hace años, así que, aunque las cosas no funcionaran, nunca dejaron de preocuparse el uno por el otro. Es... complicado de explicar.
—Básicamente crecimos juntos —añadió Ethan encogiéndose de hombros.
—Exacto —asentí con una pequeña sonrisa—. Sería raro tratarnos como completos desconocidos después de tanto tiempo.
Dylan terminó asintiendo despacio, aunque seguía teniendo esa expresión de no entender nada y cuando todos estuvimos cómodamente sentados, Ethan tomó el control remoto y miró la enorme pantalla frente a nosotros.
—Bueno... ¿Qué película quieren ver?
Rose ni siquiera dejó que terminara la pregunta, se echó a reír, cruzó los brazos y negó con la cabeza como si su hermano acabara de decir la idea más aburrida del planeta.
—Hermano, ya no somos niños.
Luego giró hacia nosotros con esa sonrisa que siempre significaba problemas.
—Matt, trae las botellas, Nhallya, busca otra botella vacía porque vamos a jugar botella borracha o para que lo entiendan verdad o reto.
Los tres nos quedamos completamente inmóviles.
Y cuando digo los tres, me refiero a Dylan, Ethan y a mí, porque Matt, en lugar de sorprenderse, prácticamente dio un pequeño salto de emoción mientras seguía a Rose.
—¡Sí! Hace muchísimo que no jugamos.
Observé a los dos intercambiar una mirada de absoluta complicidad y no pude evitar negar con la cabeza.
—Pues no creo que esté mal divertirnos un rato, pero no necesitamos alcohol, Rose. Podemos jugar perfectamente sin eso y seguir pasándola bien.
Ella hizo un dramático puchero durante unos segundos antes de levantar un dedo, como si acabara de encontrar una solución que la dejaba completamente satisfecha.
—Buff... está bien, acepto, nada de alcohol... pero solo porque quiero usarlo para los castigos.
Se quedó unos segundos en silencio antes de soltar una risa exageradamente malvada.
—Muajajajaja.
Y así fue como empezó nuestro juego, las primeras rondas fueron bastante tranquilas porque nadie quería arruinar el ambiente tan rápido, así que las preguntas eran sencillas: quién había sido nuestro primer amor, cuál había sido el peor ridículo que habíamos hecho en la escuela, nuestro beso más vergonzoso o el peor apodo que alguna vez nos pusieron. Los retos tampoco se quedaban atrás y pasaban desde cantar una canción, ejercicios y hasta probar mezclas de comida extrañas que seguramente harían vomitar a cualquiera.
Porque, seamos sinceros... ¿Quién en su sano juicio mezclaría mostaza, vinagre, paprika y encima canela dulce solo porque una botella lo señaló? Pues, al parecer, Matt sí lo haría. Lo peor de todo fue que intentó convencernos de que "no estaba tan malo" mientras hacía un esfuerzo casi sobrehumano por no poner cara de asco, provocando que todos termináramos riéndonos todavía más fuerte al verlo sufrir en silencio y Ethan, que normalmente era mucho más reservado, incluso se permitía bromear de vez en cuando.
Fuera de eso fue una noche memorable, pero nunca imaginé que sería la calma antes de la tormenta.
Ya habían pasado varios días y, aunque en más de una ocasión pensé en buscar a Evans para aclarar las cosas con más calma, la realidad era que ninguno de los dos parecía dispuesto a dar el primer paso. El Midnight Tale estaba cada vez más cerca y el comité estudiantil nos tenía prácticamente viviendo dentro de la universidad entre reuniones, decoración, permisos, ensayos y un sinfín de problemas que aparecían a última hora. Para cuando terminaban las actividades, ya no me quedaban fuerzas para enfrentar otra conversación complicada, además, había sido yo quien le pidió que se alejara hasta que estuviera lista para volver a hablar con él, así que, aunque doliera, estaba cumpliendo exactamente lo que le había pedido.
Sin embargo, jamás imaginé que lo volvería a ver de esa manera.
Había salido del aula del comité con una carpeta llena de listas para revisar cuando, al pasar por el edificio de Artes Escénicas, escuché unas risas provenientes del pasillo lateral. No le habría prestado atención de no ser porque reconocí inmediatamente una de aquellas voces, giré apenas la cabeza por simple curiosidad... y el mundo pareció detenerse durante unos segundos.
Era Evans.
Y estaba besando a una chica.
No fue un beso robado, ni un accidente, ni algo que pudiera malinterpretarse a simple vista. Él sostenía suavemente el rostro de aquella chica mientras ella correspondía al beso con total naturalidad.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
No esperé explicaciones y tampoco quería escucharlas.