Tú, mi salvación

Capítulo 33

Al llegar al aeropuerto, me alegro al ver a Alex allí. Corro a su encuentro y nos envolvemos en un abrazo. Recordar su olor y tenerlo tan cerca me acelera el corazón y me hace notar que sigo amándolo con la misma intensidad de siempre.

—Hoy ha sido la tarde más larga de mi vida —comenta él—. Parecía que los minutos y las horas no avanzaban, todo se volvió lento —concluye.

—¿Cierto? —pregunto y sonrío al escuchar esa declaración.

—Sí, la emoción no cabía en mi pecho cuando me contaste que ibas a venir.

Entre tanta conversación, no me he dado cuenta de que llegamos tomados de la mano hasta su casa. Hago como si no escucho su anterior comentario, pero lo cierto es que el corazón quiere salirse por mi boca. Entramos, pero nadie nos recibe.

—¿Y tu amigo? —pregunto al darme cuenta que están las luces apagadas. Alex deja mi pequeña maleta junto a la puerta.

—Está de vacaciones, se fue a visitar a su familia.

—¿Y Gloria?

—¿La recuerdas? —sonríe—. Se la llevó, al parecer no confía en mis cuidados.

—Pues por algo será —reímos.

Preparamos juntos algo para comer y luego nos vamos a su habitación, donde por algún motivo terminamos bailando. Es doloroso sentir su respiración tan cerca de mí sin siquiera poder besarlo. Como si adivinara mis pensamientos, Alex empieza a pasar su nariz por mi mejilla y mi respiración se acelera. La proximidad de su cuerpo y su aliento no ayuda en nada a reducir el cosquilleo que aparece en mi estómago.

Su boca empieza a recorrer mi rostro hasta situarse cerca de mis labios, percibo su intención de besarme y bajo mi rostro. Enseguida, toma mi barbilla y levanta mi cara para darme un casto beso. Me toma de la mano y me sienta en la cama.

—Te he extrañado tanto, Caro —susurra acercándose a mis labios. Ajusta su agarre en mi cintura para atraerme más a él.

Cierro mis párpados con fuerza para no sucumbir a su encanto. También lo deseo, me muero por besarlo pero no puedo olvidar lo que ocasionó nuestra separación. Intento salirme de su agarre, pero no me deja; giro mi rostro para que evitar sentir sus labios por más tiempo.

—Creo que fue un error haber venido —digo apenas.

—No digas eso, ¿hasta cuándo vas a huir? Arreglemos y definamos nuestra relación por favor.

Me levanto y le doy la espalda. Al acercarme a la ventana, puedo lograr sentir el aire del exterior que me relaja un poco. Sus manos envuelven mi cintura y empieza a darme suaves besos en mi hombro, intento no tambalear ante su caricia; creo que no lo rechazaré por mucho tiempo.

—Alex… —susurro. No dice nada pero sigue besándome

––Ese día me dijiste tantas cosas que aún no logro descifrar. ¿Por qué terminaste conmigo por algo así?

—¿Algo así? —Giro mi cuerpo para encararlo— ¿Te parece insignificante lo que hiciste? —reprocho. Alex mira a los lados y vuelve a fijarse en mi rostro.

—Para ser sinceros, sí. Fue algo insignificante. Sigo creyendo que merecía una oportunidad.

—¿Oportunidad? —Me enoja verlo hablar de su infidelidad como si fuera algo insignificante—. ¿Me habrías dado una oportunidad si me hubiera acostado con otro hombre?

—Eso es diferente Caro. Yo…

—¿Por qué es diferente? ¿Porque soy mujer y tu un hombre con necesidades?

Me enoja cuando creen que por ser hombres les he permitido ser infiel.

—Eso no viene al caso, Carolina.

—Claro que viene al caso. Haces el amor con Bianca y me vienes a decir ahora que es insignificante y que te mereces una oportunidad ¡Qué descarado!

—¡¿Qué yo qué?! —grita consternado— ¿Acaso escuché mal? Repite lo que dijiste, Carolina —exige.

Me toma, sosteniéndome del codo para traerme frente a él. Noto su expresión de desconcierto, pero aun así no voy a volver a repetirlo porque me ha costado tanto decírselo.

—Escúchame bien lo que te voy a decir —reprocha Alex mientras respira con dificultad—. Nunca me he acostado con Bianca, ni siquiera aquí con nadie he podido hacerlo. Siempre te he sido fiel.

Retrocedo un instante mientras niego con la cabeza. No puede ser cierto lo que escucho ¡Oh, por Dios! Doy la vuelta para tratar de tranquilizarme y no verlo, pero una sensación amarga se posa en mi corazón. ¿Acaso todo ha sido un malentendido?




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