Debo admitir que esperaba poder hablar con él, escuchar una explicación que me ayudara a entender cómo, en menos de una semana, había pasado de decirme que estaba enamorado de mí a besar a otra chica con la misma delicadeza con la que antes me besaba a mí. Por más que intentara convencerme de que ya no me importaba, esa imagen seguía apareciendo una y otra vez en mi cabeza.
—Quisiera pedirte perdón por la forma en que terminaron sucediendo las cosas, sé que quizá dijiste muchas cosas desde la decepción y probablemente ahora te arrepientas de algunas también se que lo que hice estuvo mal y no pienso justificarme. Solo quiero que sepas que, si necesitas apoyo con todo lo de tu madre, cuentas con mi apoyo…
No terminó de hablar porque su celular comenzó a sonar.
Evans lo miró de reojo y dejó que dejara de sonar, pero apenas pasaron unos segundos volvió a vibrar.
—Deberías contestar, quizá sea importante Evans —le dije con una sonrisa pequeña, intentando sonar indiferente.
Él dudó unos segundos antes de suspirar resignado y responder.
—Sí... estaré ahí, no te preocupes... claro que llegaré temprano... ajá... hasta luego, chérie.
Cuando colgó, el silencio volvió a instalarse entre los dos.
—¿Era tu madre? —pregunté sin pensarlo demasiado.
Él negó lentamente con la cabeza.
—Era mi... mi enamorada.
Sentí como si algo me hubiera golpeado directamente en el pecho.
Durante unos segundos solo pude quedarme mirándolo, intentando convencerme de que había escuchado mal. No... no podía ser ¿Tan rápido? ¿Tan fácil había sido reemplazarme?
Respiré hondo una, dos veces, intentando que mi voz no temblara, pero la rabia terminó ganándole a la razón.
—Ah... ya veo, qué rapidez para pasar de página, supongo que sí le haces honor a esa reputación de mujeriego que tanto intentabas negar. Hasta reciclas los apodos cariñosos... porque, si no recuerdo mal, también me llamabas "chérie" a mí ..así que ,qué original resultaste ser.
Evans abrió los ojos, completamente desconcertado.
—¿Qué...? Nhallya, ¿de qué estás hablando?
—No te hagas el que no entiende.
—Tú me rechazaste, es más, ni siquiera llegaste a responderme. Me pediste que me alejara, no tienes derecho a reclamarme de nada.
Su respuesta terminó de romper el poco autocontrol que me quedaba.
—¿Que no tengo derecho a reclamarte nada? —solté una risa amarga, negando con la cabeza—. Evans, me utilizaste. Me mentiste durante meses. Grabaste audios hablando de mí como si fuera un experimento, escribiste una historia usando mis desgracias y todavía esperabas que aceptara tu confesión ese mismo día... ¿De verdad crees que estaba en condiciones de responderte?
Mi respiración comenzó a acelerarse.
—¿Crees que ayudarme con las pruebas de ADN borra todo lo que descubrí sobre ti? ¿Que una buena acción hace desaparecer todo el daño que me hiciste?
Noté que las lágrimas comenzaban a nublarme la vista y apreté los puños con fuerza.
Maldita sea…¿Porqué será que lloro cada vez que me frustro?
—Evans, esta será la última vez que me veas llorar por ti. —Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano, obligándome a sostenerle la mirada aunque por dentro sentía que el pecho me ardía—. Y no te preocupes, ya no quiero tu ayuda, no vaya a ser que un día descubra que me sigas usando para algún otro plan. De todos modos para eso tengo a Ethan ahora, él me va a estar ayudando.
—¿Ethan? —soltó una risa seca, completamente distinta a la que yo conocía—. ¿Crees que no los vi ese día en el muelle? Corriendo directo a sus brazos, la que supera rápido eres tú, Nhallya. Incluso cuando se suponía que estábamos intentando algo, siempre terminabas con él. ¿No que ya lo habías superado? Al final siempre regresas a Ethan.
Sentí un nudo en la garganta, pero esta vez no pensaba quedarme callada.
—Al menos él nunca me hizo llorar en todo el tiempo que lo conozco. Nunca me utilizó, ni me manipuló y jamás me hizo sentir como una tonta... no como la persona que tengo enfrente. —Di un paso hacia él sin apartar la mirada, aunque las lágrimas seguían escapándose sin mi permiso.
Su expresión cambió apenas un segundo antes de endurecerse otra vez.
—Son iguales, por eso siempre terminan entendiéndose. Tú y Ethan viven encerrados en su misma burbuja, por más que intentes convencerte de lo contrario, siempre serás esa chica que nunca sale de su zona de confort, la princesita perfecta que todos quieren que seas. Y por cierto, mis apodos nunca fueron exclusivos para ti... así que no te sientas tan especial.
Fue como si cada palabra encontrara exactamente dónde hacerme daño.
Él sabía perfectamente cuánto me aterraba sentir que era reemplazable, sabía lo mucho que me dolía ser siempre la segunda opción, y aun así eligió decirlo.
Respiré hondo varias veces antes de volver a hablar.
—No voy a seguir discutiendo contigo... púdrete, imbécil.
Me di la vuelta con la intención de marcharme, pero apenas di dos pasos me detuve, no quería irme dejando solo rabia.