Tu Recuerdo

8

Sin darnos cuenta, 
regresamos a nuestra rutina anterior, 
esa vez el pretexto era, 
que juntos estudiábamos mejor.

¿Es en serio?

Pero ¡qué ingenuos! 
Por no señalar que
¡qué pendejos!

La diferencia era, 
que no sólo ibas a tu casa, 
sino que yo también a la tuya, 
y los planes que hacíamos para vernos 
eran sólo tontos pretextos.

"Acompáñame a comprar tal regalo", 
"esta película me recomendaron", 
"¿ya viste el nuevo ánime?", 
¿y si salimos al antro?". 
Las excusas no faltaron, 
ni tu risa ni la mía.

Hasta que desafortunadamente llegó 
aquél fatídico día.

"Indira estará en la ciudad", 
me comentaste en un susurro, 
como si esperaras mi reacción. 
Yo no entendí en ese momento
el motivo de tu sigilo, 
y qué tonta al dejarme 
llevar por mi orgullo oprimido. 
Te contesté que no hay problema 
y me mostré indiferente 
como respuesta.

Te enojaste, 
lo noté. 
Y no dije ya más nada
porque en el fondo sabía
que tú y yo
no éramos nada.

¿Cómo podría reclamarte, 
cuando éramos sólo amigos? 
Eras tan libre, 
como yo, 
de poder tomar una decisión.

No te vi una semana, 
con Indira te paseabas, 
me dijiste que solo en esos días 
ella estaría en la ciudad 
y que te había pedido su apoyo 
para poder finalizar 
su académico embrollo.

No te devolví el mensaje, 
estaba más que clara tu decisión. 
Y yo, 
con el corazón oprimido, 
decidí llevarte al olvido.

Para mí era más que obvio, 
que si en ese momento no éramos novios, 
era porque tu te sentías confundido, 
y yo la que esperaba 
con ansias me hubieras elegido.

Tu ex por fin se fue, 
pero poco nos volvimos a ver. 
Ya no te mandaba mensajes 
ni buscaba un pretexto para encontrarte. 
Si querías estar conmigo, 
era el momento 
de que lo demostrases.

Pero no fue así.

Nos dejamos de ver, 
no volvimos a salir, 
yo no regresé a tu casa 
y tampoco retornaste a la mía. 
Las palabras y nuestros sentimientos 
se quedaron al aire, 
pues de afrontarlo 
no fuimos capaces.

Hasta que la nostalgia me invadió, 
en vísperas de tu graduación.
Quizá ya no te volvería a ver, 
ya no había nada qué perder.

Te busqué en las canchas, 
donde sabía que jugando futbol te encontrabas. 
Me senté en una de las gradas 
para admirarte 
como en muchos días anteriores. 
Tu alzaste la mirada 
y te asombraste al verme, 
yo te sonreí 
y levanté mi mano al verte.

A los pocos segundos trotaste hasta mí, 
y como siempre, juguetón, 
tú sudor como perro me embarraste. 
Chillé y te reclamé. 
Te reíste y me abrazaste. 
"Ya Camille, deja de quejarte".

Al principio intenté soltarme, 
pero no podía negar 
lo feliz que estaba de entre tus brazos 
nuevamente encontrarme.

Y es que, 
no importaba el tiempo 
que nos habíamos alejado. 
Tenerte de nuevo cerca  
era como si nada hubiera pasado.

Tu mirada en mí
era lo que realmente me hacía feliz.

 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.