Tu mirada dice más que mil palabras.

Capítulo 1: Agente A.A.

Aurora

Durante 13 años, mi madre fue la única persona en mi vida. No literalmente, claro. Sentimentalmente.

Desde un pequeño pájaro, hasta un erorme oso. Todos tenemos a esa mujer que da la vida por nosotros, aún sin recibir nada a cambio. Es el espíritu de una madre. Que a pesar de ni si quiera haber estado en sus planes de vida, ella decidió traerte al mundo, como me sucedió a mí.

Mi padre, en cambio, decidió no hacerse cargo de mí. Hasta el día de hoy no lo he visto. Mi madre solía decir que era un cobarde sin aspiraciones en la vida. A diferencia de ella, que sí tenía planeado ir a la universidad terminando la secundaria.

Luego de que mi madré dió a luz, no tuvo más remedio que dejar la escuela secundaria y comenzar a trabajar para sustentarnos. Primero como camarera en un restaurante chino, donde conoció al señor Lee, quien meses después la recomendó para que trabajará en un Hotel como recepcionista. En ese lugar, desgraciadamente fue violada por uno de los trabajadores de limpieza: El señor Watson.

Mi madre quedó embarazada por segunda vez, así que ahora necesitaba dos trabajos para poder criar al bebé que estaba en camino y a mí. Jamás volvimos a saber del señor Watson. Algunos conocidos comentaban que huyó del país para no ser encarcelado. Y otros rumoreaban que se suicidó por la culpa que lo atormentaba.

El bebé no llegó a nacer debido al estrés de mi madre con dos trabajos. Recuerdo que duró 3 semanas llorando todas las noches, ya que no quería que la escuchara. Pero durante esas semanas no logré conciliar el sueño ni una sola vez.

El invierno del 2021 llegó, y yo estaba acostumbrada a comprar el pan para el día siguiente regresando de la escuela. Estudiaba en el turno tarde, así que llegaba en la noche a mi casa.

Recuerdo ese día como si fuera ayer. Regresaba ya a mi casa luego de comprar el pan, faltaban tan solo 4 cuadras para llegar a ella. Ese día llovía demasiado, y es por eso que decidí tomar un atajo por un callejón oscuro.

Saliendo del callejón, dos sujetos me interceptaron. Caminaban lentamente hacia mí. Pude ver en sus ojos la maldad pura, el deseo, la ansiedad y la perversidad. En ese momento no pude moverme. El miedo se apoderó de mí y no pude actuar al instante.

El primer sujeto me agarró del cuello con su brazos y el segundo intentó jalarme los pantalones del uniforme de la escuela. La escena era desgarradora. En lo único en lo que pensé fue en mi madre, en esa mujer tan admirable que día a día lucha por mí. Puede que yo tal vez jamás se lo haya dicho, pero en ese momento tenía tantas ganas de decírselo: “Te quiero, mamá”.

Antes que me rindiera, y dejara que esos sujetos hagan atrocidades conmigo, una fuerza inesplicable se desprendió de mi cuerpo. Rabia, dolor, desespero. No pude pensar en ese momento, creo que estaba cansada de pensar antes que actuar, y solo lo hize.

Con un golpe fuerte golpeé la entrepierna del sujeto que intentaba sacarme los pantalones. Mordí el brazo del que intentaba desmayarme por el cuello. Luego de zafarme de él, lo empujé hacia su compañero al suelo pateándole el trasero. Cogí el pedazo más grande del vidrio roto de la botella de cerveza de uno de ellos para al instante apuñalarlos a cada uno en la entrepierna y finalmente en el corazón, acabando con sus vidas.

Dejé caer el pedazo de vidrio al suelo para luego caer rendida del cansancio. No pasó mucho tiempo cuando un hombre vestido con un saco grande y un paraguas se acercó a mí. No me asusté, para nada. Ví en sus ojos el cariño, la comprensión, la empatía. Sus intenciones no eran malas, en absoluto.

—Cariño, ¿estás bien? ¿Te hicieron daño esos hombres?

No dije nada. A pesar de que él me inspiraba confianza, no estaba acostumbrada a hablar con desconocidos. Ni mucho menos tenía amigos en la escuela.

El hombre elegante comenzó a entender toda la situación: el pedazo de vidrio con sangre cerca de mí, los sujetos muertos en el suelo, mi cabello corto alborotado. Todo era demasiado evidente.

—¿Tú... los mataste? ¿A los dos?— Me miró sorprendido.

Me planteé en la cabeza si sería sensato responder a su pregunta. Aunque había la posibilidad de que este hombre malinterpretara todo y me hechara la culpa de los hechos cuando la verdadera víctima en ese momento era yo, decidí responder.

—Sí.— Contesté nerviosa.

Lo miré directamente a los ojos y pude ver que reflejaban incredulidad.

—¿Me llevarás a la correccional?— Rompí el silencio que ya estaba siendo demasiado largo.

—Esos hombres merecían morir.— Respodió él para mi sorpresa.

Al instante pateo al sujeto que estaba más cerca a él.

—Necesito que me acompañes a un lugar, pequeña grande.

En ese momento no entendía su pregunta. ¿A dónde me llevaría? Cualquier persona hubiera pensado que el hombre haría lo mismo que los dos sujetos. Pero sus ojos lo delataban. Delataban entusiasmo, como cuando descubres algo que nadie te va a creer.

—¿Pequeña grande?— Fruncí el ceño.

—Sí, eres pequeña por fuera, pero muy grande por dentro, pequeña grande.— Sonrió él.

Era una buena persona, sin duda. Quedaban pocas de ellas en el mundo.

—Mi madre.— Seguro estaba preocupada por mí en ese mismo instante.

—No nos demoraremos mucho, lo prometo.— Contestó él insitente por algo que yo desconocía.

—Rápido.— Dije yo ante su promesa.

Él me dedicó una sonrisa amplía y me tomó de la mano.

—Haré desaparecer a estos hombres de inmediato, pequeña grande.— Habló el mirandome a los ojos.

—Por favor.— Supliqué.

Tomados de la mano él me llevó a una cuadra de ese callejón. Allí se encontraba estacionado un auto negro con lunas polarizadas. El hombre abrió la puerta del asiento traseto y me señaló que entrara. Él por su parte subió al asiento del conductor y comenzó a manejar.

Yo solo podía procesar todo lo que me acababa de suceder: Dos sujetos intentaron atacarme y ahora mismo estoy sentada en el asiento trasero del auto de un hombre al que acabo de conocer. Aunque creía fielmente que él si era de fiar, no como los otros sujetos.



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En el texto hay: escuela, romance accion, agentesecretos

Editado: 12.02.2026

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